Archivos de la categoría: La voz del Papa

05Oct/15

Una Nación es considerada grande cuando defiende la libertad: Francisco

Intervención del Santo Padre en el Congreso de los Estados Unidos

Queridos amigos:

Les agradezco la invitación que me han hecho a que les dirija la palabra en esta sesión conjunta del Congreso en «la tierra de los libres y en la patria de los valientes». Me gustaría pensar que lo han hecho porque también yo soy un hijo de este gran continente, del que todos nosotros hemos recibido tanto y con el que tenemos una responsabilidad común.

Cada hijo o hija de un país tiene una misión, una responsabilidad personal y social. La de ustedes como Miembros del Congreso, por medio de la actividad legislativa, consiste en hacer que este País crezca como Nación. Ustedes son el rostro de su pueblo, sus representantes. Y están llamados a defender y custodiar la dignidad de sus conciudadanos en la búsqueda constante y exigente del bien común, pues éste es el principal desvelo de la política.

La sociedad política perdura si se plantea, como vocación, satisfacer las necesidades comunes favoreciendo el crecimiento de todos sus miembros, especialmente de los que están en situación de mayor vulnerabilidad o riesgo. La actividad legislativa siempre está basada en la atención al pueblo. A eso han sido invitados, llamados, convocados por las urnas.

Se trata de una tarea que me recuerda la figura de Moisés en una doble perspectiva. Por un lado, el Patriarca y legislador del Pueblo de Israel simboliza la necesidad que tienen los pueblos de mantener la conciencia de unidad por medio de una legislación justa. Por otra parte, la figura de Moisés nos remite directamente a Dios y por lo tanto a la dignidad trascendente del ser humano. Moisés nos ofrece una buena síntesis de su labor: ustedes están invitados a proteger, por medio de la ley, la imagen y semejanza plasmada por Dios en cada vida humana.

Mi visita tiene lugar en un momento en que los hombres y mujeres de buena voluntad conmemoran el aniversario de algunos ilustres norteamericanos. Salvando los vaivenes de la historia y las ambigüedades propias de los seres humanos, con sus muchas diferencias y límites, estos hombres y mujeres apostaron, con trabajo, abnegación y hasta con su propia sangre, por forjar un futuro mejor. Con su vida plasmaron valores fundantes que viven para siempre en el alma de todo el pueblo. Un pueblo con alma puede pasar por muchas encrucijadas, tensiones y conflictos, pero logra siempre encontrar los recursos para salir adelante y hacerlo con dignidad. Estos hombres y mujeres nos aportan una hermenéutica, una manera de ver y analizar la realidad. Honrar su memoria, en medio de los conflictos, nos ayuda a recuperar, en el hoy de cada día, nuestras reservas culturales.

Me limito a mencionar cuatro de estos ciudadanos: Abraham Lincoln, Martin Luther King, Dorothy Day y Thomas Merton.

Estamos en el ciento cincuenta aniversario del asesinato del Presidente Abraham Lincoln, el defensor de la libertad, que ha trabajado incansablemente para que «esta Nación, por la gracia de Dios, tenga una nueva aurora de libertad». Construir un futuro de libertad exige amor al bien común y colaboración con un espíritu de subsidiaridad y solidaridad.

En esta sede quiero recordar también la marcha que, cincuenta años atrás, Martin Luther King encabezó desde Selma a Montgomery, en la campaña por realizar el «sueño» de plenos derechos civiles y políticos para los afro-americanos. Su sueño sigue resonando en nuestros corazones. Me alegro de que Estados Unidos siga siendo para muchos la tierra de los «sueños». Sueños que movilizan a la acción, a la participación, al compromiso. Sueños que despiertan lo que de más profundo y auténtico hay en los pueblos.

En estos tiempos en que las cuestiones sociales son tan importantes, no puedo dejar de nombrar a la Sierva de Dios Dorothy Day, fundadora del Movimiento del trabajador católico. Su activismo social, su pasión por la justicia y la causa de los oprimidos estaban inspirados en el Evangelio, en su fe y en el ejemplo de los santos.

Un siglo atrás, al inicio de la Gran Guerra, «masacre inútil», en palabras del Papa Benedicto XV, nace otro gran norteamericano, el monje cisterciense Thomas Merton. Él sigue siendo fuente de inspiración espiritual y guía para muchos. En su autobiografía escribió: «Aunque libre por naturaleza y a imagen de Dios, con todo, y a imagen del mundo al cual había venido, también fui prisionero de mi propia violencia y egoísmo. El mundo era trasunto del infierno, abarrotado de hombres como yo, que le amaban y también le aborrecían. Habían nacido para amarle y, sin embargo, vivían con temor y ansias desesperadas y enfrentadas». Merton fue sobre todo un hombre de oración, un pensador que desafió las certezas de su tiempo y abrió horizontes nuevos para las almas y para la Iglesia; fue también un hombre de diálogo, un promotor de la paz entre pueblos y religiones.

