• Jue. Jun 17th, 2021

DOMINGO II ORDINARIO. Jn. 1, 35-42. “Venid y lo veréis…”.

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  • DOMINGO II ORDINARIO. Jn. 1, 35-42. “Venid y lo veréis…”.

   El día de hoy Jesús nos ha convocado en su casa para compartirnos su luz por medio de su mensaje. Nuestra vida la alimentamos con su Palabra y con la comunión de su cuerpo, los medios para nuestro encuentro con Dios. Darle nuestro tiempo y atención al Señor es convertirnos en sus discípulos. De ello nos hablan hoy las lecturas.

Discípulo, discipulado y disciplina. Hoy el evangelio nos presenta  algo muy importante, la figura del discípulo.  ¿Qué significa ser discípulo? Discípulo es aquella persona que recibe  las enseñanzas de un maestro. Discípulos somos todos los bautizados, porque todos estamos llamados  a conocer a Dios por medio de Jesús y dentro de nuestra Iglesia, no en otro lugar. Somos por el bautismo, discípulos de Jesús, tenemos en Él al maestro a quien debemos darle autoridad sobre nuestra vida a fin de que nos guíe bondadosamente según sus deseos, para un día poder ganar las promesas que nos ha anunciado.

Discipulado es el proceso formativo del discípulo, a lo largo del cual aprendemos algo nuevo, ya sea un oficio para ganar el sustento, o conocer una doctrina que llene nuestra vida espiritual. En el discipulado nos familiarizamos con el maestro,  y amamos un poco más aquello que buscamos. El discipulado nos ayuda a  iluminar  lo que vivimos y poseemos; aquella persona que opina que la misa le parece monótona, aburrida, cansada, es porque no conoce, porque no se ha dado a la tarea de comprender cada parte de este sacramento; quien piensa que el estudio de la Biblia es complicado y la oración una pérdida de tiempo es alguien que no conoce la paz que da el practicarlas porque nunca lo ha hecho.

Disciplina. El discípulo se hace con disciplina, es decir, con orden y constancia. El discípulo no aprende lo que él desea, sino lo que su maestro le indica, y tiene la obligación de comprender. Dios nos pide muchas cosas que se resumen en un mandamiento: mar a Dios y a nuestro prójimo;  con disciplina podemos crecer como discípulos.

La crisis del discipulado. En estos días,  Dios nos hace la invitación a ser sus discípulos, porque no tiene tantos como Él quisiera. Dios tiene creyentes, personas que le conocen, le respetan, que le sirven en la medida de sus posibilidades. Pero Dios quiere discípulos, personas dispuestas a aprender de Él, convencidas de que su Palabra es verdaderamente el camino la verdad y la vida.

No podemos negar que hay una crisis del discipulado por una razón: ser discípulo implica obediencia; y la obediencia exige en ciertos momentos renunciar a mucho de lo que nos gusta, nuestras ocupaciones, diversiones; la obediencia requiere la entrega de nuestro tiempo, y este no lo cedemos con facilidad a menos que nos proporcione algún beneficio.

Quien no obedece no aprende;  quien no se sujeta a lo que dispone el maestro, nunca llegará a conocer la verdad y bondad de lo que se quiere sembrar en Él. Los padres quieren hacer de sus hijos unas personas de bien, si el hijo es un díscolo que cree que todo lo sabe, que solamente sigue sus impulsos,  pretende imitar a sus amigos, y no les otorga a sus padres el respeto debido, se va a convertir en un mediocre o algo peor. Igualmente, quien no obedece a Dios sufre bastante en sus relaciones con los demás, porque no aprende a perdonar, a tener paciencia, a ser tolerante; sufre en su vida espiritual, porque en algún momento de su vida se sentirá vacío con la necesidad de alguien que le consuele y aconseje.

Escribe el evangelista Juan que los discípulos “se quedaron con Él”. Quedarse es permanecer, estar junto a alguien y atender su voz, escuchar. Discípulo es quien tiene por compañía al Maestro, Jesús,  a quien escucha y obedece.

