Archivos de la categoría: Desde Agua Prieta

29Ago/16

La alegría de ser Iglesia, de ser católicos…

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Por Blanca Julia de Hurtado

Días atrás me desperté con una gran sorpresa; un mensaje del padre José Luis Cerra de la Diócesis de Matamoros. – Ya les había mencionado en un artículo anterior sobre la amistad que había iniciado con algunos sacerdotes de Matamoros, Tamaulipas el día de la celebración donde recibió monseñor Ruy el Palio Arzobispal, y después, el padre Eduardo Contreras, nuestro vicario general, nos invitó a comer a todos; fue ahí, donde me tocó la dicha de convivir con estos sacerdotes –.

Fue una comida muy amena donde parecía que hacía mucho nos conocíamos, compartimos experiencias de iglesia, nos reímos mucho y nos despedimos con algo de nostalgia, pensando en cuándo nos encontraríamos de nuevo…

Así que al recibir su mensaje, donde me dice que tal vez nos veamos aquí en Hermosillo, o si no, quizá algún día, de nuevo en Roma… seré un poco indiscreta, pues deseo compartirles y transcribirles algo de su mensaje que creo les conmoverá, y respondamos como él nos pide, pues siento que ellos ahorita, están tratando de superar la ausencia de su ‘papa – obispo’; extrañan a su pastor, pero con gusto nos lo entregan con la esperanza de que sea don Ruy tan amado y respetado como lo es en Matamoros.

Aquí les va, como se despide: “…Yo les doy tus saludos a los muchachos de tu parte. Pedimos a Dios que don Ruy, establezca entre todos los miembros de la comunidad, relaciones de exquisita caridad. Bendiciones”.    

En verdad que se me hizo un nudo en la garganta, y la piel se me puso ‘chinita’ ante su reclamo de caridad para don Ruy de parte nuestra… 

Ahora nos toca, apoyar, amar y respetar a este gran ser humano que viene en obediencia, a ser nuestro pastor.

No olvidemos que don Ruy, en estas escasas semanas, ha dejado atrás a su Iglesia particular; ha dejado grandes afectos; ha dejado a sus amados sacerdotes e infinidad de amigos; ha dejado su casa, su rutina, hasta su cocina, y mil cosas más… así que lo menos que podemos hacer, es ser discretos y prudentes pero siempre presentes para cuando él nos necesite, ¡sin caer en el acoso o agobio! Y es tan común, caer en esto último, cuando queremos hacer sentir bien a las personas, ¡y nos vamos al extremo! 

Démosle su tiempo y su espacio, para que nuestro Pastor, vaya descubriendo en cada uno de nosotros… nuestros dones o carismas, y sea él quien nos diga en qué lugar le podemos apoyar.

Por último, les quiero compartir una experiencia donde nos reímos mucho a la hora de esta comida tan comentada. Estaba entre los sacerdotes de Matamoros, el padre Mago, no recuerdo bien si Rector del Seminario de Matamoros, y en algún momento empezamos a platicar de nuestras respectivas diócesis, donde por supuesto no podía faltar el tema de los seminaristas, y en eso, él busca en su celular una foto y me la muestra con muchísimo orgullo y yo, en verdad, con mi sinceridad más grande, le dije: “¡Ayyy, Dios mío…!” – El padre Mago me ve con orgullo, antes de yo terminar mi frase – y yo añadí: “¡Qué verde!”… Entonces desapareció su cara de orgullo, y me dice muy humilde: “¡Y esos edificios que están en lo verde, son nuestras instalaciones del Seminario!”… Todos soltaron una sonora carcajada, al tiempo que yo le explicaba que aquí en Sonora no estamos acostumbrados a ver tal cantidad de jardines y césped y que estaba segura que si mostraba la imagen a cualquier persona de Sonora, antes de fijarse en aquellas bonitas instalaciones, lo primero que le llamaría la atención, sería ¡lo ‘verde’ del Seminario de Matamoros!    

Después empezó la broma y para todo… los padres me decían: “está muy bonito, porque está muy verde”. Así transcurrieron las horas en una gran alegría compartida, donde una vez más, sentía lo hermoso de ser católicos: universal; no importa dónde vivas o de dónde sea tu comunidad de iglesia… en todo el mundo, nos podremos sentir en casa, al igual que don Ruy, muy pronto se sentirá en casa con nosotros, ¡como su familia! 

 

blancajulia48@hotmail.com

20Abr/16

¡La misericordia del Señor!

por Blanca Julia Salido de Hurtado

Recuerdo cuando estaba niña, nos decían en el colegio que los confesionarios estaban llenos de sapos, víboras, culebras y en ocasiones uno que otro dragón, echando lumbre por la boca.

