• Vie. Sep 17th, 2021

A 102 años de la llegada del obispo Juan Navarrete a Sonora (1919-2021)

Por Pbro. Armando Armenta Montaño

El pasado 9 de julio se cumplieron 102 años de la llegada a Sonora del obispo Juan Navarrete y Guerrero. Había sido consagrado obispo el 8 de junio en Aguascalientes, por el obispo Ignacio Valdespino y Díaz, el cual fue obispo de Sonora entre 1902 y 1913. Entró a la diócesis por Nogales, Arizona, posiblemente después de haber hecho algún viaje a Estados Unidos, en donde estuvo desterrado entre 1914 y 1917. Llegó acompañado del padre Nicolás Corona, quien  practicaba el catolicismo social al igual que don Juan, y que después sería nombrado obispo de Papantla.

Fueron a recibirlo a la estación del tren del otro lado de la frontera, los padres  Martín Portela, cura de Hermosillo y Vicario Administrador en Sede Vacante (1913-1919), el francés Mateo Deyrieux y José María Pablos, párroco de Nogales. A los tres les pareció muy joven el nuevo obispo, demasiado joven. En efecto, Don Juan cumpliría 33 años el 12 de agosto de ese año.

Hay una foto, la primera que le tomaron después de llegar a Nogales, en donde el obispo sale acompañado de los sacerdotes Corona y Mateo en las ruinas de la antigua misión franciscana de Tumacacori, ubicada  entre Nogales y Tucsón. Ese posible paseo fue el primer contacto que tuvo el obispo con una construcción y la herencia misional en la región.

La llegada a Hermosillo tuvo lugar el 12 de julio. Se celebró una misa en Catedral, “ante el regocijo de los fieles”. Hacía seis años y medio que la diócesis de Sonora no tenía obispo, debido posiblemente a los conflictos que trajo la revolución mexicana.  El 16 de julio el padre Portela entregó al obispo las escrituras de algunos edificios y templos de la ciudad, unos ahorros y un informe del estado pastoral de la diócesis.

Don Juan encontró una situación difícil en el estado y la diócesis. Había inestabilidad política y la pugna entre facciones revolucionarias. Una profunda crisis económica se expresaba con pueblos  en ruina,  especulación en el comercio, la escasez de alimentos y empresas  paralizadas. La lucha armada provocó daños en vías férreas, casas  y edificios; abundaban las viudas, los huérfanos, desamparados y mutilados de guerra. Predominaba asimismo la inseguridad. Los yaquis se levantaron de nuevo en la lucha por las tierras y los mayos se inquietaban.

A nivel religioso, don Juan llegó a una iglesia en ruinas como las de Tumacacori. Escasez de clero (19 sacerdotes); algunos sacerdotes ancianos y enfermos. Falta de atención pastoral e ignorancia religiosa en niños y adultos. Los sacerdotes apenas habían regresado del destierro y no había seminario. Hostigamiento por parte del gobierno.

Debido al calor en Hermosillo, don Juan se trasladó a Nogales para empezar la visita pastoral. Realizó  una misión a la que asistía gente de ambos lados; para el día 25 había organizado la “Sociedad de Catequistas de Sonora” y estableció el apostolado de la oración. Recomendó al padre Pablos terminar la construcción del templo, llevar bien los libros de registro y hacer lo posible por fundar escuelas católicas. Así empezó el obispo Navarrete su acción apostólica en Sonora para “calentar este hielo espantoso de los fronterizos”, según le escribió desde Nogales el 29 de julio a la madre Virginia W. Fisher, a quien pedía oraciones por el éxito de la misión.  

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