• Mié. May 25th, 2022

Teología y espiritualidad del Adviento

Por Pbro. Luis Alonso Cobácame R.

            A la luz de la liturgia de la Iglesia y de sus contenidos podemos resumir algunas líneas del pensamiento teológico y de la vivencia existencial de este tiempo de gracia.

 
1. Adviento, tiempo de Cristo y de su doble venida


            El sentido más profundo del tiempo de Adviento tiene que ver con una doble esperanza: la espera de la venida definitiva del señor al final de los tiempos, revivida en la Misa con los textos mesiánicos del Antiguo Testamento, y la espera de la Navidad.

            El tema de la espera es vivido en la Iglesia con la misma oración que resonaba en la asamblea cristiana primitiva: el Marana-tha (Ven Señor) o el Maran-athá (el Señor viene) de los textos de San Pablo (1 Cor 16,22) y del Apocalipsis (Ap 22,20).

            Así, por un lado, la lectura del Antiguo Testamento nos invita a repetir en la vida la espera de los justos que aguardaban al Mesías; y por otro lado, el nacimiento de Cristo nos estimula a renovar la espera de su última venida gloriosa, en la que las promesas mesiánicas tendrán total cumplimiento.

            Con todo esto, el Adviento es revivir la historia pasada del Antiguo testamento, pero orientada hacia el nacimiento de Cristo y hacia la esperanza de su venida gloriosa al final de la historia.

            Por eso, el Adviento es caer en al cuenta de que Cristo está en el centro de toda la historia de la salvación. Él es el Mesías, el Libertador, el Salvador, el Esperado de las naciones, el Anunciado por los profetas. Sólo en él está la salvación de la humanidad y sólo en él encuentran su sustento todas las cosas.


2. Adviento, tiempo por excelencia de María, la Virgen de la espera


            Este es también el tiempo mariano por excelencia del Año litúrgico. Y es que desde los primeros días del Adviento hay elementos que recuerdan la espera y la acogida del misterio de Cristo por parte de la Virgen de Nazareth. En este tiempo se celebra la solemnidad de la Inmaculada Concepción, “como una preparación radical a la venida del Salvador y feliz principio de la Iglesia sin mancha ni arruga (“Marialis Cultus 3).

            Además, en las distintas lecturas bíblicas y en los Prefacios, maría es nombrada y señalada con bellos títulos: Es la “llena de gracia”, la “bendita entre las mujeres”, la “Virgen”, la “Madre de Jesús”, la “sierva del Señor”. Es la Mujer nueva, la nueva Eva que restablece y recapitula en el designio de Dios por la obediencia de la fe el misterio de la salvación. Es la Hija de Sión, la que representa el Antiguo y el Nuevo Israel. Es la Virgen fecunda, la Virgen de la escucha y de la acogida.

3. Adviento, tiempo de la Iglesia misionera y peregrina


            La liturgia, con su realismo y sus contenidos, pone a la Iglesia en un tiempo de esperanza y de oración por la salvación universal. Pero, cuando leemos los oráculos de los profetas y cantamos los salmos, nosotros no hacemos esto como si el Mesías no hubiese venido todavía, sino para apreciar mejor el don de la salvación que nos ha traído.

            Por eso, el Adviento para nosotros es un tiempo real que nos hace esperar el cumplimiento de las profecías, porque éstas no se han realizado todavía plenamente, sino que se cumplirán con la segunda venida del Señor. Mientras tanto, debemos preparar esta última venida.

            Y este realismo del Adviento lleva a la Iglesia a recuperar su misión de anunciar el Mesías a todas las gentes, y le despierta la conciencia de ser “reserva de esperanza” para toda la humanidad.

            Y es que, en un mundo marcado por guerras y contrastes, las esperanzas y las imágenes utópicas de la paz y de la concordia, se convierten en un compromiso de la Iglesia de hoy, que posee la actual “profecía” del Mesías Libertador.

            Y no podría ser de otra manera, pues en la renovada conciencia de que Dios no desdice sus promesas de salvar a la humanidad, sino que las confirma con el nacimiento de su Hijo hecho carne, la Iglesia, a través del Adviento, proyecta a todos los hombres y mujeres hacia un futuro mesiánico del cual la Navidad es primicia y confirmación preciosa.

            La espiritualidad del Adviento resulta así una espiritualidad comprometida, un esfuerzo hecho por la comunidad para recuperar la conciencia de ser Iglesia para el mundo, reserva de esperanza y de gozo. Más aún, de ser Iglesia para Cristo, Esposa vigilante en la oración y exultante en la alabanza del Señor que viene.

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