Creo entender por ello, mi pánico al confesionario; ese pensar en entrar como a una cámara de tortura, donde el sacerdote… ¡sacaba esos reptiles de nuestro corazón por la boca!

También otro error que cometo, es pasar de largo y sin voltear ni un centímetro hacia él, pues podría el sacerdote verme y darse cuenta que traigo sapos asomándose por mi boca.

Y así, han pasado muchísimos años en los que compadecía al sacerdote, por recibir tanto sapo y culebra, e imaginándolo con ellos dentro de un saco, con el que tenía que cargar todo el tiempo.

Increíble lo que es nuestra mente y las tonterías que dejamos que nos quiten la Paz.

Y hasta ahora, en este Año de la Misericordia y el Perdón, reaccioné un día al pasar por el confesionario y ponerme ‘chinita’… pero esta vez no por miedo, pues en ese momento sentí una gran paz… como si aquel confesionario estuviera lleno de luz y me invadió el amor y el agradecimiento a este Padre Misericordioso que constantemente derrama su amor y su perdón por medio del Sacramento de la Reconciliación.

Es increíble ya no pensar en este ‘cuartito’ como un lugar donde me juzgarán, sentenciarán o torturarán, sino en un lugar especial que tenemos en todos nuestros templos, donde minuto a minuto se derrama esplendorosamente la Misericordia del Señor, dándome esa paz interior que sólo se consigue estando en estado de Gracia; una Gracia que es, como la palabra lo dice, ‘Gratis’… solo necesitamos pedirla.

Que si “¡Qué vergüenza con los mismos pecados de siempre!”, pues sí… somos los mismos, con nuestras mismas flaquezas y debilidades,  además, importa más que esas constantes caídas el que nos tomemos de la mano del Señor para levantarnos… ¡Malo que nos quedemos caídos!

Hace unos días, conviviendo con unos amigos, entre ellos el padre Eduardo Contreras y el padre Julián, les compartí este sentimiento ‘nuevo’ respecto al confesionario y el padre Eduardo, sonrío con ternura y me dijo algo así como: “el Tribunal de la Misericordia” y añadió el padre Julián algo como: “el Trono del Perdón”.

Cómo agradezco al Señor, esa paciencia y ese amor con que me recibe después de cada caída, Él me ama, me perdona y está dispuesto a abrirme sus brazos siempre, lo único que necesito es querer… ¡querer brincar a sus brazos y acurrucarme en su pecho como lo hacía el Apóstol Juan!

            “……. Y penetró en el santuario una vez para siempre, no con sangre de machos cabríos ni de novillos, sino con su propia sangre, consiguiendo una redención eterna”, (Heb 9, 12).

blancajulia48@hotmail.com

16Mar/16

¡Ya Comeremos Capirotada!

¿Por qué los Días de ‘Portarnos Bien’ Inician y Terminan con la Cuaresma? 

Por Blanca Julia Salido de Hurtado

Hace muchos años, en un caluroso y seco mes de julio, visitamos Nácori Chico; un pueblo ubicado en lo alto de la sierra sonorense que colinda con el Estado de Chihuahua.

En el lugar, nos hospedamos en casa de ‘las Ruices’. Una hermosa familia que vive frente a la plaza, a un lado de la iglesia de santa Rosa de Lima. Ahí nos dieron la bienvenida diciendo: “Blanquita, dígame qué quiere comer mañana”.

Sin pensarlo les dije: “‘Chicos’, tortitas de huevo en chile colorado y capirotada”, al tiempo que soltaba una carcajada. Pero, cuál sería mi asombro al despertarme al día siguiente por el sabroso olor de pan horneado y del café tostado en casa. Por supuesto me levanté de inmediato.

En la casa ya estaban algunas personas que temprano habían ido a saludar a santa Rosa al templo y al Santísimo Sacramento; y que al salir llegaban a saludar a la familia Ruiz. Yo estaba en mi ‘mero mole’: tomando café, comiendo tortillas recién saliditas del comal con requesón. Al momento que mi olfato se llenaba del sabroso olor a pan, mismo que se aderezaba con las pláticas de ‘Chico Villa’ y muchos señores más.

En la charla me empezaron a ‘chotear’ por el menú que había pedido, pues en pleno julio yo quería ¡capirotada, chicos y tortitas con chile! Y lo que es más asombroso, Ana y María se habían puesto a hornear pan, para la capirotada, en su estufa de leña. Pero ellas no estaban solas, desde su silla y frente a su taza de café, ‘la Kela’ las dirigía.

¡Qué amor de personas!, con aquellos calores y cumpliendo un capricho. En verdad yo lo había dicho de broma, pero me dejé querer.

¿Por qué me acordé de este detalle? Me quedé pensando sobre esto porque antes esperaba que llegara la Cuaresma para empezar a ir a Misa diaria, por ser un tiempo especial. Pero no entiendo por qué espero el inicio de este Tiempo para hacerlo.

