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¡Yo Soy el Buen Pastor!

PorENMARCHA.MX

Abr 30, 2021

DOMINGO IV DE PASCUA.
Jn 10, 11-18.

Celebramos hoy  la fiesta de la Eucaristía junto a Jesús resucitado que nos promete su vida gloriosa.  El domingo cuarto del tiempo pascual está dedicado al Buen Pastor,  una de las figuras más representativas  de la bondad de Jesús nuestro hermano.

El Evangelio nos ha presentado el discurso del buen pastor;  uno de los pasajes más descriptivos de la misión de Dios en el mundo hasta nuestros días, que nos habla de su persona, reflejada en  toda su bondad a los demás, y  nos dice también de la fidelidad y cuidado que Jesús guarda hacia esta obra,  reunirnos en un solo rebaño; con su vida, el buen pastor nos señala dos actitudes que debemos adoptar; una,   la  bondad de este pastor, que  nos debe mover a practicarla con aquellos pequeños que están bajo nuestro cuidado, los hijos, nietos,  compañeros de trabajo, con las personas con quienes convivimos; otra, su obediencia, a incorporarla a nuestra vida para distinguirnos como hijos de Dios.

La bondad del pastor. Nuestro Dios es tan bueno, que no se marcha de nuestro lado, se ha quedado para siempre entre nosotros, convertido en Pan, que nos nutre, que nos aconseja, que nos fortalece. Todo bautizado es único e irremplazable para Dios, por lo tanto,  se da cuenta de  la ausencia de alguna oveja del su rebaño,  y se da la tarea de buscarla; advierte si alguna de ella está enferma, y se dispone a curarla; sabe si alguna de ella se encuentra o encamina a algún peligro, y la protege. Así es Dios; si nos alejamos, nos llama de nuevo, nos busca y nos da muestras de su amor, permitiéndonos volver a nuestra casa, su Iglesia, el sitio más seguro y propio de las ovejas.

Dios es tan bondadoso que  respeta nuestra forma de ser;  contemplando la persona de Jesús, vemos  que Él siempre respetó el carácter y la personalidad de cada uno de los apóstoles.  A  Pedro, tan impulsivo en su hablar, y tan lento para cumplir sus palabras;  a Juan y Santiago, tan iracundos; a Mateo tan engreído por ser rico y educado. A  ninguno de los apóstoles Jesús les mantenía sometidos por el miedo o el engaño;  a cada uno lo dejó obrar según su carácter, su conciencia, y sus ideas;  al propio Judas Iscariote le dejó ser él mismo; no le impidió marcharse; así ha sido siempre. Dios respeta las decisiones de sus hijos, porque nos ama. Jesús, el Buen Pastor, cuida y conduce a aquellas ovejas que se lo permiten siendo dóciles a su voluntad; uno de los doce apóstoles no quiso obedecer, se negó a permanecer y se marchó haciendo una traición; y de algo podemos estar seguros, su partida no le hizo sentirse más feliz. El pastor sufre por la oveja que busca perderse. Y a aquella que se muestra cercana y necesitada de Él, la acompaña y conduce

Es muy fácil para todos nosotros, afirmar que Dios es bueno, que es poderoso y justo; lo hemos escuchado desde nuestros años del catecismo, incluso la persona menos devota no se atrevería a negar la bondad de Jesús, lo difícil es reconocerlo, aceptar cuánto nos ama. Toda nuestra vida hemos luchado contra los mismos pecados, la mentira, el orgullo, la falta de caridad; toda nuestra vida hemos sido atacados por las mismas tentaciones, la codicia, la sensualidad; los mismos lobos han estado a nuestro alrededor siempre, aullando, confundiéndonos, lastimándonos, y el Buen Pastor nunca se cansa de rescatarnos de las mismas situaciones, sin fastidiarse por hacerlo una vez más, sin reprendernos, sin disciplinarnos; nos acepta como somos y nos cura con su perdón; eso es amor sincero.

La bondad del pastor debe ser la principal experiencia de nuestra vida de Fe; meditar en ella nos debe llevar al temor de Dios, es decir al respeto de su autoridad y sabiduría. Quien teme a Dios, goza en escucharle y se deja conducir por Él, con la confianza de que a su lado no hay nada ni nadie que nos pueda lastimar: “Aunque camine por cañadas oscuras,  no temo ningún mal, pues tú estás conmigo, tu vara y tu cayado me dan seguridad”, (Sal. 23, 4). Los hijos de Dios nunca están solos, siempre tienen la protección bondadosa de su pastor.

Esta bondad de Dios nos debe despertar paz, consuelo, somos amados y respetados por el Señor, tanto, que siempre tiene abiertas las puertas de su casa, siempre está dispuesto a escucharnos cuando le dirigimos una oración, siempre atento a nuestras peticiones  por el bien del prójimo.

Todos estamos llamados a anunciar con orgullo el amor que Dios nos tiene; y lo podemos hacer siendo comprensivos  con las ovejitas que nos rodean; no dejar caer sobre ellas  juicios ni condenas, sino misericordia, paciencia, abrir el camino de nuestra tolerancia. Debemos entender que aquellas personas que no son como nosotros, no requieren el rigor de nuestras palabras ni la frialdad de nuestras actitudes, sino alguien que les tienda una mano, que descubra sus heridas y las cuide, así como el Señor lo hace con nosotros.

Cuando el creyente se desentiende del hermano que padece, o considera “bien merecida” la situación que atraviesa, estamos desconociendo el amor que  el Buen Pastor nos ofrece; cuando en nuestra mente deseamos un castigo para quien nos ha ofendido, estamos olvidando todo el amor que el Buen Pastor nos tiene;  un don, que el Señor obsequia por igual a todos, nadie lo merece, es su generosidad quien nos lo ofrece.

La obediencia y fidelidad del Pastor a su misión. Jesús cumplió a la perfección su misión, por un motivo, por obediencia a Dios Padre. La obediencia es el mejor testimonio que damos del amor que sentimos por alguien. Jesús obedeció lo que Dios le pedía, rebajarse, sufrir, padecer, fatigarse en dar a conocer un mensaje de amor al hombre, y lo hizo hasta el final.

La obediencia la practican las personas que son verdaderamente libres, (libertad es cumplir nuestros deberes y obligaciones, no satisfacer caprichos); verdaderamente   inteligentes, que saben que la obediencia es el método para sembrar armonía, paz y respeto. La  desobediencia, el descuido de nuestros deberes solamente genera conflictos;  el hijo que no respeta la autoridad de sus padres se convierte en un problema, es un egoísta que no piensa en los demás.

La obediencia del Buen Pastor, debe ser en nosotros un distintivo; obedientes a su Palabra, respetuosos a lo que Él dispone para  nuestra vida. Las ovejas reconocen la voz de su Pastor y le siguen, porque escucharle les inspira confianza.

La bondad del pastor debe ser nuestra gran satisfacción. El creyente que reconoce el amor de Dios en su vida, se mantiene junto a Él. Las ovejas de estos días, suelen caer en la tentación de creer que no necesitan un pastor  protector, y se pueden bastar solas. Eso es falso, siempre necesitaremos a alguien más grande a nuestro lado, alguien bueno que nos guíe y enseñe el camino de la vida.

Para aquella persona que quiera conocer a Dios, la lectura del evangelio de hoy es el mejor camino. Basta con meditar estas palabras, para darnos cuenta de la presencia protectora en nuestra vida, de Jesús, el Buen Pastor. En cada Misa que participamos, nos muestra su bondad, y nosotros debemos ir y anunciar esa bondad.

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