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Cada sacerdote es precedido de una madre

PorENMARCHA.MX

Jul 23, 2021

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Independientemente de la edad y de estado civil, todos pueden convertirse en madre para un sacerdote y no solamente las madres de familia. Es posible también para una enferma, una muchacha noble, o para una viuda. De forma particular esto es válido para las misioneras, y las religiosas que ofrecen toda su vida a Dios por la santificación de la humanidad. ¡Hasta nuestro Santo Padre (Juan Pablo II) ha agradecido a una niña, la beata Jacinta de Fátima por su ayuda materna en su elección papal!

Un hecho es cierto: cada sacerdote es precedido de una madre. Justamente San Pío X ha dicho: “¡Cada vocación sacerdotal viene del Corazón de Dios, pero pasa a través del corazón de una madre!” Esto lo demuestra particularmente bien la vida de Santa Mónica. San Agustín, su hijo, que a la edad de 19 años como estudiante de Cartago había perdido la fe, ha escrito en sus “Confesiones”:

“…Tu has extendido tu mano de lo alto y has arrancado mi alma de estas densas tinieblas, porque mi madre, fiel tuya, lloraba por mí más de lo que lloran las madres con la muerte física de sus hijos… sin embargo, aquella viuda casta, devota, sobria, de aquellas que Tú prefieres, ya con más ánimo por la esperanza, pero no por esto menos fácil al llanto, no cesaba de llorar delante de ti, en todas las horas de oración”.

Después de su conversión, él le ha dicho con gratitud: “Mi santa madre, tu sierva, no me ha abandonado. Ella me parió con la carne a esta vida temporal y con el corazón a la vida eterna.”

Durante sus discusiones filosóficas, San Agustín quería siempre con él a su madre; ella escuchaba atentamente, algunas veces intervenía con un parecer delicado o, con la admiración de los estudiosos que estaban presentes, daba también respuestas a cuestiones abiertas. Por eso no nos sorprende que San Agustín se declarara su “¡discípulo en filosofía!”.

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