Si por muchos años asistía a Misa diaria y me hacía sentir tan bien… ¿En qué momento lo dejé de hacer? ¿Por qué para luchar por mi conversión tenía que esperar a la Cuaresma? ¿Por qué los días de ‘portarme bien’ inician y terminan con la Cuaresma? ¿Acaso estoy robotizada o programada para esto?

Navidad, tiempo de compartir; después de esta fiesta que no se me acerque nadie. Luego, periodo de penitencia y conversión por cuarenta días para ‘descornarme’ en la Semana Santa.  ¡Realmente no lo entiendo!

Si Ana y María Ruiz, comandadas por la Kela, pudieron romper con la tradición y hacer capirotada en julio para darle gusto a una amiga. ¿Por qué yo no puedo hacer que mi tiempo de compartir y de penitencia se extienda todo el año, para el bien de mi alma y de mi prójimo?

Hagan capirotada aunque no sea Cuaresma, ¡y me invitan!

           

“… pero convenía celebrar una fiesta y alegrarse, porque este hermano tuyo estaba muerto, y ha vuelto a la vida; estaba perdido y ha sido hallado…”, (Lc15, 32)

 

blancajulia48@hotmail.com

 

01Mar/16

¡Aquí estoy Señor!

Por Blanca Julia de Hurtado

Hace casi treinta años, me dijo mi párroco al salir de la Eucaristía dominical: “Blanca Julia, te necesito como Ministro Extraordinario de la Comunión”. Con una carcajada, (por supuesto que irrespetuosa), le respondí: “Ay padre, cómo se le ocurre, si yo no soy digna”.    Él únicamente me dijo: “¡Si Hubiera que ser digno para dar la Comunión, simplemente no habría quien la diera!”. Nunca volvió a mencionar el tema.

Esto, me sirvió para analizar lo que es un MEC (Ministro Extraordinario de la Comunión) en verdad que los admiro cada día más, pues se ponen como ‘corderitos’ en la mira de las críticas y juicios de quienes jamás adquieren un compromiso pastoral.

Pasaron muchos años, y todavía recuerdo, aquella mañana dominical en que me negué a ser un conducto para que Cristo llegara a muchos corazones; una espinita que siempre me pica muy hondo.

Dentro de estos años, no faltó el escuchar críticas sobre el tema: “¿Cómo puede dar la Comunión, si es tal o cual cosa?”. O también: “Yo con ese Ministro, prefiero no comulgar”. Con expresiones como la primera, estoy segura que es una manera de disculparse por no tomar ellos mismos un Ministerio como este, y para los segundos, muchas veces salí disgustada con estas personas, pues en ocasiones les comenté que lo que yo veía, es que no sabían el valor real de recibir a Cristo por medio de la Eucaristía, pues sólo se fijaban en el conducto, en lugar de apreciar en toda su grandeza Quién es al que se recibe, ¡Quién venía a ellos!

Mucha polémica, muchas defensas de parte mía hacia los Ministros, pero muy poca respuesta a aceptar la responsabilidad de convertirme en un ‘MEC’.

Ahora, ante el llamado de mi párroco, el padre Eduardo, ¡le volví a ‘sacar’!

“Padre, es que con Roque (mi esposo), nunca puedo saber si voy a estar dispuesta”

Y si busco pretextos, voy a encontrar muchos; y la espinita que se me clavó en mi corazón hace treinta años, ¡ahora se convirtió en una estaca! Una estaca que me recuerda constantemente que me le volví a ‘rajar’ a Cristo en la persona del padre Eduardo…

Que si es porque trabajo… Yo no he visto que un Ministro, ¡no tenga que trabajar!

Que si salgo de la ciudad porque mis hijos viven fuera… Eso tampoco es pretexto, porque hay hermanos Ministros que con gusto me suplirían cuando yo saliera…

Que si no valgo nada para ser portadora de Cristo?… jajaja… ¡valgo la Sangre Preciosa de Cristo que se derramó por mí!

Que si me critican… Hace tiempo que me dejó de preocupar que me criticaran…

Que si un día amanecí sintiéndome de lo más ruin… Que mejor medicina que ser portadora del Cuerpo de Cristo, ¡para retomar mi valor!

Y pueden surgir muchos más “que si”, pero para todos habrá una solución hermosa; ¡no quiero sacarle más! Quiero ser valiente y decir: “Aquí estoy Señor, te escucho, ¿dónde me necesitas?

Pero necesito de Ti, necesito que me quites la sordera de mi alma, y esa cobardía que me brota cuando se trata de aceptar los compromisos que tenemos todos los bautizados.

