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Tiempo de adviento: Preparación, celebración y gracia. 

PorENMARCHA.MX

Nov 30, 2015

(enmarcha.mx).- ¿Qué quiere decir para el cristiano de principios de siglo este preparar la venida del Salvador? ¿Cuál debe ser nuestra actitud ante este tiempo que se aproxima?

¡Jesús ya ha venido!… ¡esa debe ser nuestra actitud!…

Y no la de quien solamente espera…

Jesús ya ha venido. Dios ya se ha hecho hombre, y con su venida ha transformado nuestra historia y nuestra vida ¡Despertemos!… Esto sucedió hace más de 2 mil años en Belén…

¡Entendamos!… Jesús acabó clavado en la Cruz… Permaneció fiel hasta el final por amor a los hombres. Un amor más fuerte que el mal… y aquel sacrificio de amor infinito no podía terminar en un sepulcro… ¡Nuestro Salvador venció la muerte! Y quienes lo vivieron se transformaron… ¡Esta es la esperanza que estamos llamados a vivir! No sólo en Adviento y Navidad… sino ¡ahora… a cada momento!

Este Adviento de principios de siglo debe tornarse aún más esperanzador, más significativo… no dejemos que los acontecimientos trágicos de hoy nos desanimen… ciertamente muchos son los males y problemas sociales – migración, terrorismo, guerra, hambre, pobreza extrema, delincuencia – pero la actitud de un verdadero cristiano es de lucha… es de esperanza.

El Adviento es, por encima de todo, una llamada a vivir la esperanza. A vivirla ahora, en nuestra vida personal y en la vida de nuestro mundo. No vivamos este Adviento con la actitud de quien espera, porque ¡la Esperanza ya está entre nosotros! la Esperanza es DIOS.

El tiempo de Adviento, al invitarnos a vivir la venida del Señor, nos hace poner atención en un punto especialmente clave del ser y quehacer cristiano: Dios viene constantemente a nuestras vidas, entonces, ¿por qué no estamos preparados? La esperanza de la humanidad, Dios nos la da… pero el hombre no está preparado para recibirlo…

Por eso, el tiempo de Adviento es una llamada a tener los ojos muy abiertos a nuestro alrededor… porque siempre corremos el peligro de no ver nada… más o menos como aquel sacerdote y aquel levita de la parábola del buen samaritano, que pasan por el camino y no ven al pobre hombre herido…

Se trata, pues, de tener el corazón bien abierto a toda la gente con la que compartimos cotidianamente la vida… en ellos Dios se manifiesta y viene a nosotros. Y nuestra actitud tiene que ser acogedora.

Amigos, preguntémonos, ¿cómo reconocemos a Dios en los pobres y débiles? O nos negamos a Dios… y por ende a la esperanza del mundo.

Este Adviento, ante la situación del mundo, los creyentes estamos invitados a vivir una verdadera esperanza… no de ilusión y superficialidad… sino viva y muy real… ¡que Dios viva en nuestros corazones esta Navidad y por siempre!

¡La esperanza es Dios en nuestros hermanos!…

 

A continuación publicamos el siguiente material para apoyarnos durante las cuatro semanas de Adviento. Preparemos un lugar especial para vivir este tiempo a través de la oración con la Corona de Adviento durante estos 4 domingos.

 

¿Qué es el Adviento?

El Adviento es el comienzo del Año Litúrgico, empieza el domingo más próximo al 30 de noviembre y termina el 24 de diciembre. Son los cuatro domingos anteriores a la Navidad y forma una unidad con la Navidad y la Epifanía.

El término “Adviento” viene del latín adventus, que significa venida, llegada. El color usado en la liturgia de la Iglesia durante este tiempo es el morado. Con el Adviento comienza un nuevo año litúrgico en la Iglesia.

El sentido del Adviento es avivar en los creyentes la espera del Señor.

 

Se puede hablar de dos partes del Adviento:
-Primera Parte: Desde el primer domingo al día 16 de diciembre, con marcado carácter escatológico, mirando a la venida del Señor al final de los tiempos;
-Segunda Parte: Desde el 17 de diciembre al 24 de diciembre, es la llamada “Semana Santa” de la Navidad, y se orienta a preparar más explícitamente la venida de Jesucristo en las historia, la Navidad.

Las lecturas bíblicas de este tiempo de Adviento están tomadas sobre todo del profeta Isaías (primera lectura), también se recogen los pasajes más proféticos del Antiguo Testamento señalando la llegada del Mesías. Isaías, Juan Bautista y María de Nazaret son los modelos de creyentes que la Iglesias ofrece a los fieles para preparar la venida del Señor Jesús.

