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Domingo de resurrección.

PorENMARCHA.MX

Abr 17, 2022 ,

Domingo de resurrección. El triunfo de la vida.

La cuaresma ha terminado, así como el recuerdo de la pasión del Señor durante los días jueves y viernes de Semana Santa, tiempo que nos llevó a una visión interna de nuestra persona a través de un análisis sobre nuestra conducta como cristianos, con una actitud humilde en la que contemplamos nuestra realidad gracias al amor que el Padre nos tiene. Tuvimos la oportunidad de aceptarnos como somos, reconociéndonos pecadores y convirtiéndonos al Padre; conversión seguida por un arrepentimiento que nos permitió suplicar por la benignidad de su justicia que es su misericordia.

Ahora en domingo estamos festejando la Resurrección del Crucificado, revelación final del proyecto de Dios para el hombre y para el mundo, que no sólo le da sentido a la muerte, sino también a la vida, ya que la resurrección de Cristo define el triunfo de la vida, siendo por ello la cruz no un signo de fracaso, sino el símbolo del amor, del compromiso y de la entrega radical al Reino, pues la Resurrección de Cristo es la plenitud de la Encarnación del Hijo de Dios según el designo eterno del Padre.

La muerte física es el destino común de la humanidad, pero la fe en Cristo restituirá al creyente la vida en la Resurrección. Por eso, para el cristiano los efectos de la resurrección ya están, porque Jesús dijo: “Yo soy la Resurrección…” y el que crea en Él, poseerá desde ahora la vida eterna. La muerte física en nada le puede afectar, entonces como francisco de Asís podremos decir: “Loado seas, mi Señor, por nuestra hermana la muerte corporal…”

Así como el sacrificio del Crucificado que nos redimió con Dios, se hace presente en la Eucaristía, fuente y alimento de nuestra conversión. La acción de la Resurrección del Señor se hace presente cuando la justicia triunfa sobre la pasión de dominar, cuando la gracia supera la fuerza del pecado, cuando los hombres provocan reacciones fraternas en la convivencia social, cuando el amor supera el egoísmo, en fin, cuando Cristo resucitado vive en el corazón de sus fieles.

El Catecismo de la Iglesia dice que por la Resurrección de Cristo ha surgido para nosotros un nuevo día, el octavo. En el séptimo día termina la primera creación y en el octavo comienza la nueva, inaugurada por la resurrección de Cristo.

Reflexionemos y meditemos sobre nuestro octavo día, porque suele suceder que nos pasamos por la vida lamentándonos y quejándonos, dando pasos de vencidos, sin darnos cuenta al igual que los discípulos de Emaús, que el Resucitado nos acompaña esperando que lo conozcamos.

Insisto que sigamos reflexionando sobre la Resurrección del Señor y además sobre nuestro compromiso como cristianos, pues si confesamos que Jesús es el Señor, entonces ¿por qué permitimos que nuestro país esté tan lejos de su señorío y toleramos que nos gobiernen políticos fraudulentos y corruptos?, ¿por qué permitimos tanta injusticia y desigualdad social?, ¿por qué permitimos la destrucción o distorsión de los valores morales que hacen los medios de comunicación?, ¿cuándo abandonaremos la prudencia, esa falsa prudencia que nos lleva a cometer pecados de omisión y de acallar los gritos de los hambrientos y oprimidos?

Meditemos sobre lo anterior y confesemos con valentía el que Jesús Resucitado es el Señor, que tiene soberanía sobre todo lo creado, sobre nosotros, porque Él es la razón de la existencia, el Señor de señores, y si lo confesamos sin miedo, entonces habremos recuperado el valor de los cristianos y vivir nuestro octavo día.

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