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Fe en la fuerza salvadora de Jesús

PorENMARCHA.MX

Jun 25, 2015

Por Dr. Francisco Álvarez Gutiérrez                  

El poder, así como la fuerza sanadora y salvadora de Jesús son signos y señales de su divinidad; pero para creer en ello, lo principal es tener fe.

Más que creer en Jesús a causa de los milagros, creemos en los milagros por la fe que tenemos en Jesús. El milagro exige fe en la persona de Jesús, ya que sus acciones son signos reveladores de Dios a través de su persona; “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre” (Jn 14, 9) le ha dicho Jesús a Tomás en la Última Cena.

Además agrega: “Es el Padre, que permanece en mí, quien hace las obras. Créanme: yo estoy en el Padre y el Padre está en mí” (Jn 14,10-11). Así que el milagro es la revelación acabada de la revelación divina.

El evangelio según san Marcos contiene 18 relatos de milagros, el mayor número que los demás evangelios. La actividad terapéutica de Jesús es una de las características más notables del Evangelio de Marcos.

Entre los muchos curados o sanados hay también mujeres: la suegra de Pedro que estaba en cama con fiebre (Mc 1, 29 – 31), la hija de Jairo (Mc 5, 21-24.35-43), la hemorroísa (Mc 5, 25 – 34) y la hija de una mujer pagana, sirofenicia (Mc 7, 24 – 30).

San Marcos nos narra dos milagros en forma entrelazada según la técnica de “interposición” (Mc 5, 21 – 43), se trata de la resurrección de la hija de Jairo, uno de los jefes de la sinagoga de Cafarnaúm y la curación de una hemorroísa.

En estos dos relatos podemos observar dos efectos de la fe: En primer lugar una fe que no es muy perfecta, pues la mujer cree que necesita tocar la orla del manto de Jesús para ser sanada, pero Jesús le dijo: “Hija, tu fe te ha curado”; por otro lado Jairo se imagina que es necesario que Jesús imponga sus manos a la niña para sanarla.

Pero en el caso de Jairo, que inicialmente se presenta con Jesús con una fe inmadura ya que piensa que es necesario que Jesús vaya a su casa a sanar  a su hija gravemente enferma, pero Jesús le dice: “No temas, basta que tengas fe” (Mc 5, 36), una vez que había escuchado que le decían a Jairo que su hija ya había muerto.

En ambos casos podemos observar que Jesús queda impuro según la ley judía por haber sido tocado por una mujer impura, ya que padecía de flujo de sangre, por otro lado, Jesús toca a una niña muerta, en las dos situaciones incumple con la Ley del Levítico capítulos 11 al 15; pero, en ambos casos se logra la sanación de ellas.

Los dos milagros entrelazados tienen un profundo significado teológico, por eso san Marcos les da esa estructura literaria en su narración. Podemos observar que los dos milagros realizados son a favor de dos mujeres, de las cuales una padece de hemorragias desde hace “doce años” (Mc 5, 25) y la otra es una niña de “doce años” (Mc 5, 42).

En ambos casos se exalta el poder de Jesús sobre la enfermedad y sobre la muerte; además del valor de la fe, que está en el origen de todos los milagros.

Jesús se presenta  no sólo con sus rasgos divinos, sino también como un personaje con gestos humanos, como cuando pregunta: ¿Quién ha tocado mi ropa?, o cuando le dice a Jairo: “la niña no ha muerto, está dormida” para suavizar su angustia.

Las narraciones de los relatos de la hemorroísa y de la resurrección de la hija de Jairo muestran claramente la misericordia de Jesús a favor de la mujer, sin importar la edad que tenga. En el nuevo Israel, el nuevo pueblo de Dios, no habrá distinción entre varón y mujer, como tampoco entre judíos y paganos o gentiles.

El tiempo de los milagros no se ha terminado. El Padre seguirá realizándolos si lo pedimos en nombre del Señor Jesús, ya que él es “el Camino, la Verdad y la Vida”. Y no olvidemos que los milagros se hacen porque tenemos fe en su persona.

dralvarez_gtz@hotmail.com

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