 

La Corona de Adviento
La Corona de Adviento tiene su origen en una tradición pagana europea que consistía en prender velas durante el invierno para representar al fuego del dios sol, para que regresara con su luz y calor durante el invierno. Los primeros misioneros aprovecharon esta tradición para evangelizar a las personas. Partían de sus costumbres para enseñarles la fe católica. La corona está formada por una gran variedad de símbolos:

La forma circular: El círculo no tiene principio ni fin. Es señal del amor de Dios que es eterno.
Las ramas verdes: Verde es el color de esperanza y vida, y Dios quiere que esperemos su gracia, el perdón de los pecados y la gloria eterna al final de nuestras vidas.
Las cuatro velas: Nos hace pensar en la obscuridad provocada por el pecado que ciega al hombre y lo aleja de Dios. Después de la primera caída del hombre, Dios fue dando poco a poco una esperanza de salvación que iluminó todo el universo como las velas la corona.

Los domingos de Adviento la familia o la comunidad se reúne en torno a la corona de adviento. Luego, se lee la Biblia y alguna meditación. La corona se puede llevar al templo para ser bendecida por el sacerdote.

Liturgia de las cuatro semanas de la Corona de Adviento

 

BENDICIÓN DE LA CORONA DE ADVIENTO

En algunas parroquias o colegios se hace la bendición de las Coronas de Adviento. Si no se puede asistir a estas celebraciones, se puede hacer la bendición en familia con la siguiente oración:

 

Señor Dios, bendice con tu poder

nuestra corona de adviento para que, al encenderla, despierte en nosotros el deseo de esperar la venida de Cristo practicando las buenas obras, y para que así, cuando Él llegue, seamos admitidos al Reino de los Cielos.

Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor.

Todos: Amén.

La bendición de Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre esta Corona y sobre todos los que con ella queremos preparar la venida de Jesús.

 

PROPONEMOS ESTE ESQUEMA SENCILLO PARA ORAR AL ENCENDER LA VELA DE ADVIENTO

PRIMER DOMINGO

ENTRADA.

Para iniciar se puede entonar algún canto, después de santiguarse se dice el acto de contrición
Leemos el santo evangelio según san Marcos 13,33.
Breve pausa para meditar
Encendemos la vela y decimos esta pequeña oración:

Encendemos, Señor, esta luz, como aquel que enciende su lámpara para salir, en la noche, al encuentro del amigo que ya viene. En esta primer semana de Adviento queremos levantarnos para esperarte preparados, para recibirte con alegría. Muchas sombras nos envuelven. Muchos halagos nos adormecen.
Queremos estar despiertos y vigilantes, porque tú traes la luz más clara, la paz más profunda y la alegría más verdadera. ¡Ven, Señor Jesús! ¡Ven, Señor Jesús!
Después rezamos un padre nuestro y concluimos nuestra oración.

 

SEGUNDO DOMINGO 

Se inicia igual que el primer domingo.
Leemos la II carta de San Pedro 3,13-14
Breve pausa para meditar
Encendemos la vela y decimos esta pequeña oración:
Los profetas mantenían encendida la esperanza de Israel. Nosotros, como un símbolo, encendemos estas dos velas. El viejo tronco está rebrotando se estremece porque Dios se ha sembrado en nuestra carne…
Que cada uno de nosotros, Señor, te abra su vida para que brotes, para que florezcas, para que nazcas y mantengas en nuestro corazón encendida la esperanza. ¡Ven pronto, Señor! ¡Ven, Salvador!
Después rezamos un padre nuestro y concluimos nuestra oración.

 

TERCER DOMINGO 

Se inicia igual que el primer domingo.
Leemos I carta a los Tesalonicenses 5,23
Breve pausa para meditar
Encendemos la vela y decimos esta pequeña oración:
En las tinieblas se encendió una luz, en el desierto clamó una voz. Se anuncia la buena noticia: ¡El Señor va a llegar! ¡Preparen sus caminos, porque ya se acerca! Adornen su alma como una novia se engalana el día de su boda. ¡Ya llega el mensajero!. Juan Bautista no es la luz, sino el que nos anuncia la luz.
Cuando encendemos estas tres velas cada uno de nosotros quiere ser antorcha tuya para que brilles, llama para que calientes. ¡Ven, Señor, a salvarnos, envuélvenos en tu luz, caliéntanos en tu amor!

 Después rezamos un padre nuestro y concluimos nuestra oración.

 

CUARTO DOMINGO

Se inicia igual que el primer domingo.
Leemos Romanos 13,13-14
Breve pausa para meditar
Encendemos la vela y decimos esta pequeña oración:
En las tinieblas se encendió una luz, en el desierto clamó una voz. Se anuncia la buena noticia: ¡El Señor va a llegar! ¡Preparen sus caminos, porque ya se acerca! Adornen su alma como una novia se engalana el día de su boda. ¡Ya llega el mensajero! Juan Bautista no es la luz, sino el que nos anuncia la luz.
Cuando encendemos estas tres velas cada uno de nosotros quiere ser antorcha tuya para que brilles, llama para que calientes. ¡Ven, Señor, a salvarnos, envuélvenos en tu luz, caliéntanos en tu amor!

Después rezamos un padre nuestro y concluimos nuestra oración.

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