• Jue. Ago 18th, 2022

LAS MUJERES SON UN APOYO FIRME PARA SUS FAMILIAS

PorENMARCHA.MX

Jun 20, 2021

 Ante la actual crisis económica por la que está atravesando nuestro país, muchas personas han perdido sus empleos y además se ha encarecido la vida de un modo notable.

Me resulta bastante ejemplar lo que diariamente observo por las calles de la Ciudad de México: matrimonios jóvenes que venden alimentos en la parte trasera de sus automóviles.

En los lugares de mayor afluencia de personas, desde muy temprana hora, se ponen a trabajar ofreciendo a los transeúntes: tortas de jamón con queso, con papas, o con chilaquiles; las conocidas “guajolotas”, es decir, tortas con un tamal de elote adentro; tacos de chicharrón en salsa verde o roja, de guisado, de carne deshebrada, de frijol con huevo, acompañados de atole, de refrescos, etc.

Todos los alimentos que venden se ven limpios, hechos a conciencia como sólo una madre de familia los sabe preparar. Y así se pasan las horas hasta que se agotan todos sus productos.

En otros sitios, como esquinas de comercios, banquetas, parques, se pueden mirar a señoras vendiendo los famosos tacos de canasta todavía más baratos y, naturalmente, con mayor número de personas que acuden a consumir esos ricos alimentos. Colocan una gran sombrilla que cubre a la vendedora y a su canasta de posibles lluvias, el excesivo sol o polvo.

Es fácil adivinar que los respectivos esposos de estas mujeres están realizando trabajos sencillos en algún otro punto de la ciudad, como: cuidadores de coches, ayudan a estacionar carros en un estacionamiento público o de un supermercado. O bien, en los semáforos prestan diversos servicios tales como vender limpiadores de parabrisas, artículos para computadoras; otras veces son despachadores de gasolina, colaboran en un taller mecánico. De esta manera, marido y esposa apoyan mutuamente a la economía familiar y van saliendo adelante con los gastos del hogar.

He visto hasta jovencitas en bicicletas repartiendo alimentos en oficinas y domicilios. Otras esposas están trabajando en supermercados, a propósito de la gran demanda que están teniendo las compras on line, y son ellas mismas las que distribuyen estas mercancías en domicilios particulares y empresas.

Lo mismo ocurre con las farmacias en las que se han triplicado las ventas por internet y se han organizado numerosas flotillas de motos con personas de todas las edades que recorren las colonias distribuyendo medicamentos.

No hace mucho tiempo, cuando estaba más dura la pandemia y los médicos aconsejaban no acudir a las farmacias por ser fuente de contagios, solicité algunos medicamentos en una conocida farmacia.

Una hora después, sonó el timbre de mi casa, acudí a la puerta para atender a la persona que llamaba y, para mi sorpresa, era una jovencita con su moto estacionada detrás y perfectamente vestida con el uniforme de la farmacia y su casco protector debajo de su brazo.

Me dijo, sonriendo, que se llamaba Lupita y la felicité por su sentido profesional y le comenté que seguramente le debió de haber costado esfuerzo conseguir ese empleo. Y me respondió:

-Es la necesidad, patrón. Tengo a mi padre sin trabajo y a mi madre enferma, por eso es que me lancé a conseguir un empleo cuanto antes.

Se le veía contenta y satisfecha de ser un buen apoyo económico para su casa. Y por supuesto, la moto la conducía con seguridad y soltura. Decidí darle una buena propina porque me pareció muy meritorio lo que estaba realizando.

Al despedirse, como una joven militar, erguida y portando con categoría su uniforme, finalizó:

-Ya sabe entonces, lo que se le ofrezca de la farmacia, estoy para servirle.

De igual forma, me admira el empeño de tantas y tantas señoras -de todas las edades- que se levantan desde temprana hora y acuden a realizar la limpieza en numerosas empresas, hospitales, oficinas y lo hacen bastante bien.

Como tengo la diaria costumbre de caminar por las tardes largos trayectos, las observo tomando sus alimentos alrededor de las cuatro o cinco de la tarde en cajitas de tuperware. Se encuentran sentadas, comiendo y platicando animadamente, habitualmente en el escaloncito de comercios que ya cerraron y bajaron sus cortinas metálicas o debajo de los árboles.

Es admirable cómo tantas mujeres de todo el país, con la frente en alto, se han puesto a trabajar en serio para apoyar a sus maridos. Lo hacen en forma discreta pero sumamente eficaz y con gran creatividad. Son la fortaleza económica de los hogares mexicanos.

Raúl Espinoza Aguilera

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.