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El Don de escuchar y de hablar

PorENMARCHA.MX

Sep 3, 2015

Por Dr. Francisco Álvarez Gutiérrez               

En el mes de septiembre del 2014 durante el mensaje del Papa Francisco al inicio del mes de la Biblia dijo: “La fuerza de la Palabra de Dios es Jesús mismo, y sólo quien tiene un corazón abierto lo acoge”; “Jesús es la fuerza, es Palabra de Dios porque está ungido por el Espíritu Santo”.

Dios Padre lo unge en el momento del bautismo (Mt 3, 16 – 17) y lo confirma durante la Transfiguración (Mc 9, 2 – 10) cuando la voz del Padre dice a los discípulos que lo acompañaban: “Este es mi Hijo amado, Escúchenlo”.

En el Evangelio según san Marcos se nos narra un milagro realizado por Jesús en un territorio pagano, es decir más allá de los confines de Galilea, lugar donde realiza la curación de un sordo y tartamudo (Mc 7, 31 – 37); lo mismo que ya había hecho con la hija de una mujer sirio fenicia que obtiene el milagro por su fe (Mc 7, 24- 30).

Oír y hablar son dos verbos importantes para la fe. Primero oír, escuchar, aprender; para después hablar y dar testimonio de esa fe. “Escuchar” no significa sólo oír, sino poner atención, tratando de entender y comprender lo que se oye.

Escuchar es el verbo que expresa la actitud de quien se abre a la revelación divina; es el verbo de la aceptación de la fe y de la acogida personal de la palabra.

El Evangelio de san Marcos nos narra 18 milagros, el mayor número de milagros que los otros Evangelios; en este Evangelio los milagros tienen la función de conducir al reconocimiento de la verdadera identidad de Jesús: él es el Mesías, el Hijo de Dios (Mc 1,1), lo cual también reconoce el centurión romano al pie de la cruz (Mc 15, 39).

El Evangelio de san Marcos concluye la sección de milagros con los relatos de la curación de un sordo-tartamudo (Mc 7, 31 – 37) y del ciego Bartimeo (Mc 10, 46 – 52). Ellos son la imagen de las personas de todos los tiempos que se cierran a la escucha de las palabras de Jesús, además de que se niegan a ver y a reconocer sus acciones.

La curación de estas personas orientan a pensar que Jesús es el Mesías anunciado desde la antigüedad por los profetas, y que ahora Dios nos habla por medio de su Hijo Jesús (Hb 1, 1 – 2), en él se realiza el cumplimiento de las profecías.

El profeta Isaías había dicho: ¡Ánimo! no teman que ya viene su Dios salvador, “en ese entonces se iluminarán los ojos de los ciegos, y los oídos de los sordos se abrirán. Saltará como un venado el cojo y la lengua del mudo cantará” (Is 35, 5 – 6).

Muchas personas se acercan a Jesús para tocarlo o para que les imponga las manos, sin embargo, la fe en su persona es la responsable de los milagros y curaciones que él hace, lo podemos observar a lo largo de su evangelio; por supuesto, que con una sola palabra basta para que se realice una curación o un milagro (Cfr. Mt 8, 8).

La fuerza y el poder de una sola palabra dicha por Jesús tiene la capacidad para controlar cualquier cosa, incluso la vida, no sólo la salud; de esta forma al sordo y tartamudo le dice “¡Effetá!”, que quiere decir “¡Ábrete!” (Mc 7, 34), y cuando resucita a la hija de Jairo, le dice: “Talita Kum” (Mc 5, 41). Nosotros, escuchemos hoy su voz.

En el documento “Dei Verbum” del Concilio Vaticano II nos invita a descubrir el valor de la Sagrada Escritura: “Es tan grande el poder y la fuerza de la Palabra de Dios, que constituye sustento y vigor de la Iglesia, firmeza de fe para sus hijos, alimento del alma, fuente límpida y perenne de vida espiritual” (DV N° 21).

San Jerónimo nos dice: “Desconocer las Escrituras es desconocer a Cristo”; En Jesús esta la fuerza y el poder de Dios; Jesús está precisamente en su palabra en su Evangelio, allí encontramos su Palabra: viva, eficaz, permanente, actuante, dinámica y siempre actual; Él siempre nos dirá: ¡Ánimo! “Soy yo, no tengan miedo” (Jn 6, 20).

dralvarez_gtz@hotmail.com

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