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Un México Revolucionario A Ejemplo De Un Nazareno.

PorENMARCHA.MX

Nov 16, 2021

Por Mtro. Juan Carlos Tapia Córdova

La sociedad mexicana está cumpliendo su 111 aniversario de la Revolución. Uno de los actos mexicanos más significativos, cultural y socialmente. Ya que este fenómeno es el que grita una necesidad, que no es única del mexicano, sino que es un grito de la humanidad por una vivencia de lo que el hombre es: libertad, autorrealización y felicidad. Se encuentra, pues, en la revolución un acto de aspiración a vivir aquello que hace hombre al hombre.   

Cuando Francisco I. Madero incita al país para iniciar un cambio, que es la caída del ‘porfiriato’, se puede ver cómo se añora un deseo de igualdad, de oportunidad en la tierra, en los bienes, en la repartición de tierras y no la explotación del obrero. En lo profundo de la revolución está el deseo: “soy ser humano, trátame como lo que soy”.

Definitivamente, las armas es la reacción con la cual se enfrenta el hombre con el hombre para solucionar los problemas. Es como un enfrentamiento felino pero versión ‘2.0’. Los felinos defienden sus territorios, se apoderan de las hembras y el alimento, hasta que otro llega y lo vence para ser él el nuevo macho alfa. Lo mismo pasa en la revolución, sólo que se le anexa los avances de la época, que es la parte armada. Pero se sigue la misma base instintiva de sobrevivencia y aspiración a la autoridad con el método instintivo de sobrevivencia; leones con armas.

Si bien, desde el inicio hasta lo que se creyó fue el fin de la revolución con la promulgación de la constitución de 1917, se dio un estira y afloje de tratados y planes que tienen como finalidad el ir dejando de lado aquello que no estaba permitiendo consolidar la sociedad mexicana. Este es otro punto importante a resaltar que, aún ante el comportamiento de “felinos armados” que se vivió en la revolución, se estaba buscando la construcción de un país, se estaba buscando la identidad y la esencia del México independiente.

Ahora, muchos países han padecido circunstancias semejantes. Encuentros de golpes de estados, defensa del territorio nacional como una cohesión intercultural. Esto por la pretensión de ideales nacionalistas. Más, en un país como el nuestro, podemos revisar nuestros actos mexicanos en razón de otros como una enseñanza y profundización.

El ‘Nazareno’ provocó una revolución en el imperio romano y la comunidad judaica, derivados por su pensar, actuar y ser. Es decir que Jesús fue un hombre revolucionario. Si bien, no convocó a un levantamiento de armas, y eso es evidente al decirle a Pedro que guardara su espada al momento de la aprensión, pero con su predicación reunía a más de cinco mil hombres, sin contar mujeres ni niños, dice el evangelio. Jesús convoca con su ser a vivir una plenitud humana. Francisco I. Madero convocaba para revocar al presidente.

Jesús, fue un hombre que visitó muchas zonas. Cada lugar al cual asistía, la gente se le acercaba para escucharlo. Él predicaba, compartía enseñanzas que daban sentido y libertad a las masas; ese fenómeno fueron los que hicieron un levantamiento de la sociedad porque les ofrecía un algo distinto, algo que da sentido. Madero y otros, convocaban, levantaban un ánimo de enfrentamiento aspirando a una libertad pero no liberándose, sino haciéndose presas de armas, de deseos de poder y opresión.

Jesús, no buscó predicarse a sí mismo, en su mensaje se encuentra el mensaje de su Padre Dios. Todo lo que le he conocido se los doy a conocer. Los revolucionarios mexicanos pretendían postularse en todo momento como únicos medios de solución ante el problema, un ‘yo’ y no un ‘nosotros’, un ‘yo’ y no un ‘tú’.