Como decía San Agustín: “Señor dame lo que me pides, ¡y pídeme lo que quieras!…

“…Pero levántate, y ponte en pie, pues me he aparecido a ti para constituirte servidor y testigo, tanto de las cosas que de mí han visto como de las que te manifestaré…”, (Hch 26,16).

Así, que a dejar la comodidad de mi sillón hundido con la forma de mi cuerpo, y a decir sí, ¡aquí estoy padre Lalo!

blancajulia48@hotmail.com

 

20Feb/16

Enfrentándome a mí misma

¡Dios mío!… He dejado pasar los años sin hacer un balance de ellos

Por Blanca Julia de Hurtado

Tal vez me cueste trabajo darme a entender con tantas marañas que traigo en mi cabeza.

Empezaré por platicarles que me picó el mosco del chikungunya desde octubre pasado, y después de una semana en cama y otra sin salir de casa, sigo con muchos dolores, problemas al caminar y sin poder cargar cosas pesadas, pues las muñecas de mis manos no me responden.

Sigo con mis enredos…  tengo una sobrina que vive en México, ella es actriz, y al terminar de grabar una novela en la que participó, nos invitó a sus tías y primas para celebrar, ¡así que a disfrutar con algunas de las ‘viejas’ de nuestra familia!

A mí me tocó estar en un cuarto con mi nuera Ana y sus dos hijas, de 7 y 5 años. Mejor compañía no pode tener. Una mañana, después de un día previo muy pesado aún con dolores por el chikungunya, me dice Ana al levantarnos: “¿Cómo amaneciste Tía?”. Con voz lastimera, contesté: “No creas que pase buena noche, no dormí muy bien”. Se levantó mi nieta Julia de 5 años, se puso las manos en la cintura y me dijo: “No creo que no hayas podido dormir, pues no dejaste dormir con tus ronquidos”.

Hace unos días, vinieron mis amigas de Biblia a visitarme, a las 5:30 de la tarde y dijeron: “Ay, vámonos ya, no nos vaya a oscurecer, y que miedo”.

¿A dónde me llevan estas tres reflexiones en tan sólo una semana de mi vida?

Bien…El dengue; he visto a muchos que les dio y máximo en un mes, están bien; lo único diferente entre ellos y yo, ¡es la edad!

El tremendo caso para mí… de la roncada y de lo cual no estaba enterada, ¡es de nuevo la edad!… ¡No me di cuenta hace cuantos años, empecé a roncar!

En la visita de mis amigas, que corrieron ante el temor de que les oscureciera, no me había dado cuenta que hace algunos años no salimos de casa, si nos va a oscurecer antes del regreso… De nuevo la causa: ¡es la edad!

¡Dios mío!… He dejado pasar los años sin hacer un balance de ellos y sin pensar en que ya queda muy poco para rendir cuentas de mi estilo de vida y de mi honestidad, ¡ni qué decir de la fraternidad y la caridad!

Por lo pronto, dejo mis cuentas para mí y los invito también a hacer un alto para pensar en el camino recorrido…

Y olvidándome un poquito de mí y metiéndome (ya sé que no me importa) en la vida de los demás, me atrevo a decir a algunas personas:

¿Te has visto al espejo últimamente, sobretodo recién levantado?  ¿Al levantarte de la cama, has recapacitado en lo difícil que es dar los primeros pasos por el dolor? ¿No te has sorprendido, subiéndote al camellón cuando manejas, porque ni siquiera distingues ese camellón? También, no creo que no te hayan llamado la atención alguna vez ¡por traer la ropa al revés!… ¿Y qué tal un zapato o un calcetín de diferente color?

Por eso te pregunto:

¿Crees que te queda mucho tiempo para disfrutar de los bienes obtenidos en un acto completamente deshonesto y doloroso para tus víctimas? ¿Te has puesto a pensar en lo vergonzoso que puede ser para tu familia ese proceder tuyo?

Pero sobretodo, canosas o calvos, con muchos o pocos años, con la ropa de  marca (pero puesta al revés) o con dolores y achaques que tratamos de disimular, ninguno nos escaparemos de rendir cuentas a Dios… por eso hoy le hablo a las personas que se encuentran en una situación así: Por un momento anímate y ve directo a los ojos de una de tus víctimas y si después de hacerlo sigues en la misma posición, ¡qué miedo me das!… Y, antes de tomar una decisión que nos haga dudar, veamos de frente a Dios con honestidad en nuestros corazones y seguramente sabremos si es bueno o malo lo que vamos a hacer.

¿Qué son unos cuantos pesos más ante una eternidad de soledad?

Bueno, ya les pasé mis embrollos y yo sigo igual, pero me sirvió reflexionar con mis supuestos consejos a ustedes.

