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Vivir la vigilancia cristiana

PorENMARCHA.MX

Nov 30, 2015

Por Dr. Francisco Álvarez Gutiérrez                

Con el primer domingo de Adviento, se inicia el nuevo año litúrgico en la Iglesia Católica. En este tiempo, la liturgia nos anima y nos ayuda a prepararnos debidamente a la celebración de la Navidad, el nacimiento de Jesús en Belén, el misterio de la presencia humanizada de Dios entre nosotros.

Este año corresponde al ciclo litúrgico “C”, por lo que las lecturas en el transcurso del año son las del Evangelio según san Lucas. En el texto del Evangelio de este domingo (Lc 21, 25-28.34-36), Jesús nos exhorta a estar alertas y permanecer vigilantes, en espera de los últimos días de la historia de la humanidad.

Así que este tiempo nos sirve para esperar la celebración de la Navidad, pero también nos ayuda a reflexionar sobre la espera de su segunda venida al final de los tiempos, la espera del día definitivo; que puede ser también nuestra propia muerte.

Esperar supone una vigilancia constante y responsable; el cristiano es quien sabe esperar: en Dios, en la vida, en sí mismo y en los demás.; en ocasiones confía aún contra toda esperanza como Abraham. El que no sabe esperar se desespera y puede llegar hasta la angustia.

Nuestro esperar como cristiano se mueve en el presente y en el futuro; pero no sólo desde nuestras propias perspectivas, sino también confiando siempre en la ayuda de Dios por medio de su providencia divina.

Los cristianos ponemos la confianza en Dios más que en nosotros mismos, pero como dice el refrán: “A Dios rogando y con el mazo dando”, así es como lo expresa la Biblia en el libro de Los Proverbios, en el que encontramos varios pasajes que se refieren al ocioso, ya sea para exhortarlo o ridiculizarlo (Prov 19,24; 21,25; 22,13).

Muchas veces la ociosidad se viste de espiritualidad y las personas siempre esperan una mejor oportunidad que la que se le presenta en ese momento. San Pablo escribió con mucha rudeza al respecto en 2 Tes 3, 6 – 15 y dice a los tesalonicenses: “Si alguno no quiere trabajar, que tampoco coma” (2 Tes 3, 10), unas muy duras palabras.

Las palabras del Evangelio de Lucas nos pueden desconcertar un poco, pero la realidad es que la venida del Hijo del hombre al final de la historia humana será manifiesta y de resonancia cósmica, porque será la lucha final entre el bien contra el mal, y por supuesto, la maldad no se dejará vencer tan fácilmente.

El cristiano tiene la plena y total confianza en que Cristo será el vencedor, ya que él ya ha vencido a la muerte con su resurrección y con su crucifixión ha redimido al mundo, sus palabras en la cruz lo dicen todo: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen” (Lc 23, 34), ahora sólo nos toca reconocer nuestras faltas y nuestros errores.

Jesús aconseja a sus discípulos y seguidores a estar preparados y listos para ese gran día de la espera, sin perder la calma, muchos menos la esperanza, a pesar de que vemos cosas adversas en nuestro mundo. Ese es nuestro gran reto y desafío, esperar a Jesús que nos salva y libera (Cfr. Lc 21, 28).

Jesús insiste en estar siempre listos, preparados y en vigilante espera: “Estén alerta, para que los vicios, la embriaguez y las preocupaciones de esta vida no entorpezcan su mente y aquel día los sorprenda desprevenidos” (Lc 21, 34).

Él exhorta a estar alertas y a orar para no ser sorprendidos cuando nos llegue el día de estar en su presencia:”Velen, pues y hagan oración continuamente” (Lc 21, 36). Si bien él se encuentra ya presente entre nosotros de forma invisible, al final “cuando se manifieste, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal cual es” (1Jn 3, 2).

 

dralvarez_gtz@hotmail.com

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