Tres hijos y una hija de esta tierra, cuatro personas, cuatro sueños: Abraham Lincoln, la libertad; Martin Luther King, una libertad que se vive en la pluralidad y la no exclusión; Dorothy Day, la justicia social y los derechos de las personas; y Thomas Merton, la capacidad de diálogo y la apertura a Dios.

Una Nación es considerada grande cuando defiende la libertad, como hizo Abraham Lincoln; cuando genera una cultura que permita a sus hombres «soñar» con plenitud de derechos para sus hermanos y hermanas, como intentó hacer Martin Luther King; cuando lucha por la justicia y la causa de los oprimidos, como hizo Dorothy Day en su incesante trabajo; siendo fruto de una fe que se hace diálogo y siembra paz, al estilo contemplativo de Merton.

Me he animado a esbozar algunas de las riquezas de su patrimonio cultural, del alma de su pueblo. Me gustaría que esta alma siga tomando forma y crezca, para que los jóvenes puedan heredar y vivir en una tierra que ha permitido a muchos soñar. Que Dios bendiga a América.

Intenciones: OCTUBRE

Universal Tráfico de personas.

Para que sea erradicada la trata de personas, forma moderna de esclavitud. Por la Evangelización Misión en Asia.

Para que con espíritu misionero, las comunidades cristianas del continente asiático anuncien el Evangelio a todos aquellos que aún lo esperan.

28Sep/15

“La familia se libere de las colonizaciones del dinero y de las ideologías”

Papa Francisco en la catequesis del Miércoles 16 de septiembre de 2015

Estamos en las vísperas de eventos bellos y que requieren empeño y compromiso que están directamente relacionados con este gran tema: el Encuentro Mundial de las Familias en Filadelfia y el Sínodo de los Obispos aquí en Roma. Ambos tienen un respiro mundial, que corresponde a la dimensión universal del cristianismo, pero también al alcance universal de esta comunidad humana fundamental e insustituible que es la familia.

El actual pasaje de civilización aparece marcado por los efectos a largo plazo de una sociedad administrada por la tecnocracia económica. La subordinación de la ética a la lógica de la ganancia tiene grandes recursos y de apoyo mediático enorme. En este escenario, una nueva alianza del hombre y de la mujer se convierte no sólo en necesaria sino también en estratégica por la emancipación de los pueblos de la colonización del dinero. Esta alianza ¡debe volver a orientar la política, la economía y la convivencia civil! Esta decide la habitabilidad de la tierra, la transmisión del sentimiento de la vida, los vínculos de la memoria y de la esperanza.

De esta alianza, la comunidad conyugal-familiar del hombre y de la mujer es la gramática generativa, el “nudo de oro” podemos decir. La fe la recoge de la sabiduría de la creación de Dios: que ha confiado a la familia, no el cuidado de una intimidad en sí misma, sino con el emocionante proyecto de hacer “doméstico” el mundo. La familia está al inicio, a la base de esta cultura mundial que nos salva; nos salva de tantos, tantos ataques, tantas destrucciones, de tantas colonizaciones, como aquella del dinero o como aquellas ideologías que amenazan tanto el mundo. La familia es la base para defenderse.

Precisamente de la Palabra bíblica de la creación hemos tomado nuestra inspiración fundamental, en nuestras breves meditaciones de los miércoles sobre la familia. A esta Palabra podemos y debemos nuevamente recoger con amplitud y profundidad. Es un gran trabajo, aquel que nos espera, pero también es muy entusiasmante. La creación de Dios no es una simple premisa filosófica: ¡es el horizonte universal de la vida y de la fe! No hay un designio divino diverso de la creación y de su salvación. Es por la salvación de la creatura -de cada creatura- que Dios se ha hecho hombre: “por nosotros los hombres y por nuestra salvación”, como dice el Credo. Y Jesús resucitado es el “primogénito de cada creatura” (Col 1,15).

El mundo creado está confiado al hombre y a la mujer: lo que pasa entre ellos da la marca a todo. El rechazo de la bendición de Dios llega fatalmente a un delirio de omnipotencia que arruina cada cosa. Es lo que llamamos “pecado original”. Y todos venimos al mundo con la herencia de esta enfermedad.