Ah, y a propósito de caridad y fraternidad, ¿ustedes ya apoyaron a esos cientos de niños qué tanto nos necesitan del Instituto Kino? Algo podemos hacer…

 

blancajulia48@hotmail.com

 

11Feb/16

“Un sacerdote para mi enfermo”

Es increíble lo que nos puede afectar el estar alejados de Dios.

 Por Blanca Julia de Hurtado

Son muchas las ocasiones que me han pedido ayuda para que un sacerdote acuda a dar ‘Auxilio  Espiritual’ a alguna persona querida por ellos.

Ante esto, yo ‘muero’ de la vergüenza cuando acudo a ese sacerdote… para decirle: “Padre, me podría hacer el favor de visitar a una persona que necesita la ‘Unción de los Enfermos’… pero…  (Aquí viene mi vergüenza más grande)… hágase como que anda dando la vuelta o visitando a otros enfermos y se le ocurrió acercarse a preguntar si no quisiera recibir los ‘Santos Óleos’, ¡para que no se asuste y se vaya a poner mal!”.

¡Si mal ya está!…Entonces, ¿para qué está el auxilio espiritual?

Tampoco entiendo, porque se ha de asustar si lo que más desea uno, es la Paz en nuestra alma y el sentirnos en paz y armonía con Dios, es lo más grande que podemos sentir y vivir. Y, tal vez con esa paz, podamos también alcanzar la salud del cuerpo porque es increíble lo que nos puede afectar el estar alejados de Dios.

Cuando alguien en mi familia ha estado enfermo, lo primero que hago es buscar la visita de un sacerdote y después averiguo si se asustarán o no con su visita, y si así fuera, pues ya se irán muy en paz y todos a quienes les envío este gran regalo se llenan de alegría aun desde el dolor de su cuerpo… al recibir a CRISTO por medio del sacerdote.

He pensado mucho sobre esto, y he llegado a la conclusión que solamente cuando no hemos vivido cerca y dentro de nuestra fe, es cuando puede venir ese ‘miedo’,  tal vez el temor es a enfrentarnos a nuestra irresponsabilidad y no poder decir: “Señor, se que te falle en múltiples ocasiones, pero estuve en la lucha y eso te consta”.

¡Ahora estamos a tiempo! Nunca es tarde para recapacitar y acercarnos a Dios por medio de nuestra Iglesia y así el día que nos toque rendir cuentas no lleguemos con excusas y temores mal fundados, pues aunque fallemos constantemente, siempre está este Padre Misericordioso dispuesto a darnos su Mano.

Él, derramó su Sangre por nosotros y ese es ni más ni menos nuestro valor: ¡LA SANGRE BENDITA DE CRISTO!…Y a ejemplo de San Pablo, sintámonos apreciados, amados y fundemos nuestra autoestima en el valor de la Palabra de Dios…

San Pablo derivaba su propia estima de la grandeza del Evangelio que predicaba, y por eso la mantenía también y la manifestaba en público cuando se trataba, no ya de su persona, sino de la sagrada misión que llevaba y proclamaba… y exigía un tratamiento digno para sí como representante de la causa del Evangelio y ¡sabía portarse con dignidad!

Por este ejemplo de PABLO, a quien se ve como el ‘patrón’ de la autoestima, debemos decidirnos a olvidar la frasecita de ‘yo no soy digno’, mal entendida, para dar paso a esa seguridad de ser un hijo muy amado por Dios, y en nuestros últimos momentos es, cuando menos debemos sentirnos indignos para pedir nuestro Auxilio Espiritual.

blancajulia48@hotmail.com

03Feb/16

Temor a mi Agenda

Hace tiempo, observaba cómo un querido amigo sacerdote revisaba con ilusión su agenda y hasta podía sentir cómo ‘saboreaba’ cada hora que pasaría trabajando para Dios, atendiendo a las almas… pero cuantos hay que, como yo, no saben qué hacer con su día…

Por Blanca Julia de Hurtado

 

Recordé los muchos años que trabajé en mi parroquia, en Agua Prieta, y cómo un día antes revisaba mi agenda con gran ilusión para ver qué haría al siguiente. Algo que hoy hago con miedo y que me llena de desilusión al verla en blanco.

¿Qué es lo que me pasa? Y no es que me pase el día sin hacer nada, por el contrario, en ocasiones son agotadoras mis jornadas, pero les falta algo. Y comprendo que ese ‘algo’, es ofrecérselas a Dios.

¿De qué me sirve desgastarme trabajando tanto, y en ocasiones en cosas muy agradables a Dios, si las hago enojada, sintiéndome obligada? Cuando en realidad sé que no me cuesta mucho trabajo retomar mi actitud siempre positiva ante la vida, sin importarme si los demás cumplen o no con sus responsabilidades.

Me está ganando el enemigo. Empezando por un desgano increíble por todo desde el momento de levantarme, que me hace recordar mis palabras de toda la vida: ¡No hay nada más bonito que las seis de la mañana!