Jesús, en su caminar estuvo ayudando al otro en sus necesidades: sanar, curar, escuchar, perdonar, abrazar, comer y estar con la comunidad. La revolución, en sus inicios, pretendía una liberación de la opresión de un régimen ‘porfirista’ en el que buscó brindar algo mejor a la sociedad aunque sigue sin lograrse dicha intención. El martirio de los revolucionarios motivó a seguir un ideal. El martirio de Jesús no era un ideal, sino es la salvación. Éste martirio, de “conviene que muere una persona” parecía ser la solución a una revolución nazarena. Sin embargo, la muerte, en este caso, con el signo de la cruz, vino a ser el sello de gloria y vencimiento. Mientras que, para los revolucionarios mexicanos, la muerte era signo de vencimiento para subir al poder: un traspaso de autoridad y deberes políticos.

Cuando Jesús fue sometido a los juicios, previos a su muerte, entró en diálogo con las autoridades quienes, según su política podía liberar y eximir de los cargos. Jesús les hace saber: “no tendrías poder sobre mí si no se te diera de lo alto”. ¿Quiénes le dieron poder y autoridad a los revolucionarios mexicanos para actuar y levantarse en armas? Nuestros mexicanos de inicios del siglo XX, no estaban tomando en cuenta a la autoridad ya que esa no los estaba ayudando a ser mejores, sino que la autoridad misma los estaba oprimiendo… En la época del siglo I, quienes perseguía a Jesús creyeron tener autoridad religiosa y del imperio, que en sí la tenían en razón de gobierno del estado y religioso, pero no era suficiente ya que Jesús no procedía de una autoridad humana sino con la autoridad de Dios Padre. Hasta la misma autoridad tiene sus fines, los revolucionarios liberarse como sobrevivencia mientras que Cristo actuó con autoridad divina para darle un cumplimiento a la ley, la ley de amor y realización humana.

Ahora bien, en nuestros días ¿qué requerimos como sociedad mexicana? ¿Será oportuno tener una nueva revolución civil, será menester una revolución nazarena o podremos tener una civilización nazarena en revolución? Nuestro México, en pleno siglo XXI, sigue evolucionando en sus formas de gobierno. Esto no es signo que sea lo mejor. Ya en las elecciones pasadas, se dio una revolución social en la que se gritó que los mexicanos estamos necesitando un cambio total, un cambio de estructura. A vuelta de unos años sabemos que no ha sido nada fácil. Sin embargo, si fue un camino por el que se podía demostrar que necesitamos cambiar para ser mejores. Aun aunque ese cambio nos esté costando logros ya alcanzados.

México, según sus raíces es un país con hambre y sed de justicia. Nuestros evangelizadores han buscado transmitir un mensaje y acompañamiento que lleve a las comunidades a una libertad. La revolución, no debe ser un acto acabado, como se creyó con la promulgación de la constitución de 1917. La revolución debe ser un acto constante en el que se busque profundizar en las respuestas que en cada época va liberando más y más a la sociedad y al hombre mismo. Ante todo, el hombre debe buscar aquella Verdad que lo libere, de un rumbo y sentido. Un país sin un credo será un país perdido. Ya que la creencia a la cual se abraza dará sentido y guía. Nuestra sociedad mexicana requiere abrazar la verdad, pero esa verdad Nazarena, que hace de lo humana, la mejor versión de sí misma; una Verdad impetuosa que no se escarmienta ante las amenazas, que no calla ante los comentarios hostiles; una Verdad que sabe compadecerse del prójimo y no se queda como mera contemplación. México requiere a personas que atiendan con revolución su fe. El papa Francisco invita a los jóvenes a hacer ruido. Que nuestro México sea un país ruidoso porque exhala la Verdad. Hondeemos la bandera mexicana con espíritu nazareno. Sólo así se verá reflejada una actualidad de una verdadera revolución.

México, en sus festejos debe ser consciente de que la revolución la hace cada persona. Nuestro país añora una cultura de paz, de amor y unidad. Que inicie la revolución nuevamente sin perder de vista que lo principal es el hombre mismo. Que se defienda lo humano iluminado por lo divino.

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