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29Jun/16

Santos Pedro y Pablo, apóstoles: 29 de junio

La solemnidad de san Pedro y san Pablo nos permite contemplar la estrecha amistad que se establece entre Jesucristo y estos dos hombres elegidos para misiones muy importantes. Ambos tuvieron experiencia del amor de Dios en Cristo Jesús. Esa experiencia los acompañó durante toda su vida y les dio una viva conciencia de su misión.

Esta solemnidad es antiquísima. Fue incorporada al santoral romano mucho antes que la de Navidad. En el siglo cuarto se celebraban ya tres misas: una en San Pedro en el Vati- cano, otra en San Pablo Extramuros y la tercera en las catacumbas de San Sebastián,

donde probablemente estuvieron ocultos por un tiempo los cuerpos de los dos santos Apóstoles.

Pedro, cabeza de la Iglesia
Simón era un pescador de Betsaida, que más tarde se había establecido en Cafarnaúm. Su hermano Andrés lo introduce al seguimiento de Jesús: pero Simón quizás había sido preparado para este encuentro por Juan el Bautista. Cristo le cambia el nombre y lo lla- ma PEDRO, ‘piedra’, para realizar en su persona el tema de la piedra fundamental.

Pedro es uno de los primeros testigos que ve la tumba vacía y tiene una especial aparición de Jesús resucitado. “Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia”, (Mt 16,18). “He rogado por ti, para que nunca desfallezca tu fe. Y tú, una vez confirma- do en la fe, confirma a tus hermanos”, (Lucas 22,32).

Después de la Ascensión, Pedro asume la dirección de la comunidad cristiana, enuncia el esquema de la Buena Nueva y por primera vez toma conciencia de abrir la Iglesia a los gentiles.

Cuando Pedro va a Roma, se convierte en apóstol de todos. Entonces cumple plenamente su misión de “piedra angular” reuniendo en un solo “edificio” a judíos y gentiles y sella esta misión derramando su sangre sobre la colina Vaticana en el martirio de la crucifixión.

Pablo, el gran evangelizador
Pablo, después de su conversión en el camino de Damasco, recorre en cuatro o cinco viajes los países del Mediterráneo. Hace el primer viaje con Bernabé. Parten de Antio- quía, se detienen en la isla de Chipre y luego recorren la actual Turquía. Después de la reunión de los apóstoles en Jerusalén, Pablo inicia el segundo viaje, expresamente “como enviado de los Doce”. Vuelve a atravesar a Turquía, evangeliza a Frigia y Gala- cia. Pasa luego a Europa junto con Lucas y funda la comunidad de Filipos. Después de un período de prisión, evangeliza a Grecia. En Corinto funda una comunidad que le crea dificultades. Luego vuelve a Antioquía.

Un tercer viaje lo lleva a Turquía, a Éfeso y a otras iglesias por él fundadas en Grecia y en Corinto. Después de su regreso a Jerusalén, es arrestado por los hebreos y metido en prisión. Siendo ciudadano romano, Pablo apela al César. Emprende así el cuarto viaje y llega a Roma hacia el año 60. Dura en prisión hasta el año 63 aproxima- damente, entra en frecuente contacto con los cristianos de esta ciudad. Escribe cartas a las diversas iglesias por él fundadas, en total 14, escritas durante sus itinerarios apostó- licos.

En el 63 realiza probablemente su quinto viaje, a España. Pablo sufre el martirio al ser decapitado, en Roma, en las cercanías de la actual basílica de San Pablo Extramu- ros, hacia el año 67.

Pedro y Pablo, unidos en Cristo hasta el fin, murieron mártires en Roma, ambos vícti- mas de la misma persecución de los cristianos impulsada por el emperador Nerón; dos nombres que a lo largo de los siglos han personificado la Iglesia entera en su ininte- rrumpida tradición. El Papa, el Vicario de Cristo, sucesor de San Pedro, con el espíritu de los apóstoles, guía a través de los siglos infaliblemente a la Iglesia de Cristo.

Franciscanos.com

Recibe Palio Mons. Ruy Rendón Leal en Roma

A propósito de la unidad de la Iglesia a su Vicario; el Señor Arzobispo de Hermosillo asiste esta semana, el 29 de junio solemnidad de San Pedro y San Pablo, a la Santa Misa en Roma donde posteriormente recogerá el Palio que le será impuesto en la Catedral de Hermosillo en próximas fechas. Pero, ¿qué simboliza el Palio? ¿Cómo será impuesto?

IMG_1033En una carta firmada por el Maestro de Ceremonias Pontificias, Guido Marini, se dio a conocer a través de un comunicado enviado a las nunciaturas apostólicas la decisión del Papa Francisco a cambiar las modalidades para la entrega del Palio – la franja de lana blanca decorada con cruces negras, que simboliza la oveja sobre los hombros del Buen Pastor y que usan el Papa y los arzobispos metropolitanos como signo de la comunión con Roma – Ya no será, pues, el obispo de Roma quien imponga el palio, sino que los metropolitanos lo recibirán en privado en Roma después de la Misa en la Solemnidad de San Pedro y San Pablo y después será el nuncio apostólico del respectivo país quien lo imponga en la diócesis de origen, para resaltar la sinodalidad: en la ceremonia, efectivamente, deben participar todos los obispos de las diócesis llamadas ‘sufragáneas’ – en el caso de la Arquidiócesis de Hermosillo serían las diócesis de Cd. Obregón, Nogales y Culiacán –, es decir las diócesis que dependen de alguna manera de la sede metropolitana del titular del palio.

Anteriormente, el palio, tejido de lana de cordero en forma de doble ‘Y’, era impuesto a los nuevos arzobispos metropolitanos nombrados durante el año anterior en la misa ce- lebrada por el Pontífice en San Pedro, el día de la solemnidad de los santos Pedro y Pa- blo, el 29 de junio, fiesta de la catolicidad. La regla tenía algunas excepciones: en el caso de que el arzobispo no pudiera por alguna razón viajar a Roma, el nuncio u otro obispo delegado le imponía el palio. En otros casos particulares, el Papa en persona lo imponía en privado, incluso fuera de la ceremonia.

Ahora, “El Papa dispuso que el palio bendecido en la misa, sea impuesto a los arzobispos metropolitanos en sus residencias diocesanas por un representante”. Sigue en vigor lo que establece el párrafo 1 del canon 437 del Código de derecho canónico, es decir que no se trata de una investidura automática, sino que cada uno de los nuevos metropolitanos deben pedirlo a Roma, por ello nuestro Arzobispo de Hermosillo se encuentra en la ciudad del Vaticano. El nuevo procedimiento prevé que al final de la misa de los san- tos Pedro y Pablo, los nuevos arzobispos metropolitanos sean invitados a concelebrar con el Papa; los que participen en el rito recibirán el palio “en privado, de manos del

Santo Padre”. Ya no existe, pues, la imposición oficial durante el rito, en el que desfilaban delante del Pontífice uno a uno. El verdadero rito de la imposición del palio se llevará a cabo en las respectivas iglesias locales, involucrando no solo a la comunidad diocesana metropolitana, sino también a las comunidades sufragáneas, sobre las cuales el nuevo metropolitano ejerce algunas funciones limitadas de vigilancia.

Para ello, deberá ser el nuncio apostólico, en calidad de representante del Papa, quien presida el rito. El cambio de la imposición a las sedes locales del antiguo símbolo (que, como paramento episcopal, data del siglo IV, por lo que es más antiguo que la mitra y el pectoral) servirá para “favorecer la participación de la Iglesia local” en este momento ‘importante’ para su vida y su historia. El Palio impuesto a los nuevos arzobispos metropolitanos, mismo que el Papa porta, representa visualmente el particular vínculo de estos últimos con la sede de Roma. Unámonos en oración y preparémonos para la futura Misa de imposición del Palio en nuestra Catedral.

 

13Jun/16

Primer Mensaje del IV Arzobispo de Hermosillo: Don Ruy Rendón Leal

Excelentísimos Señores (Arzobispos y) Obispos
Excelentísimo Señor Nuncio Apostólico Christophe Pierre
Hermanos sacerdotes y diáconos
Miembros de la Vida Consagrada
Seminaristas
Apreciables Autoridades civiles

Muy queridos hermanos y hermanas, laicos que nos honran con su presencia.

Hace casi once años cuando era ordenado Obispo de la Prelatura de El Salto, le decía al Señor: “Señor, toma mi vida toda, aquí estoy, dispuesto a morir en el servicio de mis hermanos”. Llegué con la intención de dar la vida, incluso de terminar mis días en esa maravillosa Iglesia Particular de la sierra de Durango que me acogió como su Tercer Obispo… Pero el Señor no me tomó la palabra.

Cuando prácticamente me sentía ya un duranguense por adopción, el Señor me pidió, hace cinco años, que adoptara al Estado de Tamaulipas como mi nueva tierra, mi nueva casa. Y fue así que, siendo el Quinto Obispo de Matamoros, me hice tamaulipeco.

