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JESÚS NOS ENSEÑA EL CAMINO

PorENMARCHA.MX

May 17, 2022

Por Dr. Francisco Álvarez Gutiérrez                   

La humanidad siempre ha tratado de buscar y descubrir el verdadero rostro de Dios. Desde los albores de la historia humana se han hecho múltiples y variados intentos que tratan de mostrar con símbolos e imágenes el cuerpo y rostro del Señor.

            Muchas de las figuras e imágenes creadas por el ser humano solo se han convertido en ídolos para sus pueblos, es por eso que los salmistas y profetas en el Antiguo Testamento han prevenido a su pueblo de ello, ya que son obras de la mano del individuo.

            Es por ello que advierten a su pueblo que “los ídolos paganos son plata y oro, obra de la mano del hombre, tienen boca y no hablan, tienen ojos y no ven, tienen orejas y no oyen, tienen boca y no respiran. ¡Sean como ellos los que los hacen, los que en ellos ponen su confianza! (Sal 135, 15-18; Cf. Sal 115. 4-8; Is 44, 9.20).

            Jesús utiliza palabras similares cuando predica sus enseñanzas por medio de parábolas (Cf. Mt 13, 13-16) y termina diciéndoles a sus discípulos algo cierto: “¡Pero dichosos sus ojos, porque ven, y sus oídos porque oyen!” (Mt 13, 16).

            El cristianismo ha llegado a entender que en realidad es Dios el que busca a los seres humanos. En Jesucristo ha terminado la búsqueda de Dios por la humanidad, porque es Dios mismo quien nos ha buscado a nosotros, y sale a nuestro encuentro a través de la propia persona de Jesús.

            El verdadero rostro de Dios solo lo podemos conocer mirando a Jesucristo, así lo afirma Jesús cuando le dice a uno de sus apóstoles: “Llevo tanto tiempo con ustedes, ¿y aún no me conoces, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre”. ¿Cómo dices tú: ‘Muéstranos al Padre’? (Jn 14, 9-10).

            Jesús es el camino por donde Dios ha venido a nuestro encuentro. Él es el revelador del Padre. Él es quien nos ha revelado su identidad: Él es el ‘Emmanuel’, el Dios con nosotros (Cf. Mt 1, 23; Is 7, 14).

            La revelación de Jesucristo tiene un carácter completo y definitivo: Con su presencia y manifestación; con sus palabras y obras, señales y milagros; con su muerte y resurrección; y con el envío del Espíritu Santo lleva a plenitud toda revelación divina.

            Jesús de Nazaret es el camino que nos lleva y nos conduce al Padre, la única posibilidad que tiene el ser humano de encontrar la plenitud de la vida: “Yo soy el camino, la verdad y la vida” le dice a Tomás (Jn 14, 6), uno de sus discípulos; además agrega: “Nadie va al Padre sino por mí”.

            Hay quienes afirman que para llegar al Padre existen muchos caminos, y en realidad es verdad, unos lo pueden buscar en otras doctrinas distintas a la cristiana. Sin embargo, después de andar por distintos y variados senderos, las personas encontrarán el verdadero y único camino: El que nos muestra Jesús.

            Toda la humanidad ha sido redimida y salvada por Cristo, aunque algunos no lo sepan: “Con su muerte, el Hijo nos ha obtenido la redención y el perdón de los pecados, llevando su proyecto salvador a su plenitud” (Cf. Ef 1, 7.10).

            Jesús durante su despedida quiere dejar un mensaje bien grabado en el corazón de sus discípulos: “No se inquieten. Crean en Dios y crean también en mí”, Él se despide de sus discípulos para ir a prepararnos un sitio en la casa del Padre (Cf. Jn 14, 1-4).

            Los cristianos vivimos esperanzados en las palabras de Jesús que repite continuamente: “No tengan miedo”. Es decir, tener fe en seguir su ejemplo de vida. Por ello debemos de crecer y madurar nuestra fe en Aquél que nos enseña a caminar confiados y seguros por el camino de Dios.

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