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Matrimonio o sociedades de convivencia

PorENMARCHA.MX

Sep 19, 2016

carlos-mario-continuacionPor Pbro. Carlos Mario Jiménez Vargas*

El tema de la homosexualidad, que ocupa la atención de muchas instituciones y personas, cabe decirlo, no es un tema nuevo, ni para nuestra generación, ni para la humanidad. El que hombres y mujeres experimenten cierto tipo de atracción hacia personas de su mismo sexo es un tema presente en el marco del Judaísmo desde hace 2000 años a. C., en la literatura antigua, se devela que era una práctica entre los griegos y los romanos. Sin embargo, el tratar de equiparar una institución como el matrimonio establecido entre un hombre y una mujer al de un hombre con hombre, mujer con mujer es algo propio de nuestros tiempos. El tema es escabroso y tiene muchas aristas, porque hay promotores y detractores.

Si nos apegamos a la definición a la cual hace alusión el concepto ‘matrimonio’, tenemos que la palabra ‘matrimonium’ en origen significa el estado jurídico de una mujer casada y su maternidad legal, es el derecho a ser la madre legítima de los hijos de un varón, así como, acceder a todos los derechos que derivan para la mujer. Evidentemente, no se puede llamar matrimonio a estas sociedades de convivencia, pues de forma natural un hombre no puede fecundar a otro hombre, ni una mujer a otra mujer, biológicamente están impedidos. Ante esta situación, se desea homologar las uniones de parejas del mismo sexo con las heterosexuales, a través de la adopción legal de hijos o del recurso de la fecundación in vitro, o vientres de alquiler, para igualarse a una familia heterosexual. Y es aquí en donde desde la ética filosófica vale la pena lanzarnos esta pregunta: ¿puede considerarse un derecho? ¿El matrimonio es un tema que puede redefinirse por opiniones o según el gusto de quién o quiénes estén en el poder?

Con mucha honestidad pienso que un tema previo a la discusión acerca de las nuevas sociedades de convivencia, es el de la homosexualidad. A mi modo de ver, no ha quedado del todo claro ni en su origen, ni como práctica de vida y mucho menos si objetivamente pueda haber alguna consecuencia, y ello es decisivo en la propuesta de ley para equiparar las nuevas sociedades de convivencia con la comprensión tradicional de matrimonio. De esta manera, es muy irresponsable pretender una reforma a la constitución, al código civil, en el plano de la educación, etc., si no hay la suficiente y debida comprensión de lo que es la homosexualidad.

Lo que últimamente hemos presenciado ha sido una lucha de choques entre dos posturas: pro-homosexuales y anti-homosexuales, sin ningún árbitro o institución neutra que permita exponer y cuestionar las intenciones y la argumentación de ambas partes, para alcanzar una verdadera comprensión de lo que se considera un ‘logro’ o un ‘problema’ en materia de derechos humanos. Falta comprender qué es lo que se niega y rechaza y qué es lo que se afirma y aprueba en torno al tema de la homosexualidad. Y sobre todo, a quién le toca definirlo y establecerlo, si es a nivel constitucional, democrático, populista, si queda en la esfera pública o privada, laica o religiosa, etc.

La ideología de género, a quien se acusa de estar detrás y al frente de la normalización del estilo de vida homosexual y de la promoción de algunos derechos, desde hace décadas ha realizado una campaña a nivel global en donde están incluidas agendas públicas, de salud y de gobierno. Los Medios Masivos de Comunicación han fungido como porta voces de esta ideología y han emprendido una constante estrategia en la difusión del estilo de vida homosexual y otras preferencias sexuales. Sin embargo, vale la pena citar al psicólogo Gerard J. M. Van Den Aardwegquien afirma lo siguiente: “El estilo de vida homosexual se describe por los medios de comunicación social de ‘color rosa’. Lo que resulta comprensible como propaganda, pero si se oyen las historias de la realidad vivida por homosexuales practicantes durante muchos años, queda claro que la felicidad no se encuentra en este estilo de vida. Desasosiego en sus conductas, soledad, celos, depresiones neuróticas y, proporcionalmente, muchos suicidios (dejando de lado enfermedades venéreas y otras enfermedades físicas): es la otra cara de la moneda no mostrada en los medios de comunicación”, Homosexualidad y esperanza, pp. 11-12.

Esto debe llevarnos a plantearnos con seriedad la necesidad de desmitificar afirmaciones que se revisten de tolerancia e inclusión y que repliegan todo intento de confrontación acusando de homofobia.

Finalmente, hay que escuchar a las personas que viven una inclinación homosexual, pues ciertamente, sufren en lo público y en lo privado de su vida; en el ámbito público podemos contribuir a cambiar el odio por el reconocimiento de su dignidad humana, pero la tarea queda incompleta, sino se comprometen ellos a atender su vida interior, para que logren encontrar libertad y paz en la verdad de su propia naturaleza.

La ideología de género, que ha abanderado la causa homosexual, se escuda detrás del fuero que brinda el abogar por los derechos humanos, pero también debe ser cuestionado en sus intereses y pretensiones. Pues, un claro ejemplo de ello, es lo que sucedió en Francia con la La manif pour tous (Manifestación para todos), en donde la sociedad incluyendo grupos homosexuales dejó claro que no todo lo que intenta imponer la ideología de género a nivel global, representan sus causas o intereses.

El grave riesgo que enfrentamos es edificar el futuro de una sociedad sobre bases construidas por afirmaciones inducidas y suposiciones bien intencionadas, que pueden tener o no repercusiones en la vida de las personas y la sociedad. Sin embargo, en atención a la dignidad de las personas, de inclinación homosexual y heterosexual, creo que no se debe experimentar socialmente con nadie, eso sí sería ir en contra de los derechos humanos.

 

bartyteen@hotmail.com

*Párroco en María Madre del Redentor, en Hermosillo

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