Llegué en el 2011 a la Diócesis de Matamoros, llegué evocando aquel buen deseo de un hermano sacerdote de Monterrey que, al ser yo nombrado en el 2005 obispo de El Salto, Durango, me dijo: “Ruy, ojalá que te mueras… en El Salto”. Así llegué, hermanos y hermanas, a Matamoros, reformulando esas palabras, dispuesto también a desgastar ahí mi vida por el rebaño que el Señor estaba poniendo, en ese momento, bajo mi cuidado y atención. Pero el Señor tampoco en Matamoros me tomó la palabra.

Llego ahora a la Arquidiócesis de Hermosillo como Cuarto Arzobispo. Y por tercera vez vuelven a resonar en mi corazón esas hermosas palabras, palabras que actualizo, ante esta nueva circunstancia: “Ruy, ojalá que te mueras… en Hermosillo”. Tal vez para muchos de ustedes estas palabras causan desconcierto y curiosidad, sin embargo, expresan el destino de la vocación de un pastor de la Iglesia que busca, con fidelidad, reproducir en si mismo las actitudes de Jesús, el Buen Pastor, dispuesto a entregar la vida por las ovejas de su rebaño.

No ha sido fácil para un servidor llegar ahora a Hermosillo y estar en esta magna celebración; este nombramiento de Arzobispo me ha costado, de nuevo, muchas lágrimas, Dios lo sabe; pero aquí estoy, con gozo y esperanza, dispuesto a cumplir la voluntad del Señor que me invita a servir en esta

Arquidiócesis; Iglesia de una rica y vasta experiencia pastoral, guiada por Obispos que sin duda, han dejado una huella imborrable en los procesos de evangelización que se han llevado a cabo en estas tierras de Sonora. Menciono de manera particular a los tres últimos arzobispos, que ustedes, mejor que yo han conocido: Don Juan Navarrete y Guerrero, Mons. Carlos Quintero Arce, Mons. José Ulises Macías Salcedo. Somos herederos de un arduo trabajo pastoral que ahora, con el auxilio del Señor, nos toca continuar, guiados por el plan de pastoral.

Queridos hermanos, miembros de esta Arquidiócesis de Hermosillo, permítanme servirlos en la tarea que se me ha confiado. El Obispo, como sucesor de los apóstoles, es enviado por Jesús para cumplir un triple ministerio de amor: Predicar el Evangelio, Santificar al Pueblo de Dios, Regir la Iglesia a él encomendada. Mi servicio como pastor de esta Iglesia, será, ante todo: Predicar a Jesucristo, como el Camino, la Verdad, y la Vida; Administrar los Sacramentos como Celebraciones del Misterio Pascual de Cristo, Fuente de santificación; Conducir esta porción de la Iglesia Universal con solicitud, con actitud de servicio y amor.

Este triple ministerio no lo podré realizar eficazmente sin una sólida vida interior, cimentada en la oración. Quiero ser un pastor orante, un pastor que ore por su Pueblo, un pastor que interceda día y noche por los necesitados. María Santísima será sin duda una clara inspiración para la realización de este proyecto de amor por esta Iglesia de Hermosillo.

Muy queridos padres de la Prelatura de El Salto y de la diócesis de Matamoros: recuerdo con especial emoción las veces que les propuse, como reto, llegar a ser los mejores presbiterios de México. No sé si lo logramos, no tenemos forma de saberlo. Créanme que los admiro, y me siento orgulloso de haber sido su obispo. Valore muchísimo su vocación, su fidelidad, su alegría, su perseverancia. El Salto y Matamoros, son dos presbiterios marcados por un contexto de inseguridad y violencia. ¿Saben por qué me siento orgulloso de ustedes? Porque a pesar de las carencias, dificultades y peligros extremos, ustedes se han mantenido en medio de su pueblo; otros han huido, pero ustedes han permanecido fieles, sirviendo con grandes sacrificios a sus comunidades. Gracias, padres, porque con su testimonio me han evangelizado.

Padres de Hermosillo: les propongo ahora a todos y a cada uno de ustedes el mismo reto: ser el mejor presbiterio de México. Un presbiterio fraterno, unido, entregado, responsable y generoso en el servicio pastoral. Que en cada dimensión de nuestro ser y quehacer sacerdotales, nos distingamos en poseer una plena madurez humana, una profunda vida interior, una doctrina sólida y una caridad pastoral a toda prueba. Nuestro pueblo reclama de nosotros la sabiduría y la santidad de vida; sólo siendo sacerdotes sabios y santos podremos construir e impulsar la Iglesia discípula y misionera que queremos ser.

La actividad de nuestros hermanos y hermanas que integran los diferentes grupos, movimientos y asociaciones laicales es, sin duda, hoy más que nunca, muy valiosa e indispensable. Ustedes, queridos laicos, no son cristianos de segunda categoría, ustedes son la fuerza de la Iglesia, la sal de la tierra y la luz del mundo. Impregnen cada ámbito de la vida, donde ustedes se hacen presentes, de los criterios de Dios: la familia, la escuela, la política, la economía, la recreación. Sean fermento y levadura en la masa. Luchen en contra de la corriente y no se dejen cautivar por las seducciones del mundo. La gente tiene hambre y sed de Dios, ustedes tienen mucho que ofrecer a esta sociedad materializada, no desfallezcan, perseveren en su testimonio.

Saludo con aprecio a todos los miembros de la Vida Consagrada; quiero decirles, hermanas y hermanos, que ustedes representan una clara y constante luz que ilumina la vida de quienes formamos esta Arquidiócesis de Hermosillo. El testimonio de una vida pobre, casta y obediente nos estimula a una mayor entrega en las cosas de Dios. Evoquen periódicamente aquel inicio del camino de su consagración; cuando el Señor pronunció su nombre y les invitó a vivir radicalmente los valores del Evangelio. No olviden, por último,

Que una verdadera consagración se vive alegremente, totalmente y perpetuamente.   Mi palabra, ahora la dirijo a quienes padecen alguna situación de pobreza o sufrimiento: pienso en los enfermos, en los recluidos en centros de reintegración social, en los migrantes, en las personas abandonadas, en los hombres y mujeres que han perdido a un ser querido a consecuencia de la inseguridad o de algún otro acontecimiento lamentable. No hay que desfallecer, ni desmoralizarnos, el cristiano es un hombre de esperanza que confía en que al final el bien triunfará sobre el mal. Acerquémonos más a Jesucristo, él es nuestra paz, en él encontramos consuelo y ayuda en el dolor. Que como discípulos misioneros sepamos tender la mano a quienes sufren. Más que nosotros, porque solamente consolando y ayudando con misericordia a nuestros prójimos, nos daremos cuenta que nuestra cruz no es tan pesada como la que llevan sobre sus hombros las demás personas.

El discipulado misionero que el acontecimiento de Aparecida nos propone hoy en dia, es, ante todo, la esencia de todo bautizado; es lo que el Espíritu dice hoy en día a su Iglesia. Iglesia de Hermosillo: conoce, ama, sigue a Jesucristo y comparte con todos la experiencia de fe, hazlo a tiempo y a destiempo, con palabras pero sobre todo con el testimonio de una vida recta, limpia y honesta; no como un complemento o una actividad de fin de semana, sino como lo más natural, lo más ordinario que puedes realizar cada día.

Recorriendo las páginas de la Historia de la Salvación, específicamente en los relatos vocacionales, me encuentro con un dato muy importante y significativo: Dios cuando llama a alguien para una misión especial, pienso en el caso de Abraham, Moisés, Jeremías, La Virgen María, los Apóstoles, después de escuchar la primera respuesta de incertidumbre y confusión que el elegido le manifiesta, el Señor suele expresar unas palabras que llenan el corazón del hombre, dándole seguridad, entereza y confianza ante la encomienda del envió; estas palabras son: “TECUM EGO SUM” (“Yo estoy contigo”). Estas palabras, que he convertido en el lema que inspira mi labor episcopal, infunden en mi espíritu la convicción que el Señor me acompaña, que no estoy solo en esta tarea que me solicita. Y si humanamente la obra se percibe ardua y difícil, a la luz de la fe sabemos que Dios, que ha comenzado en nosotros esta obra buena, el mismo la llevará a buen término. La certeza que el Señor está conmigo, hace que me sienta lleno de fortaleza y valentía para ejercer este servicio de Iglesia.

“Tecum ego sum” expresa, además, el mensaje que, como Obispo, deseo transmitir a cada persona, a cada fiel cristiano de esta Arquidiócesis de Hermosillo: laicos, personas consagradas, sacerdotes. Cómo anhelo que, en mi servicio episcopal, las mujeres y los hombres que se encuentren sumergidos en el sufrimiento a causa de la pobreza, la enfermedad, la violencia, la soledad o la injusticia, experimenten, a través de mi persona, la cercanía del Dios con nosotros: del Emmanuel que nos acompaña, misericordiosamente, todos los días hasta el fin del mundo.