Hoy, me pueden dar las 7:30 am pensando en el sacrificio de levantarme. Además del rechazo inconciente a mi ‘agenda’, que de nada me sirve comprarla cada año, pues nunca me decido a abrirla y empezar a anotar en ella mi jornada.

Parece que de solo abrirla me dice: ¿Cuándo te vas a decidir a organizarte de nuevo y a hacer todo con gusto? La verdad que sí me estremece hojearla cada día, ¡y verla en blanco! pero no hago nada al respecto.

Tal vez me falta enfrentarme a lo que me está pasando, ¿Depresión? ¿Demasiadas responsabilidades? ¿Apatía? Yo creo que, aquí dialogando con ustedes, me ‘cae el veinte’, pues me vino a la mente la palabra ¡cobardía!

Sí, cobardía, pues si es depresión hay medios para combatirla. ¿Muchas responsabilidades? Tengo que dar gracias a Dios, por la capacidad y la fuerza que tengo para enfrentarlas, ¿Y la apatía? Es precisamente eso, cobardía y ¡una gran pereza que me está ganando la partida!

En lugar de regocijarme en mis problemas y centrarme en mis sufrimientos y puntos débiles, debo prestar atención a lo que puedo hacer bien, a aquello que mis capacidades me permiten realizar fácil; reconocer que tengo puntos muy fuertes que me dan la posibilidad de salir adelante para sentirme bien.

Yo sé que no podré conseguir esa paz, que supuestamente tanto busco, si no me esmero en descubrir los obstáculos que me impiden llegar a ella. Ahora recuerdo un pensamiento hindú que dice: “Si es paz lo que buscas, trata de cambiarte a ti mismo, no a los demás. Es más fácil calzarse unas zapatillas que alfombrar la tierra”.

            “Hacedlo todo por Amor. Así no hay cosas pequeñas; todo es grande. La perseverancia en las cosas pequeñas, por Amor, es heroísmo”, Camino 813.

 

blancajulia48@hotmail.com

 

 

 

02Feb/16

¡Cómo debemos cuidar nuestra lengua!

EL Quinto Mandamiento de la Ley de Dios no sólo prohíbe asesinar con un arma

Por Blanca Julia de Hurtado

Qué bueno fuera que así como vamos al dentista y nos arregla nuestros dientes, hubiera un especialista que nos arreglara nuestra lengua.

Pues con qué facilidad hacemos uso de ella, importando únicamente pasar un buen rato amenizado por ‘comentarios’ que dañan definitivamente la vida de una persona. ¿Caridad? ¿Y quién nos dio la autoridad moral para ser jueces? ¿Quién nos dio el nombramiento de verdugos para matar? Sí, matar. El Quinto Mandamiento no sólo prohíbe asesinar con un arma, sino también con nuestra débil e indefensa ¡lengua!

Bien dice Santiago que “toda clase de fieras, aves, reptiles y animales marinos pueden ser domados y de hecho han sido domados por el género humano; en cambio ningún hombre ha podido domar la lengua; es un mal turbulento; está llena de veneno mortífero”, (St 3,7-8).

Aunque hay personas con gran inteligencia y que dan una imagen de defensores de los ‘reos’, se dedican a defenderlos provocando con su actitud que se den más detalles sobre la falta cometida, haciendo que la curiosidad sea cumplida cada vez que hacen una nueva defensa. ¿Quién no ha sido testigo de esto?

“Ay, la verdad, no te creo de lo que me dices”,  -y la incauta contesta- “¿Cómo crees que lo voy a inventar?”. “Es que la verdad no me imagino dónde pudo haber sido”. -Y de nuevo cae-. “Pues dicen que aquí mismo”.-Otra más-. “No, no creo, se me hace imposible”.   “Sí, sí es cierto; ni modo que yo lo invente”. “Es que ella se ve muy decente, y la verdad no la creo capaz, tendrían que darme datos bien concretos para creer, así que no te creo”.

Y aquí es donde se deja ir de bruces la pobrecita: “Bueno, como estamos en confianza les diré todo lo que sé y que me han platicado de muy buenas fuentes…” (Eran sus hijas las buenas fuentes). Y así empezó la narración del inicio de la caída de su ‘víctima’. Al terminar, acelerada por la emoción, nos dice: “A ustedes nomás en confianza se los digo, por favor, no lo digan a nadie…”.

¿Cómo podemos ser capaces de pedir que nos guarden un secreto, si somos las primeras en no poder callarlo?

Aunque, ¿quién tendrá más culpa en esta difamación? ¿La que habla o la que ‘caritativamente’ la defiende, provocando más habladuría? ¿La que habla que carga con su culpa o  la provocadora que carga con la suya y con la de la habladora?

