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El padre Andrés A. Flores

PorENMARCHA.MX

Nov 30, 2015

 

Entre las víctimas de San Pedro de la Cueva (1915-2015)

Por Pbro. Armando Armenta Montaño*

Andrés Avelino Flores Quesney nació hacia 1878 en Nuri, Sonora, pueblo ubicado en la vega del río Yaqui. Fue hijo de Francisco Flores y María Quesney. Se dice que su abuelo materno era francés y se casó con una mujer apache (de allí pueden proceder sus rasgos faciales). Se cuenta que sus padres se oponían a su vocación sacerdotal, pero él ingresó al Seminario Conciliar de Sonora el 4 de febrero de 1898,  con una beca de gracia.

Era obispo de Sonora, Herculano López de la Mora, fundador del seminario en 1888, el cual se ubicaba en lo que hoy son las calles Serdán y Yáñez.  Ignacio Valdespino y Díaz, obispo de la diócesis desde 1902, le concedió el diaconado el 26 de marzo de 1904,  en la capilla episcopal. La noticia recibió este cometario de El Hogar Católico, el informativo diocesano: “¡Qué sea para mayor gloria de Dios¡”.

Cercano al día de la ordenación vivió ejercicios espirituales en Hermosillo con algunos sacerdotes y el 29 de septiembre de 1904, en la capilla episcopal, el obispo Valdespino le confirió el orden del presbiterado, junto con José María Pablos. El semanario diocesano los encomendaba a la Virgen de Guadalupe, para que les alcanzara de su Hijo “las gracias y los dones” que necesitan “para cumplir las obligaciones de sus estado”.

La primera misa la celebró el 12 de noviembre en la capilla del Carmen, en Hermosillo, a las 8: 00 am,  siendo su padrino de capa el padre Rafael G. Durazo. El 16 de noviembre partió para Moctezuma, su primer destino pastoral como vicario. Después estuvo en Álamos, volvió a Moctezuma y en 1911 es nombrado párroco de Batuc, desde donde atendía Suaqui, Tepupa, San Pedro de la Cueva y por un tiempo Mátape.

 

Párroco virtuoso

Las respuestas del padre Flores en enero de 1913, a un cuestionario sobre la pastoral parroquial enviado por el obispo Valdespino, revelan que fue un sacerdote con vida de piedad y caridad pastoral. Manifestó que “no hay escuelas parroquiales, y aunque he manifestado a los fieles la necesidad de esas escuelas, nada he conseguido”. No existía “Asociación del Catecismo”, pero “hay personas que ayudan a dar doctrina y están bien atendidos los niños”, a los que estimulaba “a los niños para que asistan a la doctrina, regalándoles medallas, rosarios, estampitas y golosinas”.

La Hermandad de la Vela Perpetua estaba establecida en Batuc y “se ha conseguido muy poco progreso”; en San Pedro, la Vela y la Asociación del señor san José, tenían “progreso y fervor en las socias”. Aunque las ceremonias de mayo y junio no eran solemnes, consiguió “que se cantaran los rosarios”.

Cada mes o dos meses el padre iba a confesarse a Moctezuma, cuyo párroco era vicario episcopal. Y señalaba: “Desde el día primero del presente año comencé a rezar el oficio conforme los decretos recientes”.

En el informe el señor Valdespino, quien el 10 de enero había sido elegido obispo de Aguascalientes, puso esta nota sobre el padre Flores: “Este es uno de los párrocos jóvenes más estimables en la Diócesis de Sonora: su virtud se acrisola cada día más y su ardiente celo por la salvación de las almas es bien notable. Dios lo conserve puro y santo sacerdote”.

           

Pancho Villa y el padre Andrés

Cuando Pancho Villa con su ejército no pudo tomar Hermosillo en noviembre de 1915, emprendió su regreso a Chihuahua.  Como represalia a un ataque y muerte de algunos villistas (se dice que fueron 17), a manos de vecinos de San Pedro de la Cueva, quienes los confundieron con una gavilla de bandidos, el general ordenó la ejecución de los hombres del pueblo, en la mañana  del 2 de diciembre. El padre Andrés, en dos ocasiones se arrodilló ante Villa pidiéndole que perdonara a los varones, logrando que no fusilaran a algunos. Pancho Villa le había advertido que no se acercara, pero el padre, abogando por su gente, se acercó, por lo que el general sacó su pistola y lo mató.

Se calcula que fueron 77 los hombres fusilados por los villistas. El historiador Friedrich Katz señala que “era la primera vez que Villa desencadenaba su cólera contra los pobres. Al día siguiente de la masacre se mostró profundamente arrepentido y empezó a llorar”. Hace un siglo que el padre Flores, al interceder por su pueblo y ser víctima de la violencia, siguió el estilo de Jesucristo, el buen pastor que “da su vida por las ovejas” (Jn 10, 11).

 

aarmenta@libero.it
* El padre Armenta es cronista
de la Arquidiócesis de Hermosillo

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Un comentario en «El padre Andrés A. Flores»
  1. En San Pedro de la cueva, Sonora, el dia 2 de Diciembre, tuvimos el privilegio de vivir y participar en el homenaje y celebracion luctuosa en honor del padre Andrés Avelino y de las víctimas: Fusilados, viudas, huérfanos, niños-as sin abuelo o sin tata; estos sufrieron el terror de un crimen sin calificativo, una masacre que dejó muchas vidas marcadas , traumadas, sumergidas en el sufrimiento y depresion al ver y saber que sus seres mas queridos habian sido masacrados por órdenes de Pancho Villa(no).

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