Hermanas y hermanos de la Arquidiócesis de Hermosillo: el día de hoy, más que tomar yo posesión de la Arquidiócesis, quiero decirles, que son ustedes quienes toman posesión de mí; ustedes no me pertenecen, soy yo, quien les – pertenezco a ustedes de ahora en adelante. Permítanme acercarme y compartir el mensaje del Evangelio con todos los grupos, sectores e instituciones que constituyen la sociedad de esta región de Sonora: niños, adolescentes, jóvenes y adultos; estudiantes, obreros, desempleados, agricultores, ganaderos, comerciantes, empresarios, políticos, profesionistas, maestros, autoridades civiles y militares, seminaristas, sacerdotes, consagrados, hermanos y hermanas con capacidades diferentes, miembros de otras religiones y creencias; la lista de personas puede ser interminable; a todos les digo, con la claridad del Evangelio, que Dios los ama y que espera mucho de cada uno de ustedes, según su estado de vida, su vocación, su condición humana, personal o familiar.

Quiero tener una palabra, en esta ocasión, para cada persona, sin embargo, sé que no es el momento oportuno. Considero por ello, que, durante los próximos meses, podamos, un Servidor y ustedes, ir teniendo diversos encuentros a fin de conocernos y ofrecerles un mensaje más preciso y adecuado según las circunstancias. Les ofrezco que a través de la Secretaría del Arzobispado podamos ir agendando estos encuentros eclesiales que sin duda traerán muchos frutos.

No tengo palabras para expresar mi gratitud por esta fiesta que estamos celebrando. Gracias a quienes desde tierras un tanto lejanas (Tamaulipas, Nuevo León, Coahuila, Durango, por ejemplo) han venido hasta aquí para Vivir este acontecimiento de Iglesia. Gracias de todo corazón a cada uno de ustedes: mis hermanos Obispos y Arzobispos, sacerdotes, seminaristas, miembros de vida consagrada, familiares (mi hermano, primos, sobrinos), autoridades civiles (Sra. Gobernadora, Presidentes Municipales), amigas y amigos todos, gracias por sus muestras de cariño y su presencia que me llena de alegría. Agradezco también a quienes de las diferentes comunidades y sectores de la Arquidiócesis de Hermosillo se han hecho presentes y han colaborado en este magno evento. Gracias por el tiempo y el trabajo que ha implicado. Que todo sea para la mayor gloria de Dios. Gracias, gracias de y corazón a todos.

En la sede de la Arquidiócesis de Hermosillo, a los 08 días del mes de junio del año del Señor 2016, Año de la Misericordia.

Mons. Ruy Rendón Leal

Arzobispo de Hermosillo

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07Jun/16

Nuestra actual Arquidiócesis de Hermosillo

(enmarcha.mx).- La Iglesia en Sonora ha sido bendecida por la mano de Dios y el trabajo de sus Pastores refleja el crecimiento espiritual, pero también pastoral y estructural, que a lo largo de años de esfuerzo y compromiso en la misión se han venido gestando. Hoy nos enfocamos en los frutos recogidos de esos años arduos; la Arquidiócesis ha cambiado y uno de sus frutos fue la creación de la Diócesis de Nogales que guía con alegre compromiso, monseñor Leopoldo González González desde hace un año. Todos estos procesos, han reestructurado a la Arquidiócesis de Hermosillo.

Nuevamente, la Arquidiócesis vive un hecho histórico, un nuevo Pastor guía al pueblo de Dios en esta iglesia particular de Hermosillo desde el 8 de junio pasado, monseñor Ruy Rendón Leal, quien desea dar continuidad a la labor de sus predecesores, queridos pastores de esta tierra: siervo de Dios, don Juan Navarrete y Guerrero (+); Monseñor Carlos Quintero Arce (+) y nuestro querido arzobispo emérito, don José Ulises Macías Salcedo.

Sin duda, el espíritu de escucha, sencillez y las propuestas, de monseñor Ruy Rendón, acompañarán y darán fuerza al peregrinar de este pueblo de Dios en Hermosillo.

En esta ocasión, Semanario En Marcha, desea compartir con usted, amable lector: qué es una Diócesis; cómo está estructurada territorialmente nuestra Arquidiócesis; con cuántas parroquias cuenta; a fin de conocer, amar y comprender a esta iglesia particular de Hermosillo en su acontecer actual.

 

Primero, un poco de historia…

La Diócesis de Hermosillo se encuentra localizada en la zona Norte del Estado de Sonora, una región única por sus grandes extensiones geográficas, dispersión poblacional, por sus bellezas naturales, el contraste entre sus grandes coincidencias así como por la riqueza de sus diversidades.

Está delimitada al Norte por la nueva Diócesis de Nogales y más allá – sin colindar – con la Diócesis de Tucson, Arizona de los Estados Unidos; al Noreste por la Diócesis de Nuevo Casas Grandes en el Estado de Chihuahua; al Este y Sur por la Diócesis de Ciudad Obregón; Al Oeste por el Golfo de California y al Noroeste por la Diócesis de Mexicali. La Arquidiócesis cuenta con 39,991 km² de territorio, una población de 753,052, de los cuales 706,624 son católicos.

La Diócesis de Sonora fue erigida por el Papa Pío VI, por medio de la bula “Inmensa Divinae Pietatis”, fechada el 7 de mayo de 1779. Se le designó como territorio las provincias de Sonora y Sinaloa, segregadas de la Diócesis de Durango y las Californias, que se quitaron a Guadalajara. La Sede Episcopal debería ser la ciudad de Arizpe y la Catedral, el Templo de Nuestra Señora de la Asunción. Poco tiempo después llegó el primer obispo de Sonora, Antonio de los Reyes y Almada quien fue consagrado el 11 de diciembre de 1780 por el Papa Pío VI como Obispo de Sonora, Sinaloa y las Californias, instalándose en el Real de la Concepción de los Álamos, no obstante que Arizpe era la sede asignada, debido a su lejanía del resto de la Diócesis y al peligro que representaban los frecuentes ataques de los indios Apaches, Jocomes y Janos,  arribó a aquella población en mayo de 1783.

 

Sus obispos:

-Antonio María de los Reyes (11 de diciembre de 1780 – 6 marzo de 1787)

-José Joaquín Granados y Gálvez (10 de marzo de 1788 – 21 de febrero de 1794)

-José Damián Martínez de Galinsonga (21 de febrero de 1794 – 18 de diciembre de 1795)

-Francisco Rousset de Jesús y Rosas (5 de agosto de 1798 – 29 de diciembre de 1814)

-Bernardo del Espíritu Santo Martínez y Ocejo (14 de abril de 1817 – 23 de julio de 1825)

-Ángel Mariano de Morales y Jasso (2 de julio de 1832 – 1834). No tomó posesión por enfermedad.

-José Lázaro de la Garza y Ballesteros (19 de marzo de 1837 – 20 de septiembre de 1850)

-Pedro José de Jesús Loza y Pardavé (18 de marzo de 1852 – 22 de junio de 1868)

-Gil Alamán y García Castrillo (28 de junio de 1868 – 1869 )

-José de Jesús María Uriarte y Pérez (25 de junio de 1869 – 15 de marzo de 1883)

-Jesús María Rico y Santoyo (15 de marzo de 1883 – 11 de agosto de 1884)

-Herculano López de la Mora (26 de mayo de 1887 – 6 de abril de 1902)

-Ignacio Valdespino y Díaz (9 de septiembre de 1902 – 9 de enero de 1913)

 

Fue Arquidiócesis hasta septiembre 4 de 1963, el papa Pablo VI expide la bula “Mexicana Nación”, elevando a Hermosillo a la calidad de Arquidiócesis, siendo sus diócesis sufragáneas la Paz, Tijuana, Mexicali y Ciudad Obregón;  en la actualidad son las diócesis de Nogales, Ciudad Obregón y Culiacán.

 

Monseñor Don Juan Navarrete y Guerrero:

Decimocuarto Obispo de Sonora y Primer Arzobispo de Hermosillo.

Nació en Oaxaca, el 12 de agosto de 1886; el 14 de enero de 1919, el Papa Benedicto XV lo designó Obispo de Sonora, siendo consagrado el 8 de junio de ese mismo año. Hermosillo fue erigida Provincia Eclesiástica (Arquidiócesis), el 4 de septiembre de 1963. Recibió el Palio Arzobispal en Roma, el 11 de octubre de 1964, constituyéndose en nuestro Primer Arzobispo.

 

Monseñor Don Carlos Quintero Arce

Segundo Arzobispo de Hermosillo.

Nació en Etzatlán, Jalisco, el 13 de febrero de 1920; Recibió la Consagración Episcopal de manos del Eminentísimo Señor Cardenal José Garibi y Rivera, el 14 de mayo de 1961. Al señor Arzobispo don Carlos Quintero Arce hay que adjudicarle el nacimiento de numerosas parroquias, hasta completar más de 50; logró imponer sus manos episcopales sobre 68 sacerdotes.

 

Monseñor Don José Ulises Macías Salcedo

Tercer Arzobispo de Hermosillo.

Nació en León, Guanajuato el 29 de octubre de 1940. Fue nombrado Obispo para la Diócesis de Mexicali por el Papa Juan Pablo II, el 16 de junio de 1984 y consagrado por el Delegado Apostólico Jerónimo Prigione, el 29 de julio del mismo año.

Recibió el Palio Arzobispal en la basílica de San Pedro, en Roma, impuesto por el Papa Juan Pablo II, el 29 de junio de 1997.