A pesar de eso, no somos malditos, ni abandonados a nosotros mismos. La antigua narración del primer amor de Dios por el hombre y la mujer, ¡tenía ya páginas escritas con fuego, al respecto! “Pondré enemistad entre ti y la mujer, entre tu linaje y el suyo” (Gen 3,15a). Son las palabras que Dios dirige a la serpiente engañadora, encantadora. Con estas palabras Dios marca a la mujer con una barrera protectora contra el mal, a la cual ella puede recurrir –si quiere- por cada generación. Quiere decir que la mujer tiene una secreta y especial bendición, ¡para la defensa de su creatura del Maligno! Como la Mujer del Apocalipsis, que corre a esconder el hijo del Dragón. Y Dios la protege (cfr Ap 12,6)

¡Piensen cuál profundidad se abre aquí! Existen muchos lugares comunes, a veces incluso ofensivos, sobre la mujer tentadora que inspira el mal. En cambio hay espacio para una teología de la mujer que esté a la altura de esta bendición de Dios ¡para ella y para la generación!

La misericordiosa protección de Dios hacia el hombre y la mujer, en cada caso, nunca falta a ambos. ¡No olvidemos esto! El lenguaje simbólico de la Biblia nos dice que antes de alejarlos del jardín del Edén, Dios hace al hombre y a la mujer túnicas de piel y los viste (cfr Gen 3,21). Este gesto de ternura significa que también en las dolorosas consecuencias de nuestro pecado, Dios no quiere que nos quedemos desnudos y abandonados a nuestro destino de pecadores. Esta ternura divina, este cuidado hacia nosotros, la vemos encarnada en Jesús de Nazaret, Hijo de Dios “nacido de mujer” (Gal 4,4). Y siempre san Pablo dice todavía: “mientras éramos todavía pecadores, Cristo ha muerto por nosotros” (Rom 5,8). Cristo, nacido de mujer, de una mujer. Es la caricia de Dios sobre nuestras llagas, sobre nuestros errores, sobre nuestros pecados. Pero Dios nos ama como somos y quiere llevarnos hacia adelante con este proyecto, y la mujer es la más fuerte que lleva adelante este proyecto.

La promesa que Dios hace al hombre y a la mujer, al inicio de la historia, incluye todos los seres humanos, hasta el final de la historia. Si tenemos fe suficiente, las familias de los pueblos de la tierra se reconocerán en esta bendición. De todos modos, cualquiera que se deja conmover por esta visión, a cualquier pueblo, nación, religión pertenezca, se ponga en camino con nosotros. Será nuestro hermano, nuestra hermana. Sin hacer proselitismo, no… Caminamos juntos, bajo esta bendición, bajo este objetivo de Dios, de hacernos a todos hermanos en la vida, en un mundo que va hacia adelante que nace propio de la familia, de la unión del hombre y de la mujer.

¡Dios les bendiga, familias de cada rincón de la tierra! y ¡Dios les bendiga a todos ustedes!

18Sep/15

La Iglesia es una familia espiritual y la familia es una pequeña Iglesia, el Papa en su catequesis

La Comunidad cristiana es la casa de aquellos que creen en Jesús como la fuente de la fraternidad entre todos los hombres. La Iglesia camina en medio de los pueblos, en la historia de los hombres y de las mujeres, de los padres y de las madres, de los hijos y de las hijas: esta es la historia que cuenta para el Señor. Los grandes eventos de las potencias mundanas se escriben en los libros de historia, y allí permanecen. Pero la historia de los afectos humanos se escribe directamente en el corazón de Dios; y es la historia que permanece eternamente. Es este el lugar de la vida y de la fe. La familia es el lugar de nuestra iniciación – insustituible, indeleble – a esta historia.

Esta historia de vida plena que terminará en la contemplación de Dios para toda la eternidad en el cielo, pero que comienza en la familia y por eso, es tan importante la familia.

El Hijo de Dios aprendió la historia humana por este camino, y la recorre hasta el final. Es bonito volver a contemplar a Jesús y ¡los signos de este vínculo! Él nació en una familia y allí “aprendió el mundo”: una tienda, cuatro casas, un pueblo. Y sin embargo, viviendo por treinta años esta experiencia, Jesús asimiló la condición humana, acogiéndola en su comunión con el Padre y en su misma misión apostólica. Después, cuando dejó Nazaret y comenzó la vida pública, Jesús formó a su alrededor una comunidad, una “asamblea”, es decir una con-vocación de personas. Este es el significado de la palabra “iglesia”.

