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La misericordia

PorENMARCHA.MX

Mar 8, 2016

La misericordia es el centro de la vida de un cristiano, porque es sinónimo de caridad, y esta a su vez es el centro del evangelio, “hacer el bien sin mirar a quien”. La misericordia no se debe confundir con la lastima; la misericordia se da con disposición al compadecernos de las desdichas ajenas, tratando de hacer una diferencia en quien nos necesita.

 

¿Cuál es el llamado entonces?

Este año en particular, creo que estamos llamados a ser voluntarios para contribuir a que los demás encuentren el amor de Dios por medio de los somos parte del cuerpo místico, de la iglesia trabajando.
Algunas veces pensamos ¿a quién podemos ayudar?, y nos podemos desgastar en buscar a quien ayudar y como hacerlo, pero la vida misma nos pone en el lugar correcto,  para así poner manos a la obra, en este club de voluntarios de misericordia.
Sin desgastarnos en pensar que podemos hacer, el catecismo nos enseña desde pequeños que podemos hacer por los demás.
Las obras de misericordia son tan sencillas, y están al alcance de todos, se dividen en dos tipos: las espirituales y corporales.

 

Las espirituales son:

– Enseñar al que no sabe, no se trata de dar lecciones a todo el mundo, sino de ser oportuno en lo que se va a enseñar, de esta obra se puede rescatar el aprendizaje que el otro nos da.
– Dar buen consejo a quien lo necesita, recalcando, a quien lo necesita, a veces podemos ser impropios a querer hacer esta obra, el consejo se da cuando el otro lo quiera de verdad, lo pida y esté dispuesto a recibirlo.
– Corregir al que está en error, a veces las personas solemos ser muy soberbias, por esto corregir un error debe hacerse desde la humildad y conciencia de que todos nos equivocamos.
– Perdonar insultos, perdonar setenta veces siete, “perdona nuestras ofensas, como nosotros perdonamos a los que nos ofenden”, la obra de misericordia más significativa de los cristianos.
–  Consolar al triste, una palabra, una sonrisa, un abrazo, cualquier gesto, que pueda cambia un día gris de alguien.
– Soportar debilidades de los demás, orar para que Dios nos dé un poquito su paciencia.
– Orar por los vivos y los difuntos, esta es una manera de dar amor desde la intimidad de nuestro corazón.

 

Las corporales son:

– Dar de comer al hambriento, literalmente y también reconociendo que no solo de pan vive el hombre.
– Dar de beber al sediento, guiemos a los demás a donde se encuentra el pozo de agua viva.
– Dar posada al peregrino, abre la puerta de casa cordialmente, ayudando al que pasa pidiendo un taco, una palabra.
– Vestir al desnudo, vestir con el respeto que merece cada persona, viendo su integridad y no desvestirla con humillaciones, ni malos tratos.
– Visitar a los enfermos, a veces nos cuesta tanto tomarnos el tiempo para visitar a un enfermo o tomar el teléfono para hacer llegar un mensaje, cuando no nos lleva una hora de nuestro tiempo.
– Socorrer al cautivo, podemos visitar para orientar al preso, que rompa las cadenas de un corazón con tantas cosas que ni nos imaginamos y trabaje por su paz interior.
– Enterrar a los muertos, orando por los que se fueron y apoyando a los que se quedaron sufriendo la muerte.

Las obras de misericordia son a favor de los demás, pero más que nada, nos ayudan a nosotros mismos a ser mejores personas mostrando amor por los demás, el mejor amigo es que da la vida por los demás.

 

Rumbo a la JMJ 2016

Oración Oficial
Sigamos orando…

Dios, Padre misericordioso,
que has revelado tu amor en tu Hijo Jesucristo,
y lo has derramado sobre nosotros en el Espíritu Santo, Consolador,
te encomendamos hoy el destino del mundo y de todo hombre”.
Te encomendamos en modo particular
los jóvenes de toda lengua, pueblo y nación.
Guíales y protégeles en los complejos caminos de hoy
y dales la gracia de poder cosechar abundantes frutos
de la experiencia de la Jornada Mundial de la Juventud en Cracovia.

Padre celestial,
haznos testigos de tu misericordia.
Enséñanos a llevar la fe a los que dudan,
la esperanza a los desanimados,
el amor a los indiferentes,
el perdón a quien ha obrado el mal y la alegría a los infelices.

Haz que la chispa del amor misericordioso,
que has encendido dentro de nosotros
se convierta en un fuego que transforma los corazones
y renueva la faz de la tierra.

María, Madre de Misericordia, ruega por nosotros.
San Juan Pablo II, ruega por nosotros.
Santa Sor Faustina, ruega por nosotros.

 

 

 

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