Ya como Arzobispo de Hermosillo, impulsó la formación permanente del clero y la promoción de las vocaciones. Promió también la elaboración participativa del Plan Pastoral Diocesano.

Ha conferido el presbiterado a 90 sacerdotes. El primero ordenado en la Arquidiócesis fue el padre Eduardo López Carlos el 3 de diciembre de 1996 y el último ordenado a la fecha es el Pbro. Isidoro Rodríguez, 19 de marzo de 2016.

Dos miembros del presbiterio de Hermosillo han sido llamados al ministerio episcopal durante su período: Monseñor Teodoro Enrique Pino (2000) y Monseñor Faustino Armendáriz (2005), obispos de Huajuapan de León, Oaxaca y de Querétaro, respectivamente.

Realizó las gestiones, debido a las necesidades pastorales del territorio, para la creación de la actual Diócesis de Nogales con un trabajo de investigación y coordinación pastoral profunda.

Así la Diócesis de Nogales inició con la toma de posesión de Mons. Leopoldo González el 22 de mayo de 2015; formada de la división del territorio de la Arquidiócesis de Hermosillo, Sonora y cuenta con 17 municipios, contando con 25 parroquias, 10 rectorías y 153 Centros de Evangelización, divididos en cuatro decanatos. Entre las diversas instituciones se encuentran presentes 11 institutos de educación y doce instituciones de asistencia.

A su vez, la Arquidiócesis de Hermosillo quedó con 9 decanatos, cerca de 52 parroquias, 8 cuasiparroquias; 4 rectorías, 3 santuarios y aproximadamente 113 sacerdotes; sin contar los centros de evangelización, institutos,  movimientos, congregaciones, etc.

 

Monseñor Don Ruy Rendón Leal

Cuarto Arzobispo de Hermosillo.

Nació el 27 de octubre de 1953 en la ciudad de Cadereyta Jiménez, N.L.

Después de haber concluido sus estudios de Primaria, Secundaria y Preparatoria, ingresó al Seminario de Monterrey el 02 de septiembre de 1970.

Recibió el Orden del Diaconado el 15 de septiembre de 1978 en la Iglesia Catedral de Monterrey, N.L.

Fue ordenado Sacerdote por el Excmo. Señor D. José de Jesús Tirado Pedraza el 08 de septiembre de 1979 en la Basílica de la Purísima Concepción de Monterrey, N.L.

El 28 de septiembre Su Santidad Benedicto XVI lo nombró Obispo Prelado de El Salto, recibiendo la Ordenación Episcopal el 30 de noviembre de 2005. EL 16 de julio de 2011, el Papa Benedicto XVI lo nombró obispo de la Diócesis de Matamoros; tomó posesión el 3 de septiembre del mismo año.

Y el 26 de abril de 2016, fue nombrado IV arzobispo de Hermosillo por el Papa Francisco. Tomó posesión el 8 de junio a las 7:00 horas en solemne Misa en Expo Forum.

 

27Abr/16

¿Qué símbolos porta un Obispo?

El señor Arzobispo tiene un triple ministerio: enseñar, santificar y regir. Los símbolos que porta son: la Mitra, el Anillo, la Heráldica, la Cruz Pectoral, el Báculo y el Solideo.

 

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El Obispo en la tradición

La Palabra Obispo procede del latín “episcopo”, que se traduce como “vigilar”. El Obispo aparece en la tradición cristiana, en el libro de los Hechos de los Apóstoles, allí leemos cómo San Pablo dejó a Timoteo y Tito como guías de la comunidad, para que “vigilaran” la vida cristiana de aquella comunidad.

En el siglo II d.C. San Ignacio de Antioquía, uno de los Padres de la Iglesia, habla sobre el ministerio del Obispo, como sucesor de los apóstoles y guía de la Iglesia. A lo largo de los años, el Magisterio de la Iglesia, a la luz del Espíritu Santo, va respondiendo a las necesidades propias de los tiempos, en el servicio del triple ministerio: de enseñar, santificar y regir.

 

Símbolos:

MITRA: representa la dignidad episcopal y es signo de las virtudes que deben resplandecer en este ministerio.

ANILLO: representa el compromiso del Obispo con su Diócesis, símbolo de amor esponsal de Cristo por su Iglesia.

HERÁLDICA: es tradición que los Obispos tengan su propio escudo. Los Obispos confeccionan su escudo con simbolismos que indican su ideal de vida, y hacen referencia a hechos o experiencias pasadas, o que aluden a elementos vinculados a su programa episcopal.

SOLIDEO: del latín ‘solus’, solo, y ‘Deo’, a Dios. Es de color violeta y simboliza la protección de Dios y la dedicación solo a Dios.

BÁCULO: simboliza el pastoreo que realiza entre los fieles.

CRUZ PECTORAL: es la manifestación externa de la consagración a Cristo y a su Iglesia.

 

Ministerios:

ENSEÑAR, El Obispo predica y enseña a través de la homilía, por medio de las cartas pastorales, por el contacto con los diversos sectores de la Diócesis.

SANTIFICAR, El Obispo es el principal administrador de los ministerios de Dios entre los fieles.

REGIR, El Obispo debe guiar a los fieles en la caridad bajo la figura de pastor y siervo

Celebró don Ulises Macías sus Bodas de Oro Sacerdotales (Galería de fotos)

Por Mary Loustaunau

La Arquidiócesis de Hermosillo estuvo de fiesta, pues el pasado 10 de abril, monseñor José Ulises Macías Salcedo, celebró sus Bodas de Oro Sacerdotales; la agenda celebrativa tuvo varios momentos importantes, como convivios con varias comunidades parroquiales durante el último año y ya en los días previos comidas con familiares, fieles, seminaristas, sacerdotes y autoridades de la localidad; destacando una Misa en Catedral y convivio en la Huerta de Pavlo el domingo 10 de abril; concierto ‘Gracias’ del Coro del Seminario Mayor de Hermosillo y ensamble CADAM, dirigido por el Pbro. Daniel Millán en el Templo de Fátima en Hermosillo el 11 de abril, cerrando con una magna Misa y convivio en las instalaciones del Seminario Mayor a las 6:00 pm con la asistencia de miles de fieles de la comunidad diocesana, cerca de 60 sacerdotes, religiosas, seminaristas, alumnos de varios colegios católicos como Regis LaSalle, Thezia, Campo Grande; la comunidad de Sordos católicos acompañados de su intérprete, profesor Álvaro Córdova; numerosos movimientos y grupos parroquiales.

En un ambiente de alegría y gratitud, inició la solemne Misa que en el Altar central lució un hermoso Cristo, adornos florales y dos pantallas gigantes. La Eucaristía inició con el canto de entrada del Coro del Seminario Mayor mientras subían al altar obispos y sacerdotes; la ceremonia fue presidida por monseñor Ulises Macías y concelebrada por 17 obispos, entre ellos Mons. Christophe Pierre, nuncio apostólico en México, recientemente nombrado por el Papa como Nuncio Apostólico en Estados Unidos; Leopoldo González, obispo de Nogales; obispo Emilio Berlie de Yucatán; Mons. Rogelio Cabrera, obispo de Monterrey; Mons. Fausto Pallares, obispo de León, Guanajuato; obispo emérito de Cd. Obregón, don Vicente García Bernal; Mons. Felipe Padilla de Cd. Obregón; Mons. Jesús José Herrera Quiñones obispo de Casas Grandes; obispo José Guadalupe Martín Rábago, obispo emérito de León; Mons. Fabio Martínez Castilla de Tuxtla, Gutiérrez; obispo José Gpe. Torres de Cd. Juárez; Mons. Isidro Guerrero, obispo de Mexicali; Mons. Sigifredo Noriega Barceló, obispo de Zacatecas; Mons. Rafael Romo de Tijuana; Mons. Faustino Armendáriz, obispo de Querétaro; monseñor Teodoro Pino Miranda, obispo de Huajuapan de León, Oaxaca; Mons. Jonás Guerrero de Culiacán, Sinaloa y el obispo de San Juan de los Lagos, monseñor Felipe Salazar.

Durante la homilía el Nuncio Apostólico mencionó que “llevar la Palabra de Dios a todas las gentes, es en efecto, la razón del Sacerdocio; pero no solo. Jesús, participando a quienes Él quiere de su propio sacerdocio, envía a sus ministros al mundo para, ‘in persona Christi capitis’, perdonar los pecados, reconciliar los corazones, transformar vidas, comunicar la misericordia del Padre y la gracia de los sacramentos, enseñar con la Palabra y celebrar la Eucaristía; para hacer presente el Amor y la Misericordia indestructible que salva y da vida eterna… Y, qué bello es ver al Pastor, al sacerdote, al obispo que sin distraerse con las cosas del mundo, permanentemente se esfuerza por ser ‘modelo’, es decir, testigo del Resucitado y servidor de la misericordia…

“Hermanas y hermanos, en la feliz circunstancia que hoy nos ha convocado en torno al altar, los invito a que, invocando la intercesión de la Virgen María, Madre de los apóstoles, que incesantemente vela por el bien de cada uno de sus hijos, le pidamos a Jesús que mire con bondad la persona y el ministerio de monseñor Ulises y que, bendiciéndolo a él, bendiga también a los obispos, sacerdotes, consagrados, familias, jóvenes,  niños y ancianos de la amada Arquidiócesis de Hermosillo… ¡Sí! Hermano Ulises, oramos por ti y lo hacemos uniéndonos a tu oración y a tu himno de acción de gracias por el don del Sacerdocio… recordando también las palabras de San Agustín: ‘que el Señor me conceda, con la ayuda de vuestras oraciones, ser y perseverar, siendo hasta el final lo que queréis que sea todos los que me queréis bien y lo que quiere que sea Quien me llamó y mandó; ayúdeme Él a cumplir lo que me mandó’”, concluyó emotivamente.