Qué difícil es saber usar la lengua. Se puede usar para ‘defender’, pero con doble filo. Y lo más curioso, a las personas que he visto criticar más fuertemente alguna falta, en poco tiempo, caen ellas mismas en el mismo error.

¡Es la misma vida la que se encarga de cobrar nuestra falta de caridad al prójimo!

Recordemos la Palabra de Dios y reflexionemos en sus enseñanzas para poder ser mejores hijos de Dios: “Aquel de ustedes que esté sin pecado que le arroje la primera piedra”, (Jn 8,7).

blancajulia48@hotmail.com

 

Conozcamos nuestra fe católica

El Quinto Mandamiento

Todos los días leemos con tristeza en los periódicos cómo se matan entre sí los seres humanos, este breve recuadro intenta explicar el Quinto Mandamiento: No Matarás.

 

Puntos:

– La vida humana es SAGRADA, porque desde su comienzo, es Dios quien la crea.

– Sólo Dios es Señor y DUEÑO de la vida.

– Hay que ver la vida como un regalo de Dios.

 

Pecados contra el Quinto Mandamiento:

-Homicidio voluntario (quien planea y quien comete el asesinato o apoya la acción)

-El exponer a alguien a peligro  mortal. Ejemplo: Conducir en estado de ebriedad.

-El aborto y la eutanasia: La vida humana debe ser respetada en cada etapa.

– El suicidio: Aunque una persona se sienta desdichada, su vida pertenece a Dios.

 

Pero…

El Quinto Mandamiento no sólo habla de respetar el cuerpo, sino la dignidad de la persona humana de mantera integral: Alma, salud, su fama.

  1. EL RESPETO DEL ALMA: El escándalo, hacer algo que lleve a otra persona a obrar mal y ensucie su alma. Ejemplo inducir al robo.
  2. EL RESPETO A LA SALUD: La voluntad de Dios es que cuidemos del propio cuerpo y el del prójimo, evitar excesos, abuso de comida, alcohol, tabaco, medicamentos o evitar el consumo de drogas o el tráfico de drogas.
  3. EL RESPETO AL CUERPO: Son pecados graves el secuestro, tortura, prostitución.
  4. EL RESPETO DE LA FAMA: Hablar mal del prójimo es falta grave. Tener cólera u odio o deseos de dañar o vengarse es falta grave.

– Jesús dijo: “Han oído que se dijo a los antepasados: ‘No matarás; y aquel que mate será reo ante el tribunal’. Pues yo les digo: ‘Todo aquel que se enoje con su hermano, será reo ante el tribunal’”, (Mt 5 21-22).

PROPÓSITO: Daré gracias a Dios por regalarme LA VIDA y RESPETARÉ siempre la vida, el alma, la salud, el cuerpo y la fama de los demás.

Laverdadcatolica.org

21Ene/16

Bella, ¿ante los ojos de quién?

 

Por Blanca Julia de Hurtado

Hace muchos siglos, en un país muy lejano, llegaron los emisarios del rey a una aldea en la que encontraron a un niño llorando porque se había perdido de su mamá. Conmovidos le preguntaron cómo se llamaba su madre, y él les dijo que no sabía pero que era la mujer más bella.

Aun en medio de su labor como cobradores de impuestos, decidieron primero buscar a la mamá del niño; ‘peinaron’ todo el pueblo, llegando con todas las mujeres hermosas que encontraban y preguntándoles si habían perdido un hijo, ellas respondían que no. Pero siempre, a lo lejos, veían a una mujer flaquísima y llena de arrugas; con las manos huesudas y vestida con harapos.

Cuando los soldados se acercan a hablar con otra mujer bella que estaba por ahí, el niño se baja del caballo de aquellos hombres, y grita: ¡MAMÁ, MAMÁ, MAMÁ! Y sale corriendo hacia los brazos de aquella mujer tan poco agraciada que estaba a lo lejos.

Los hombres se quedaron helados ante la experiencia que acababan de vivir; sin embrago, aquellos fríos corazones, tal vez por primera vez, sentían aquel calor tan hermoso provocado por el amor del hijo para con su madre.

En estos tiempos en que se dice que “La mujer que es fea, es fea porque así lo quiere”, les comparto una experiencia personal, parecida a este cuento.

Un día, una familiar mía, me comentaba que a través de los años su esposo había cambiado mucho, que siempre se burlaba de ella en público y además nunca hablaba con ella, mucho menos la invitaba a salir con él.

“Le parezco ignorante e indigna de andar entre la gente”, me decía. “Eres patética y ridícula”, agregaba. Hasta que, al fin, un día tomó la decisión: “Me voy  a hacer cirugía en la cara y cuello, y en el cuerpo me haré lipoescultura”, al tiempo que me veía, no muy directa a los ojos, y tal vez esperando que yo la animara a hacerlo.

