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Amor maduro, ¿qué es?

PorENMARCHA.MX

Feb 9, 2016

El amor maduro, la adhesión profunda al otro como persona querida en su integridad, produce siempre el deseo sincero de ayudarle respetuosamente a alcanzar su verdadero bien. Hay mil modos de ayudar al amado, manteniendo el necesario respeto de su libertad: el ejemplo personal, una palabra de estímulo, el diálogo franco que invita a superar los defectos y límites superables…

El amor verdadero lleva al deseo sincero de superarse como pareja, de crecer en el amor, viviendo una relación profundamente humana y cristiana. Ese deseo se traducirá en un esfuerzo por elevar el mutuo amor, procurando que sea cada vez un amor más auténtico; es decir un amor en el que se integren realmente los tres niveles del ser humano: el nivel físico, el psicosocial y el espiritual.

Por tanto, superarse como pareja significa tratar de no reducirse a una relación puramente sentimental. Los sentimientos son importantes, pero no son la esencia del amor; un noviazgo construido sólo sobre emociones y sensaciones sentimentales llevará al fracaso, precisamente por la inestabilidad y «ceguera» propia de los sentimientos.

El amor maduro y fuerte es aquel que ama a la persona total y de manera total. Eso incluye el amor erótico o sexual (eros), el amor filial o de amistad y, por supuesto, el amor ágape (amor espiritual), que es ese amor altruista y benigno que ama a pesar de… El amor ágape es el integrador del amor eros y fileo; los libera de la posesión egoísta con la dedicación, el servicio, la generosidad y el perdón. El amor eros y el amor fileo necesitan exigir dar y recibir, una reciprocidad; pero el ágape no. Por eso cuando fallan el eros y el fileo, el ágape sostiene, completa, complementa y suple las carencias y limitaciones de estas dos categorías de amor.
El amor ágape no sustituye al amor eros ni al amor fileo. Estas dos categorías de amor son necesarias en la vida matrimonial, pero necesitan de la fuerza que proporciona el amor ágape. El eros y el fileo son como los ríos que desembocan en el mar (ágape). Necesitan ir al mar para renovarse. Cuando se da lugar a esta dinámica en la vida matrimonial, entonces, el eros y el fileo adquieran una dimensión más plena.
Pero todos estamos llamados a vivir en el amor maduro – esa actitud de donación, respeto y deseo por el bien del otro –no es exclusivo de los esposos o novios; también se vive en los amigos, los padres, los hijos; el prójimo.

 

Cuatro tipos de amor en la lengua griega

La lengua griega, utilizada en el Nuevo Testamento, distingue cuatro tipos de amor:

  1. El amor ‘erao’ (eros), amor de deseo, atracción, pasión. Deseo de poseer el amado. Ej. El hombre que se siente atraído a una mujer y desea ser correspondido.
  2. El amor ‘stergo’, el amor familiar, ejemplo: de una madre a sus hijos. Los cristianos deben amarse mutuamente con amor de familia. «Ámense (stergo) cordialmente los unos a los otros» (Rom 12,10). Los cristianos deben sentirse miembros de una misma familia.
  3. El amor ‘fileo’. Amor de amistad. «Señor, aquel a quien tú quieres (fileo) está enfermo» (Jn.11, 2); «Al otro discípulo a quien Jesús amaba (fileo)» (Jn 20, 2). «Ustedes son mis amigos (filos) si hacen lo que yo les mando» (Jn.15, 14).
  4. El amor ‘agapao’ (ágape) El amor de la caridad. No espera nada en retorno. Es un amor abnegado y sacrificado. Ama aun cuando no es correspondido y cuando no siente el deseo. «Sabiendo Jesús que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos (agapao), los amó hasta el extremo» (13, 1); «Como el Padre me amó, yo también los he amado (agapao). Permanezcan en mi amor» (Jn.15, 9); «Nadie tiene mayor amor (agapao) que el que da su vida por sus amigos» (Jn.15, 13).

El Papa Benedicto XVI, en su encíclica ‘Dios es amor’, describe el amor ‘eros’ y el ‘ágape’. Enseña que el amor ágape puede purificar el amor eros sin extinguirlo. Cuando el amor ágape ordena todos nuestros amores, entonces llegamos al amor maduro.

El amor perfecto es el de Jesucristo y al unirnos a Él podemos alcanzarlo. El amor de Jesús hacia nosotros es ágape y eros. Es ágape porque se entrega por nuestra salvación y es eros porque nos ama con pasión y desea nuestra respuesta.

Así, amar es asemejarse a Dios. Pero para poder madurar en el amor hemos de esforzarnos por ser mejores cada día, amarnos para poder amar. Recordemos el mandamiento del Señor: “Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente”; y, “ama a tu prójimo como a ti mismo” (Lc 10, 27).

            La medida del amor: No es suficiente amar según nuestra idea de lo que es amor, conceptos muchas veces creados por la modernidad, el consumismo y el marketing. Jesús nos manda a amar como Él amó: Este es el mandamiento mío: que os améis los unos a los otros como yo os he amado (Juan 15,12). Jesús crucificado es la revelación más perfecta del amor.

Fuentes: Catholic.net, corazones.org,

Encíclica ‘Deus Caritas Est’.

*Material del programa ‘En tu mano está’
Producción: Secretariado de Comunicación Social Diocesano (Secoms).
Transmisión: Por Telemax, domingos, 8:00 am

EN TU MANO NUEVO

Siete consejos para un matrimonio maduro

El verdadero amor busca en el otro no algo para disfrutar, sino alguien a quien hacer feliz.

Por: Ricardo Ruvalcaba | Fuente: Equipo Gama

  1. El matrimonio es para amar, y amar es una decisión, no un sentimiento. Amar es donación. La medida del amor es la capacidad de sacrificio. La medida del amor es amar sin medida. No olvides: amar ya es recompensa en sí.
  2. El amor verdadero no caduca. Se mantiene fresco y dura hasta la muerte, a pesar de que toda convivencia a la larga traiga problemas. El amor ama hoy y mañana. Los matrimonios son como jarrones de museo: entre más años y heridas tengan, más valen, siempre y cuando permanezcan íntegros.
  3. Toda fidelidad matrimonial debe pasar por la prueba más exigente: la de la duración. La fidelidad es constancia. En la vida hay que elegir entre lo fácil o lo correcto.
  4. Séneca afirmó: “Si quieres ser amado, ama”. El verdadero amor busca en el otro no algo para disfrutar, sino alguien a quien hacer feliz. La felicidad de tu pareja debe ser tu propia felicidad. No te has casado con un cuerpo, te has casado con una persona.
  5. El matrimonio no es “martirmonio”. De ti depende que la vida conyugal no sea como una fortaleza sitiada, en la que, según el dicho, “los que están fuera, desearían entrar, pero los que están dentro, quisieran salir”.
  6. El amor matrimonial es como una fogata, se apaga si no la alimentas. Cada recuerdo es un alimento del amor. Piensa mucho y bien de tu pareja. Fíjate en sus virtudes y perdona sus defectos.
    7. Para perseverar en el amor hasta la muerte, vive las tres “d”: Dios, diálogo, detalles.

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