Durante las ofrendas recibió enmarcado el Ramillete Espiritual que los fieles de la Arquidiócesis durante varios meses fueron realizando como un obsequio muy especial a su Pastor, quien con alegría lo alzó y mostró dando las gracias.

Al final de la Misa, monseñor Ulises, no tuvo reparo en mostrar su alegría y gratitud a Dios, a su pueblo, a sus hijos sacerdotes y religiosos y Obispos que le acompañaron, recordando con gran afecto a monseñor Carlos Quintero Arce y Juan Navarrete y Guerrero sus predecesores; comentando “Don Carlo, seguramente nos hubiera acompañado como siempre”.

Después de la Misa se preparó un templete y varias mesas para un alegre convivio entre los asistentes quienes degustaron una deliciosa cena y se amenizó con música regional.

 

 

 

23Mar/16

Jueves Santo

La herencia de Cristo

Por Mary Loustaunau

La noche del Jueves Santo, Jesús escribió en los corazones de sus apóstoles un Testamento de amor y de esa forma, quedó escrito a través de ellos, primeros miembros de la Iglesia, en los corazones de cada cristiano…

En esa cena, última, Jesús nos entrega sus riquezas y nos da las herramientas para peregrinar en este mundo hasta su regreso. Tres son los dones que Jesús nos dejó esa noche.

-El primero. Su presencia y compañía constante a través de la Eucaristía. Pan y vino en sus manos se nos dan como cuerpo y sangre suya, memorial de su pasión y presencia real – se va, pero se queda – al Instituir la Eucaristía, Jesús mismo se convierte en parte del Tesoro que nos hereda. Amorosamente se entrega en el pan y el vino… ¿Estamos conscientes de ello? ¿Quién, que recibe una herencia valiosa la desprecia?

-El Segundo. Que está en función de la Eucaristía y de sus efectos salvadores: El Sacerdocio. Aquella noche, Jesús constituyó sacerdotes a los apóstoles y les dijo: Hagan esto en memoria mía… Autoridad para portar y ofrecer el Cuerpo de Nuestro Señor a quienes justamente y en gracia le busquen.

-El tercero. Es el mandamiento nuevo del amor. Un amor que da la vida por sus amigos… Una nueva forma de vivir: “Os doy un mandamiento nuevo, que os améis unos a otros como yo os he amado”, Jn 13, 33. Y proclamó este mandamiento de amor señal de quienes le sigan y se digan cristianos ‘por esto los reconocerán como discípulos míos’.

Por eso, cada Jueves Santo se estremece la Iglesia al recordar la herencia preciosa de Cristo, que amorosa y fraternalmente hizo a sus amigos…

Los gestos de esta cena apuntan al amor fraterno…. Ejemplo; el lavatorio de los pies a sus apóstoles en la mesa común donde comparten su Cuerpo y Sangre.

Concluyo diciendo que el comportamiento de Jesús ante sus amigos es muestra de servicio, de amor y entrega que invitan a quienes nos decimos cristianos y gozamos de su herencia a hacer lo mismo…

Hermanos, un Jueves Santo nos hicimos ricos… ¿Quién no reclama una herencia?

18Mar/16

La Pascua es la gran fiesta de los cristianos

Todo es nada en comparación de las fiestas Pascuales, en las que celebramos el sentido más profundo de nuestras vidas, el Misterio de la vida eterna, que se hace presente en nuestras vidas cotidianas.

 

Reflexiones de Pascua

La Pascua trae consigo una alegría que no podemos pasar por alto, debemos vivirla intensamente en nuestros corazones y llevar a la práctica reflexiones como estas:

  1. Ser cristiano, es creer en la resurrección de Cristo. No somos cristianos por el hecho de creer en la cruz, en el sufrimiento y en la muerte. Somos cristianos porque creemos en la resurrección, en la liberación, en la vida y en la alegría.
  2. 2. En el fondo de nuestro corazón hemos de tener la seguridad de que toda prueba se transforma en gracia, toda tristeza en alegría, toda muerte en resurrección.
  3. 3. No creer en la alegría es casi aceptar a renunciar a nosotros mismos, a nuestra experiencia, a nuestra desconfianza, a nuestras quejas. Nuestra alegría es la medida de nuestro apego a Dios, a la confianza, a la esperanza, a la fe.
  4. 4. La fe en la resurrección no puede brotar más que de un amor verdadero. Cristo nos ha dado a conocer ese amor que no pasa: “La fe y la esperanza pasarán, pero la caridad vive para siempre”.
  5. 5. Nuestra fe, nuestra esperanza de resucitar para nosotros y para los demás, depende estrechamente de nuestra capacidad de resurrección, están a la medida de nuestra fuerza de amar.
  6. 6. Para que podamos experimentar una vida de amor y de fe, tenemos que morir a nuestras faltas, a nuestras tristezas y a nuestros resentimientos. No existe Pascua para nosotros, si no aceptamos morir en esa zona de nuestra propia alma en la que estamos demasiado vivos: en nuestras agitaciones, nuestros temores, nuestros interesases, nuestro egoísmo.
  7. 7. No existe Pascua sin una buena confesión: un morir a nosotros mismos, a nuestros caprichos, para resucitar a la voluntad de Cristo, que es amor, esperanza, renovación, cariño.
  8. 8. No existe Pascua sin una comunión pascual: un salir de nuestras costumbres, de nuestro pan y nuestra vida, para saborear otro pan, otra vida, un pan de la sinceridad, de entrega a los demás, una vida de amor, de fe y de alegría.

 

Algunas preguntas para hacerse en Pascua

¿En qué medida soy un cristiano alegre?

¿Qué es lo que más me gusta de la vida? ¿Qué cosas dan sentido a mi vida?

¿Qué es lo que más me está costando de mi vida de hoy? ¿Qué es lo que me hace sufrir?

¿Qué quiero decirle a Jesús resucitado en esta Pascua?

¿Qué es lo que necesito de la vida, para mi vida, para mi historia de hoy?

Eso es la fiesta de Pascua: un cambio de vida, un pasar de esta vida nuestra a otra admirable, maravillosa, que será nuestra vida para siempre, en la casa del Padre celestial.

 

Fuente: Catholic.net

 

18Mar/16

VIA CRUCIS de la MISERICORDIA

Meditando el camino de la Cruz con el Papa Francisco

(enmarcha.mx).- Semanario ‘En Marcha’, ofrece el siguiente Viacrucis de la Misericordia para vivir estos días santos de la Pasión, muerte y resurrección de Cristo a fin de que lo medite ahí donde usted se encuentre, en la montaña, la playa o la ciudad en compañía de los suyos.

Se trata de un camino de oración que busca adentrarnos en la meditación de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo en su camino al Calvario y su gloriosa resurrección; en esta ocasión incluye una breve meditación de las Siete Palabras.

            En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. AMÉN.

 

PRIMERA ESTACIÓN: Jesús condenado a muerte

Te adoramos Cristo y te bendecimos…Pues por tu santa cruz redimiste al mundo y a mi pecador, amén. (Se repite al inicio de cada estación)
“Pilato volvió a dirigirles la palabra con intención de soltar a Jesús. Pero seguían gritando: “¡Crucifícalo, crucifícalo!”…”, Leer: (Lc 23, 20-25).

¿Y nosotros? ¿Sabremos tener una conciencia recta y responsable, transparente, que nunca dé la espalda al inocente, sino que luche con valor en favor de los débiles, resistiéndose a la injusticia y defendiendo por doquier la verdad ultrajada?

            ORACIÓN: Señor Jesús, hay manos que amparan y hay manos que firman sentencias injustas. Haz que, ayudados por tu gracia, no descartemos a nadie.
Defiéndenos de la calumnia y la mentira. Ayúdanos a buscar siempre la verdad,
y a estar siempre de parte de los débiles. Y concede tu luz a quien, por misión, debe juzgar en el tribunal, para que emita siempre sentencias justas y verdaderas. Amén.

Padre nuestro… (Se reza al final de cada estación)

 

SEGUNDA ESTACIÓN: Jesús con la cruz a cuestas

“Él llevó nuestros pecados en su cuerpo hasta el leño, para que, muertos al pecado, vivamos para la justicia…”, Leer: (1P 2, 24-25).

Volvamos, pues, a Cristo, pastor y guardián de nuestras almas. Luchemos juntos por el trabajo en reciprocidad, superando el miedo y el aislamiento, recuperando la estima por la política y tratando de solventar juntos los problemas.

