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La Ascensión de Cristo resucitado

PorENMARCHA.MX

May 5, 2016

Para los creyentes el cielo no está arriba en lo alto; está aquí donde está Jesús, donde está Dios.

Por Dr. Francisco Álvarez Gutiérrez                

            La Ascensión del Señor es objeto de fe, no es un hecho histórico experimentable. Evidentemente, sube quien ha bajado. La Ascensión es también la culminación del misterio de la encarnación, la Palabra de Dios que se ha hecho carne para habitar entre nosotros (Cfr. Jn 1, 14) y que sube al Padre como Cristo glorioso después de resucitar.

La Ascensión del Señor es expresión de su glorificación, complemento de la resurrección. Al encarnarse, Jesús descendió a este mundo; por lo tanto es justo que al final de su vida terrena, después de implantar el Reino de Dios, Jesús ascendiera.

Jesús ha subido a prepararnos una morada. Durante su despedida Él les había dicho a sus discípulos: “En la casa de mi Padre hay muchas habitaciones; de no ser así, yo se lo habría dicho a ustedes, porque ahora voy a prepararles un lugar, para que donde yo esté, estén también ustedes” (Cfr. Jn 14, 2 – 3).

En el Evangelio de Lucas, el relato de la Ascensión  de Jesús (Lc 24, 46 – 53), tiene datos parecidos con el de los Hechos de los apóstoles ((Hch 1, 7-11). Conviene tener en cuenta que se narra después de la Pascua de Resurrección; se trata de un único misterio: resurrección-glorificación. Se nos dice que fue llevado al cielo (Lc 24,51).

Por otro lado, el Resucitado abre una vez más la mente de los discípulos para que comprendieran las Escrituras, como ya lo había hecho con los discípulos de Emaús, para que comprendieran el sentido del misterio pascual (muerte-resurrección-ascensión) y su envío a predicar el Evangelio (Lc 24, 45-47; Cfr. Mc 16, 14-15).

Además, otra misión importante que los discípulos tienen que realizar es: dar testimonio del Resucitado (Lc 24, 48).

Lucas indica que, desde Jerusalén se ha de extender el Evangelio por todo el mundo, y es ahí donde recibirán el Espíritu Santo que Jesús ha prometido a sus discípulos; el Evangelio de Mateo narra la despedida en la región de Galilea, donde había comenzado la predicación del evangelio y la vocación de sus discípulos.

En el Credo apostólico profesamos que después de la resurrección “subió al cielo, y está sentado a la derecha del Padre”; y con frecuencia e instintivamente pensamos que el cielo está por encima del firmamento o más allá de la muerte.

Pero para los creyentes el cielo no está arriba en lo alto; está aquí donde está Jesús, donde está Dios. Y ese cielo no nos espera mas allá de la muerte, hay que descubrirlo aquí en nuestra vida terrena.

El cielo no es el lugar al que vamos después de morir. Es el disfrutar plenamente del amor, la misericordia y de la vida que Jesús Resucitado nos ha regalado. El cristiano debe transformar la tierra en cielo, nuestra realidad cotidiana en una vida plena de gozo y alegría, sin miedo ni temores porque Cristo Resucitado siempre nos acompaña.

Con Cristo Resucitado nuestra resurrección también ha comenzado y también nuestra ascensión, para que al final de la vida vivamos plenamente con Él en ese lugar que nos ha preparado con su Ascensión. Esa es nuestra confianza y nuestra esperanza, eso es lo que nos llena de júbilo y alegría a todos los creyentes.

Con su Ascensión Jesús no nos abandona, él permanece en nosotros ya que Él cumple siempre lo que promete: “Y sepan que yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin del mundo” (Mt 28, 20).

La Ascensión de Jesús al cielo no es el fin de su presencia terrena, sino el comienzo de una nueva forma de estar en este mundo: ahí donde se reúnen dos o más en su nombre (Mt 18, 20); en la comunidad de creyentes (Hch 9, 4-5); encarnado en los más necesitados (Mt 25,40); en los Sacramentos, principalmente en la Eucaristía.

dralvarez_gtz@hotmail.com

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