Con dolor en mi corazón, le dije: ¿Y por dentro, qué te vas a hacer? ¿Vas a rejuvenecer en pensamientos, dejando atrás la belleza y madurez de tus 60´s? Y agregué: ¡Entonces sí te verás patética y harás el ridículo!

Lo que tu marido está buscando es sentirse adolescente de nuevo, al darse cuenta que él ya no es el mismo jovencito de hace 50 años; ya sus dientes (escasos por cierto) se ven amarillos, la boca no ‘le huele igual’ (o como dice la nieta de una amiga: “abuela te huelen feo las palabras”), y qué decir de su voz ya como con gárgaras, y de su pancita ni hablar.

Como estaba enfocada describiéndole a su esposo, no me dí cuenta que se le salían unas lágrimas, y todavía remato: “¿Quieres que le siga o ya le paro? Se soltó riendo y me dijo: “¿En verdad así se ve?”. “¡Claro!”, le dije. “Lo que pasa es que tú estás como el niño del cuento”, y se lo narré.

Ella sí lo ama con un amor maduro, con todos sus defectos, pero también con todas esas bellezas que vamos adquiriendo con la edad. No sé si la convencí de que si se haría todas esas cirugías, que ponían en peligro su vida, lo hiciera por ella y no por tratar de conquistar un cariño irrecuperable. En pocas palabras, tratemos de cambiar interiormente más que en lo exterior.

 

“….. No queremos recomendarnos otra vez ante ustedes; pero sí darles un motivo para sentirse orgullosos de nosotros y para que sepan responder a esa gente que hace caso de las apariencias y no de lo interior”, (2 Co 5,12).

 

blancajulia48@hotmail.com

12Ene/16

Mis propósitos… ser feliz

Por Blanca Julia de Hurtado

Mis propósitos para el 2016, es librar una gran batalla, para poder ser feliz. Tal vez piensen que es una actitud muy egoísta de mi parte, pero si alcanzo esta felicidad, será precisamente eso lo que pueda dar a mi entorno: ¡Felicidad! Y, es que el camino hacia la verdadera felicidad, es un camino espiritual; un camino hacia el interior de mí misma, donde habrá armonía y sobre todo, conformidad con mí persona: con mi aspecto físico, con mi manera de ser y con esa lucha por ver la felicidad y retenerla junto a mí, sin dejarla pasar como si fuera privilegio de los demás.

También, lucharé por entender que soy hija de Dios, y que por lo tanto tengo esa dignidad, sobre la que no permitiré que pisoteen, pues no recibiré el respeto de nadie, si no me doy a respetar. Pues, ¿de qué me sirve ser una “gran servidora” en mi familia, si voy a estar siempre triste por no recibir, ya no digo agradecimiento, sino respeto y cariño de los demás? Basta ya de actitudes “heroicas” y de “martirio”, que lo único que hacen es asemejarme a una caricatura del verdadero sufrimiento.

Por eso, sé que libraré una gran batalla para que a la vuelta de unos meses no vuelva a ese vicio de sentir que no valgo nada; tengo que tener presente que mi dignidad de hija de Dios, consiste en vivir en perfecta sintonía conmigo misma y con Dios, en medio de miles de tormentas, pero con muchas alternancias de alegría y felicidad.

Ser feliz, es un verdadero arte… pero esta felicidad no se puede conseguir ni tener de manera tan simple, si quiero alcanzar esta experiencia de dicha humana, necesito antes aprender a ser verdaderamente una persona; vivir coherentemente con lo que espera Dios de mí, sabiendo que no es un camino de fantasía que me va a elevar por sobre todos, sino un camino bien realista en el que empezaré a amarme para enseñar a que me amen los demás.

Ya no trataré de transformar el mundo entero, para empezar a marcar mis propias huellas sin atropellar los derechos de los demás, pero tampoco me dejaré llevar por las emociones y estados de ánimo de otras personas para empezar a purificar mis propias emociones, sin querer vivir por encima de mi capacidad, ahora valoraré lo que Dios ha dispuesto para mí y, Él, no me quiere con caras mustias, sino con esa alegría que solamente puede venir de la justicia y la paz.

Tal vez suene muy fácil hacer un sólo propósito para este año, pero si lucho para cumplirlo, estoy segura que no cambiará nada mas mi vida sino la de todas las personas que viven cerca de mí.

“…. Y si tu corazón arreglas y tiendes tus palmas hacia Dios, si alejas la iniquidad que hay en tu mano y no dejas que more en tus tiendas la injusticia, entonces alzarás tu frente limpia, te sentirás firme y sin temor. Dejarás la pena en el olvido, como aguas que pasaron la recordarás, y mas radiante que el medio día surgirá tu existencia”, (Job, 11-17).

blancajulia48@hotmail.com