            ORACIÓN: Señor Jesús, cada vez se hace más densa nuestra noche. La pobreza se torna miseria. No tenemos pan para los hijos y nuestras redes están vacías. Nuestro futuro es incierto. Vela por el trabajo que falta. Despierta en nosotros el celo por la justicia, para que no arrastremos la vida, sino que la llevemos con dignidad. Amén… Padre nuestro…

 TERCERA ESTACIÓN: Jesús cae por primera vez

“…pero él fue traspasado por nuestras rebeliones, triturado por nuestros crímenes. Nuestro castigo saludable cayó sobre él”, Leer: (Is 53, 4-5).

En esta caída, en este ceder al peso y la fatiga, Jesús vuelve a ser una vez más maestro de vida. Nos enseña a aceptar nuestras fragilidades, a no desanimarnos por nuestros fallos, a reconocer con lealtad nuestras limitaciones. Con esta fuerza interior que viene del Padre, Jesús nos ayuda a aceptar las debilidades de los demás; a no indignarnos con quien ha caído, a no ser indiferentes. A decir no a la cultura del descarte.

            ORACIÓN: Señor Jesús, que te has humillado para rescatar nuestra debilidad, 
haznos capaces de entrar en una verdadera comunión con nuestros hermanos más pobres. Arranca de nuestro corazón toda raíz de miedo y cómoda indiferencia, que nos impide reconocerte en los emigrantes, para dar testimonio de que tu Iglesia no tiene fronteras, sino que es verdadera madre de todos. Amén…

 

CUARTA ESTACIÓN: Jesús se encuentra con la Madre

 “Simeón los bendijo, diciendo a María: “Mira, este ha sido puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; será signo de contradicción… Y a ti, una espada te traspasará el alma” Leer: (Lc 2, 34-35). “Llorad con los que lloran… (Rm12, 15-16).

Nuestro corazón se llena de asombro al contemplar la grandeza de María, en su hacerse, ella misma criatura, ‘prójimo’ para con su hijo, Dios y Señor. Ella recoge las lágrimas de todas las madres por sus hijos lejanos, por los jóvenes condenados a muerte, asesinados o enviados a la guerra… ¡Qué lágrimas tan amargas! Madres que velan en la noche, temblando por los jóvenes abrumados por la inseguridad o en las garras de la droga. Junto a María, nunca seremos un pueblo huérfano: “No se turbe tu corazón,  ¿no estoy yo aquí, que soy tu Madre?”.

ORACIÓN: Salve, Madre, dame tu santa bendición. Bendíceme, a mí y a toda mi casa.
Dígnate ofrecer a Dios todo lo que hoy haré y soportaré, unido a tus méritos y a los de tu santísimo Hijo. Te ofrezco mi ser y mis cosas a tu servicio… Obtén para mí, Señora, la pureza de la mente y cuerpo, y haz que, en este día, no haga nada que desagrade a Dios. Te lo pido por tu Inmaculada Concepción. Amén (San Gaspar Bertoni).

 

QUINTA ESTACIÓN: El Cireneo ayuda a Jesús a llevar la cruz
“A uno que pasaba, de vuelta del campo, a Simón de Cirene, el padre de Alejandro y de Rufo, lo forzaron a llevar la cruz”, Leer: (Mc 15, 21).

Simón es recordado por San Marcos como el padre de dos cristianos en Roma: Alejandro y Rufo. Un padre que ha impreso en el corazón de los hijos la fuerza de la cruz de Jesús. En esto radica la verdadera cura de nuestro egoísmo. La relación con el otro nos rehabilita y crea una hermandad mística, contemplativa, que sabe mirar la grandeza sagrada del prójimo, que sabe descubrir a Dios en cada ser humano, que puede soportar las penas de la vida, apoyándose en el amor de Dios. Sólo con el corazón abierto al amor divino, me veo impulsado a buscar la felicidad de los demás en gestos de voluntariado: una noche en el hospital, un préstamo sin intereses, una lágrima enjugada en familia, el compartir el pan.

-­­ORACIÓN: Señor Jesús, en el Cireneo amigo, vibra el corazón de tu Iglesia,
que se hace refugio de amor para cuantos tienen sed de ti. La ayuda fraterna es la clave para atravesar juntos la puerta de la Vida. No permitas que nuestro egoísmo nos haga pasar de largo, ayúdanos a derramar el ungüento de consolación en las heridas de los otros. Amén…

 

SEXTA ESTACIÓN: Verónica enjuga el rostro de Jesús

“Oigo en mi corazón: ‘Buscad mi rostro’. Tu rostro buscaré, Señor, no me escondas tu rostro. No me abandones, Dios mi salvación”, Leer: (Sal 26,8-9).

Jesús se arrastra con dificultad, jadeando. Pero la luz de su rostro se mantiene intacta. Los golpes no han conseguido quebrar su belleza. Jesús, entonces, se detiene ante una mujer que viene a su encuentro sin titubeos. Es la Verónica, verdadera imagen femenina de la ternura… El Señor encarna aquí nuestra necesidad de gratuidad amorosa, de sentirnos amados y protegidos por gestos de solicitud y de cuidados.

-ORACIÓN: Señor Jesús, ¡qué amarga la indiferencia de quien creíamos a nuestro lado en los momentos de desolación! Pero tú nos cubres con ese paño que lleva impresa tu sangre preciosa, que has derramado a lo largo del camino del abandono, que también tú sufriste injustamente. Sin ti, no tenemos ni podemos dar alivio alguno. Amén…

 

SÉPTIMA ESTACIÓN: Jesús cae por segunda vez
“… Me rodeaban como avispas, ardiendo como el fuego en las zarzas, en el nombre del Señor los rechacé. Empujaban para derribarme, pero el Señor me ayudó… no me entregó a la  muerte”, Leer: (Sal 117,11.12-13.18).

En Jesús se cumplen verdaderamente las antiguas profecías del Siervo humilde y obediente, que carga sobre sus hombros toda nuestra historia de dolor. En Él reconocemos la amarga experiencia de los detenidos en prisión. A la cárcel se la mantiene aún hoy demasiado olvidada, rechazada por la sociedad civil. El hacinamiento es una doble pena, una opresión injusta, que desgasta la carne y los huesos. Algunos – demasiados – no sobreviven… Y aun cuando un hermano nuestro sale, lo seguimos considerando ‘ex recluso’, cerrándole así las puertas del rescate social y laboral.

– ORACIÓN: Señor Jesús, una conmoción indecible me embarga al verte postrado en tierra por mí. No hallas mérito alguno, sino una multitud de pecados, incongruencias, debilidades. Y ¡qué amor de predilección como respuesta! 
Al margen de la sociedad, denigrados por los juicios, tú nos has bendecido para siempre. Dichosos nosotros si hoy estamos aquí, por tierra, contigo, rescatados de la condena. Haz que no eludamos nuestras responsabilidades, concédenos vivir en tu humillación, a salvo de toda pretensión, para renacer a una vida en el cielo. Amén…

 

OCTAVA ESTACIÓN: Jesús encuentra a las mujeres de Jerusalén
“Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí, llorad por vosotras y por vuestros hijos”, (Lc 23, 28).

Lloremos por nuestros pecados no confesados. Y lloremos también por esos hombres que descargan sobre las mujeres la violencia que llevan dentro. Lloremos por las mujeres esclavizadas por el miedo y la explotación. Pero no basta compungirse. Jesús es más exigente. Las mujeres deben ser amadas como un don inviolable para toda la humanidad. Para hacer crecer a nuestros hijos, en dignidad y esperanza.

-ORACIÓN: Señor Jesús, frena la mano que ataca a las mujeres. Libera su corazón del abismo de la desesperación cuando se convierten en víctimas de la violencia. Enjuga su llanto cuando se encuentran solas. Y abre nuestro corazón para compartir todo dolor,
con sinceridad y fidelidad, más allá de la compasión natural, para hacernos instrumentos de la verdadera liberación. Amén.

 

NOVENA ESTACIÓN: Jesús cae por tercera vez

“¿Quién podrá apartarnos del amor de Cristo?… ¿la angustia?, ¿la persecución?… todo esto vencemos de sobra gracias a Aquel que nos ha amado” Leer: (Rm 8,35.37).

Que la contemplación de Jesús caído, pero capaz de ponerse en pie, nos ayude a vencer la congoja que el temor por el mañana imprime en nuestro corazón, especialmente en tiempo de crisis. Superemos la nociva nostalgia del pasado, la comodidad del inmovilismo, del ‘siempre se ha hecho así’. Ese Jesús que cae, pero luego se levanta, es la certeza de una esperanza que, alimentada por la oración intensa, nace precisamente durante la prueba, y no después ni sin prueba. Por la fuerza de su amor, saldremos victoriosos.

-ORACIÓN: Señor, te rogamos que levantes del polvo al mísero, levanta a los pobres de la inmundicia, hazlos sentar con los jefes del pueblo y asígnales un puesto de honor. Quiebra el arco de los fuertes y reviste a los débiles de vigor. Amén.