Características del discípulo. ¿Qué es lo que nos convierte en discípulos ante Dios? Primeramente la apertura espiritual. El deseo de búsqueda de algo positivo para nuestras vidas. El discípulo es alguien inquieto que no se siente satisfecho con lo que tiene y busca algo más, algo verdadero y bueno. ¿Tenemos deseos de Dios?, ¿sus promesas nos emocionan y llenan de esperanza el poder alcanzarlas?, ¿tenemos el deseo de llegar a ser verdaderos amigos de Jesús?, ¿o solamente tratamos de cumplir con Él sin mayor entusiasmo? El ser humano siempre debe aspirar a algo más grande y estar dispuesto a luchar por alcanzarlo.

El discípulo tiene que ser fiel.La fidelidad es la entrega confiada a lo que nos habrá de convertir en personas nuevas, llenas de Dios. Es uno de los grandes valores que cuando lo practicamos, le otorga una dignidad sagrada a aquello que poseemos; en el matrimonio es algo indispensable, y las parejas que son fieles convierten su unión en algo admirable gracias a ello; los hijos que son fieles a los principios de su familia obediencia, orden, respeto dentro y fuera de casa se vuelven personas ejemplares ante los demás. El hijo de Dios que en su vida de Fe mantiene su apego a su Señor,  da ante los demás un testimonio muy edificante; nos enseña que seguir a Dios vale la pena.

La disponibilidad para seguir al Maestro. El discípulo llega a serlo  por sus obras; por la disponibilidad que demuestra para obedecer, para cumplir lo que su maestro le indique.  Un buen hijo no es el que se considera como tal o el que desea llegar a serlo, sino el que se da a la tarea de realizar lo que se espera de Él. No todos tenemos la disponibilidad para cumplir con lo que Dios nos pide; se le acercó a Jesús un joven rico, con el deseo de permanecer a su lado, pero la condición que se le dio para ello consideró que no le convenía; Mateo en cambio dejó su empleo, Pedro su barca y redes. ¿Nosotros realmente respondemos a las demandas de nuestro maestro generosamente?

La humildad. El discípulo es alguien dispuesto a aprender; “Aquí estoy, Señor para hacer tu voluntad” (Sal. 39);  hay quienes creen que lo saben todo, que sus opiniones y decisiones son las mejores; hijos que consideran que sus padres no les pueden enseñar nada; hay creyentes que se sienten tranquilos porque no roban ni matan, que afirman no necesitar hacer presencia en la casa de Dios, ni confesar sus pecados.  El discípulo es alguien que busca conocer  el misterio de Dios, no alguien que  solamente desea constatarlo. Nuestras dudas  debemos consultarlas  con el maestro, Él de la mejor manera las despejará.

Paciencia. Debemos tener paciencia, ante lo que no comprendemos o consideramos injusto. Dios no pone a nuestro alcance aquello para lo que aún no tenemos capacidad de comprensión. Los niños son muy curiosos y quieren conocerlo todo, pero sus padres saben  que no todo tiene cabida en su entendimiento. El discípulo debe saber esperar y comprender desde su Fe.

Solamente tenemos un maestro, Cristo; Él reveló una gran verdad y la depositó en esta Iglesia que Él fundó. No busquemos en otros lugares lo que siempre ha estado cerca de nosotros.  A Jesús le encontramos en su casa, que él fundó. Aquí vive hecho sacramento y se nos ofrece en la comunión, nos espera tranquilo en el sagrario para escuchar nuestra oración; vive también en la persona de nuestros hermanos en la Fe, y en ellos debemos descubrirlo y respetarlo.

Ser discípulo de Jesús es una experiencia de vida, que se lleva a cabo con el corazón, no con el entendimiento;  discípulo es el que se siente vinculado con el Maestro por el amor y la Fe.

La vida en Dios, la vida del discípulo no es otra cosa que una amistad profunda y sincera con el Señor y todos estamos invitados a conocerla.