 

DÉCIMA ESTACIÓN: Jesús es despojado de las vestiduras

“… cogieron su ropa, haciendo cuatro partes y apartaron la túnica. Una túnica sin costura… de una pieza. Y se dijeron: “No la rasguemos, sino echémosla a suerte…”. Así se cumplió la Escritura…”, Leer: (Jn 19,23-24).

En Jesús, despojado, reconocemos la dignidad violada de todos los inocentes, especialmente de los pequeños. Dios no impidió que su cuerpo despojado fuera expuesto en la cruz. Lo hizo para rescatar todo abuso injustamente cubierto, y demostrar que Él, Dios, está irrevocablemente y sin medias tintas de parte de las víctimas.

-ORACIÓN: Señor, queremos volver a ser inocentes como niños, para poder entrar en el reino de los cielos, purificados de nuestra suciedad de ídolos. Retira de nuestro pecho el corazón de piedra de las divisiones, que hacen a tu Iglesia poco creíble. Danos un corazón y espíritu nuevo, para vivir según tus preceptos. Amén…

 

UNDÉCIMA ESTACIÓN: Jesús clavado en la cruz
“… Era media mañana cuando lo crucificaron. En un letrero estaba escrito: ‘El rey de los judíos’. Crucificaron con él a dos bandidos…  Así se cumplió la Escritura”, (Mc 15,24-28).

Jesús no desciende, no abandona la cruz. Obediente, ama y perdona.

Que nuestra mano nunca sea para clavar, sino para consolar y acompañar a los enfermos, levantándolos de su lecho de dolor con misericordia, entonces la enfermedad puede convertirse en una gran escuela de sabiduría, en encuentro con el Dios paciente y se abre a la luz pascual de Cristo crucificado y resucitado. Lo que humanamente es una condena, puede transformarse en un ofrecimiento redentor por el bien de nuestras comunidades y familias. A ejemplo de los Santos.

-ORACIÓN: Señor, no te alejes, siéntate en mi lecho de dolor y hazme compañía. No me dejes, tiende tu mano y levántame. Yo creo que tú eres el Amor, y creo que tu voluntad es la expresión de tu amor; por eso me encomiendo a tu voluntad y confío. Amén

 

DUODÉCIMA ESTACIÓN: Jesús muere en la cruz
… Y, sujetando una esponja empapada en vinagre se la acercaron a la boca. Jesús, tomó y dijo: “Está cumplido”. Inclinando la cabeza, entregó el espíritu” (Jn 19,28-30).

Las Siete Palabras de Jesús son una obra maestra de esperanza. Es el gemido de los moribundos, el grito de los desesperados, la invocación de los perdedores. Es Jesús.

 

LAS SIETE PALABRAS DE NUESTRO SEÑOR:

“Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” (Mt 27,46). Es el grito de todo hombre en desgracia. Y Dios guarda silencio. Jesús, es la respuesta de Dios, Palabra eterna encarnada por amor.

“Acuérdate de mí…”. La invocación fraterna del malhechor, convertido en compañero de dolor, llega al corazón de Jesús: “Hoy estarás conmigo en el Paraíso” (Lc 23,42-43). El dolor del otro nos redime siempre, porque nos hace salir de nosotros mismos.

“Mujer, ahí tienes a tu hijo…” (Jn 19,26). Es su Madre, María, que estaba con Juan al pie de la cruz. La llena de ternura y esperanza. Jesús ya no se siente solo. Como nos pasa a nosotros cuando junto al lecho del dolor está quien nos ama.

“Tengo sed” (Jn 19,28). Es la sed del mayor de los sedientos, Dios, que infinitamente más que nosotros tiene sed de nuestra salvación.

“Está cumplido” (Jn 19,30). Todo cumplido: cada palabra, cada gesto, cada instante de la vida de Jesús. Nada se ha desperdiciado. Todo se ha convertido en amor. Todo está cumplido, para mí y para ti. Y, así, también el morir tiene un sentido.

“Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lc 23,34). El perdón renueva, sana, transforma y consuela.

“Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu” (Lc 23,46). Ya no más desesperación ante la nada. Más bien plena confianza en el Padre. Porque, en Dios, cada fragmento se compone finalmente en unidad.

-ORACIÓN: Oh Dios, que en la pasión de Cristo nuestro Señor, nos has liberado de la muerte, heredad del antiguo pecado, transmitida a todo el género humano, renuévanos a imagen de tu Hijo; y, así como hemos llevado en nosotros por nacimiento la imagen del hombre terrenal, haz que, por la acción de tu Espíritu, llevemos la imagen del Hombre celestial. Por Cristo nuestro Señor. Amén.

 

DECIMOTERCERA ESTACIÓN: Jesús es bajado de la cruz
“…Un hombre rico de Arimatea, llamado José, discípulo de Jesús, acudió a Pilato a pedirle el cuerpo. Pilato mandó se lo entregaran” Leer: (Mt 27,57-58).

Postrada ante el cuerpo de Jesús, María se encadena a él en un abrazo total. Este icono se llama simplemente ‘Piedad’. Es desgarrador, pero demuestra que la muerte no quiebra el amor. El amor puro es perdurable. Quién está dispuesto a sacrificar su vida por Cristo, la encontrará. Amar hasta el final es la suprema enseñanza que nos han dejado Jesús y María.

-ORACIÓN: Oh, Virgen de los Dolores, que en nuestros santuarios nos muestras tu rostro de luz, mientras que con los ojos hacia el cielo y las manos abiertas ofreces al Padre un signo de ofrenda sacerdotal, la víctima redentora de tu Hijo Jesús. Muéstranos la dulzura del último fiel abrazo y danos tu maternal consuelo, para que el dolor cotidiano nunca apague la esperanza de vida más allá de la muerte. Amén.

 

DECIMOCUARTA ESTACIÓN: Jesús es puesto en el sepulcro
“Había un huerto en el sitio donde lo crucificaron, y en el huerto un sepulcro nuevo donde nadie había sido enterrado todavía… Allí pusieron a Jesús” (Jn 19,41-42).

Aquel sepulcro representa el fin del hombre viejo. El silencio que rodea ese jardín nos permite escuchar el susurro de una suave brisa: “Yo soy el que vive, y yo estoy con vosotros” (cf. Ex 3,14). El velo del templo se rasgó. Finalmente vemos el rostro de nuestro Señor. Y conocemos plenamente su nombre: misericordia y fidelidad, para no quedar nunca confusos, ni siquiera ante la muerte, porque el Hijo de Dios fue libre entre los muertos.

-ORACIÓN: Protégeme, oh Dios, en ti me refugio. Tú eres mi heredad y mi copa,
en tus manos está mi vida. Te pongo siempre ante mí, como mi Señor, contigo no vacilaré. Por eso se alegra mi corazón y mi alma, y mi carne descansa segura. No abandones mi vida en el abismo ni dejes a tu fiel conocer la corrupción. Amén.

 

16Mar/16

El Santo Padre y la curia vaticana vivió sus ejercicios espirituales, donde meditaron sobre ‘10 preguntas desnudas del Evangelio’

(enmarcha.mx).- Con diez preguntas en preparación a la Pascua, el Papa Francisco y los miembros de la Curia Romana realizaron sus Ejercicios Espirituales, del 6 al 11 de marzo, en la Casa del Divino Maestro de la localidad Ariccia que comenzaron con la Adoración Eucarística y el rezo de las Vísperas.

Los contenidos de estos ejercicios bien pueden servir a todos los fieles de la Iglesia para concluir en un clima de recogimiento los últimos días de la Cuaresma que estamos viviendo antes de iniciar el Triduo Pascual y que a través de este espacio ponemos a su disposición.

El padre Ermes Ronchi, de la Orden de los Siervos de María, dirigió la meditación sobre “las preguntas desnudas del Evangelio”.

A grandes rasgos estas fueron las 10 preguntas a meditar, mismas que podemos desmenuzar en oración en estos días como parte de nuestra vivencia cuaresmal: La primera de este retiro espiritual, fue sobre la pregunta de Jesús:

1.- “¿Qué buscan?” (Jn 1, 38). Tal como afirmó el Padre servita, la propuesta para estos días es detenerse en escucha ante las preguntas de Dios, no para interrogar al Señor, sino para dejarse interrogar por Él. Y, en lugar de buscar inmediatamente la respuesta, detenerse para vivir bien estas preguntas, “las preguntas desnudas del Evangelio”. Y amar estas preguntas que ya son revelación. Es más, las preguntas son el “otro nombre de la conversión”.

En su meditación el Padre Ronchi  afirmó que Jesús educa en la fe a través de preguntas más que a través de las palabras. Y de hecho, los cuatro Evangelio ofrecen más de 220 preguntas del Señor, que el Padre Ronchi invita a descubrir en la lectura bíblica. Porque la pregunta – dijo –  es una comunicación no violenta, que no hace callar al otro, sino que relanza el diálogo, implicándolo y, al mismo tiempo, dejándolo libre. También explicó que el mismo Jesús es una pregunta, puesto que su vida y su muerte nos interpelan acerca del sentido último de las cosas y nos interrogan sobre lo que hace feliz la vida siendo, precisamente Él, la respuesta.

Las reflexiones diarias de los Ejercicios Espirituales que vivieron el Papa Francisco y la Curia continúo con las siguientes preguntas:

  1. “¿Por qué tienen miedo, no tienen fe?” (Mc, 4, 40)
  2. “Ustedes son sal, ¿pero si la sal pierde sabor, luego será salada con qué?” (Mt, 5, 13)
  3. “Pero, ¿quién dicen que soy yo?” (Lc 9, 20)
  4. “Y volviéndose hacia la mujer, dijo a Simón: ¿ves a esta mujer?” (Lc 7, 44)
  5. “Jesús dijo a sus discípulos: ¿Cuántos panes tienen?” (Mc 6, 38; Mt 15, 34)
  6. “Entonces Jesús dijo: mujer, ¿dónde están tus acusadores?” (Jn 8, 10)
  7. “Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?” (Jn 20, 15)
  8. “Simón, hijo de Juan, ‘¿me amas?”, (Jn 21, 16) y para concluir…
  9. “María dijo al ángel: ¿Cómo sucederá esto?” (Lc, 1, 34).

 

 

 ‘La Iglesia debe ser transparente con los bienes que posee’

El predicador de los ejercicios espirituales del Papa y la Curia invitó a interrogarse: ¿Cuánto dinero tengo, cuántas casas? ¿Qué estilo de vida? ¿Cuántos coches o cuántas joyas en forma de cruz o anillos?

(ZENIT – Ciudad del Vaticano). Lo que hiere más al pueblo cristiano es el apego del clero al dinero, mientras que lo que le hace feliz es el pan compartido. El padre Ermes Ronchi lo aseguró en una de las meditaciones de los ejercicios espirituales al Papa Francisco y a la Curia romana en Ariccia.

La transparencia de los bienes de la Iglesia y la cuestión más amplia de la lucha contra el hambre y el derroche de la comida han sido dos puntos claves de la sexta predicación del padre Ermes Ronchi al papa Francisco y a la Curia Romana.

“Hay personas tan hambrientas que para ellos Dios no puede tener más forma que la del pan”. Así abrió la predicación de este miércoles por la mañana. La vida inicia con el hambre, “ser vivo es tener hambre”. Y si la mirada se amplía, está el hambre ‘de masa’, “el asedio de los pobres”, millones de manos tendidas que piden algo para comer, no piden “una definición religiosa”. Y la Iglesia, ¿cómo responde?, se preguntó el padre Ronchi.

Las palabras del Evangelio sobre las que el padre Ronchi reflexionó fueron las de la multiplicación de los panes y los peces. Jesús “es muy práctico”. El predicador aseguró que “la operación de verificación se pide a todos los discípulos también hoy, a mí: ¿cuánto tienes? ¿Cuánto dinero, cuántas casa? ¿Qué estilo de vida? Id a ver, verificad. ¿Cuántos coches o cuántas joyas en forma de cruz o anillos? La Iglesia no debe tener miedo de la transparencia, ningún miedo de la claridad sobre los panes y los peces, sobre sus bienes. Cinco panes y dos peces”.

Y precisó el predicador: “con la transparencia se es auténtico. Y cuando eres auténtico eres también libre”. Como Jesús, que “no se ha dejado comprar por nadie” y “no ha entrado nunca en los palacios de los poderosos si no como prisionero”.

Cuando no se tiene, observa el padre Ronchi, se trata de contener, como esas órdenes religiosas que si pudieran gestionar los bienes como si eso pudiera producir esa seguridad erosionada de la crisis de las vocaciones.

Sin embargo, la lógica de Jesús es la del don. “Amar” en el Evangelio se traduce en un verbo seco: “dar”. El milagro de la multiplicación es esto, que Jesús, “no vaya a la cantidad” del pan, lo que quiere es que el pan sea compartido.

Asimismo, recordó que “según una misteriosa regla divina: cuando mi pan se convierte en nuestro pan, entonces también el poco se convierte en suficiente. Y sin embargo, el hambre comienza cuando sostengo con fuerza mi pan para mí, cuando el Occidente saciado sostiene con fuerza su pan, sus peces, sus bienes para sí”. Y aseguró que saciar la tierra, toda la tierra, es posible porque hay suficiente pan. “No es necesario multiplicarlo, basta con distribuirlo, empezando por nosotros”, subrayó el predicar. Al mismo tiempo precisó que no son necesarias multiplicaciones prodigiosas, sino vencer al Goliat del egoísmo, del derroche de la comida y del acumular de pocos.

El padre Rochi recordó que “la última pregunta será si has dado poco o has dado mucho a la vida”. De esto depende la vida, no de los bienes, aseveró.

Para concluir, subrayó que el milagro son los cinco panes y los dos peces que la Iglesia naciente pone en las manos de Cristo fiándose, sin calcular y sin quedarse cosas para sí o para la propia cena. “Es poco pero es todo lo que tiene, es poco pero es toda la cena de los discípulos, es una gota en el mar, pero es esa gota que puede dar sentido y puede dar esperanza a la vida”.

 

 

 

Rosario sobre la Cuaresma

Indicaciones: Seleccionar los coros y los cantos antes del inicio del rosario.

Todos: Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos Señor, Dios nuestro.

            Se inicia con las oraciones tradicionales…

Cuaresma es un tiempo de especial gracia, es tiempo favorable para convertirnos. Nosotros como Iglesia nos preparamos para vivir y celebrar el Misterio de la Reconciliación, cada vez con un corazón más convertido. Este es el sentido: convertir nuestro corazón al Señor.

Meditemos en este rosario en algunos medios que la Iglesia nos propone para poder prepararnos adecuadamente para la celebración de los misterios centrales de nuestra fe.

 

PRIMERA MEDITACIÓN: La iniciativa siempre es de Dios

Hay dos medios que nos propone la Iglesia para este tiempo litúrgico de la Cuaresma, que nos manifiestan claramente que la iniciativa parte de Dios-Amor. Por un lado, se nos propone tener una escucha atenta y reverente a la Palabra de Dios. Debemos tener durante esta Cuaresma un constante contacto con la Palabra Divina. Dios mismo sale a nuestro encuentro y nos invita a prepararnos nutriéndonos de su propia Palabra. Esta lectura de la Palabra de Dios, nos lleva a una oración más intensa, y éste es el segundo medio. Debemos nutrirnos de la oración durante esta Cuaresma, para no sucumbir y salir fortalecidos ante las tentaciones de Satanás. Esta oración debe mostrar nuestra reconciliación con Dios que nos invita al amor.

Padre nuestro…

SEGUNDA MEDITACIÓN: Cooperar con la gracia de Dios

Otro de los medios que se nos propone durante la Cuaresma es acudir a los sacramentos de la reconciliación y de la Eucaristía. Es necesario acudir a la misericordia del Señor. Para convertirnos debemos dejar todo pecado. Pero solos no podemos. Confiemos en el perdón que nos ofrece el Señor. No hay pecado que Él no pueda perdonarnos. Y acudamos también al encuentro con el Hijo de Santa María, realmente presente en la Eucaristía. Él mismo se ofrece por nosotros y se entrega en el altar de la reconciliación.

Padre nuestro…

TERCERA MEDITACIÓN: El ayuno y la abstinencia

Dos medios que nos ayudan a ir preparando mejor nuestro corazón. Debemos tomar conciencia de la bendición que nos da el Señor. Muchos no se percatan de la importancia de esto. Cuántos de nosotros sabemos del ayuno y abstinencia de todos los viernes de Cuaresma, como preparación. ¿Y cuántos de nosotros realmente lo vivimos?

Muy importante es también la mortificación y la renuncia en algunas circunstancias ordinarias de nuestra vida, ocasiones para acercarnos a la luz del Señor y conformarnos con Él, purificando nuestros corazones.

En esta meditación vamos a cantar el primer Ave María.

Padre nuestro…

CUARTA MEDITACION: Llamado a la conversión

El Señor nos invita a convertirnos a Él. Debemos llegar hasta el fondo de nosotros mismos, pues se trata de morir a todo lo que es muerte para resucitar a una vida nueva en el Señor.

Confiemos en la misericordia de Dios. Escuchemos lo que Él mismo nos dice en la Escritura: (hacer una pausa)

“Y os daré un corazón nuevo, infundiré en vosotros un espíritu nuevo, quitaré de vuestra carne el corazón de piedra y os daré un corazón de carne”.

Padre nuestro…

QUINTA MEDITACION: En compañía de María

Y todo este camino que hemos emprendido, lo hacemos en la compañía tierna y amorosa de nuestra Santa Madre. Ella es guía segura en nuestro peregrinar hacia la plena configuración con su Hijo, el Señor Jesús. Es Ella quien con su intercesión nos ayuda a cambiar nuestro corazón de piedra en un corazón de carne.

Acojámonos a su intercesión y confiémosle nuestros esfuerzos para vivir intensamente este tiempo de conversión.

Padre nuestro…

Convirtamos nuestro corazón, trabajemos por nuestra propia reconciliación personal, siempre guiados de la mano amorosa de nuestra Madre.

Terminemos nuestra oración cantando LA SALVE.

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.