En los Evangelios, la asamblea de Jesús tiene la forma de una familia y de una familia hospitalaria, no de una secta exclusiva, cerrada: nos encontramos con Pedro y Juan, pero también el hambriento y el sediento, el extranjero y el perseguido, la pecadora y el publicano, los fariseos y la multitud. Y Jesús no cesa de recibir y de hablar con todos, también con quien no espera más encontrar a Dios en su vida. ¡Es una lección fuerte para la Iglesia! Los discípulos mismos han sido elegidos para cuidar esta asamblea, esta familia de huéspedes de Dios.

Para que sea viva hoy esta realidad de la asamblea de Jesús, es indispensable reavivar la alianza entre la familia y la comunidad cristiana. Podremos decir que la familia y la parroquia son dos lugares en donde se realiza esta comunión de amor que encuentra su fuente última en Dios mismo. Una Iglesia de verdad según el Evangelio no puede no tener la forma de una casa acogedora con las puertas abiertas siempre. Las iglesias, las parroquias, las instituciones con las puertas cerradas no se deben llamar iglesias, se deben llamar museos.

Ver más en: www.enmarcha.mx

Fuente: News.va

03Sep/15

Humildad y estupor abren el corazón al encuentro con Jesús

La capacidad de reconocernos pecadores nos abre al estupor del encuentro con Jesús. Lo afirmó el Santo Padre Francisco en su homilía de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta en el día de la memoria litúrgica de San Gregorio Magno, Papa y Doctor de la Iglesia.

Al comentar el Evangelio del día sobre la pesca milagrosa, con Pedro que echa las redes confiando en Jesús, incluso después de una noche transcurrida sin haber pescado nada, el Papa se refirió al encuentro con el Señor. Ante todo  – afirmó – “a mí me gusta pensar que Jesús pasaba la mayor parte de su tiempo en la calle, con la gente; y que después, a la noche iba solo a rezar, pero se encontraba con la gente, buscaba a la gente”. Por nuestra parte – añadió –  tenemos dos modos para encontrar al Señor. El primero es el de Pedro, de los apóstoles, del pueblo:

“El Evangelio usa la misma palabra para esta gente, para el pueblo, para los apóstoles, para Pedro: se quedaron ‘asombrados’: ‘En efecto, el estupor lo había invadido a él y a todos aquellos’. Cuando llega este sentimiento de estupor… Y el pueblo sentía a Jesús y sentía este estupor, ¿y qué decía?: ‘Pero este habla con autoridad. Jamás un hombre ha hablado de este modo’. Otro grupo que se encontraba con Jesús no dejaba que entrara en su corazón el estupor, sentía a Jesús, hacía sus cálculos, los doctores de la ley: ‘Pero es inteligente, es un hombre que dice cosas verdaderas, pero a nosotros no nos convienen estas cosas, no, ¡eh!’. Hacían cálculos, tomaban distancia”.

Los mismos demonios – observó el Pontífice  – confesaban, es decir, proclamaban que Jesús era el “Hijo de Dios”, pero como los doctores de la ley y los fariseos malos “no tenían la capacidad del estupor, estaban encerrados en su suficiencia, en su soberbia. Pedro reconoce que Jesús es el Mesías, pero confiesa también que es un pecador:

“Los demonios llegan a decir la verdad sobre Él, pero acerca de ellos no dicen nada. No pueden: la soberbia es tan grande que les impide decirlo. Los doctores de la ley dicen: ‘pero éste es inteligente, es un rabino capaz, hace milagros, ¡eh!’. Pero no dicen: ‘Nosotros somos soberbios, somos suficientes, nosotros somos pecadores’. La incapacidad de reconocernos pecadores nos aleja de la verdadera confesión de Jesucristo. Y ésta es la diferencia”.

Es la diferencia que existe entre la humildad del publicano que se reconoce pecador y la soberbia del fariseo que habla bien de sí mismo:

“Esta capacidad de decir que somos pecadores nos abre al estupor del encuentro de Jesucristo, el verdadero encuentro. También en nuestras parroquias, en nuestras sociedades, incluso entre las personas consagradas: ¿cuántas personas son capaces de decir que Jesús es el Señor? ¡Tantas! Pero qué difícil es decir sinceramente: ‘Soy un pecador, soy una pecadora’. Es más fácil decirlo de los demás, ¡eh! Cuando se parlotea, ¡eh! ‘Este, éste, éste sí…’. Todos somos doctores en esto, ¿verdad? Para llegar a un verdadero encuentro con Jesús es necesaria la doble confesión: ‘Tú eres el Hijo de Dios y yo soy un pecador’, pero no en teoría: por esto, por esto, por esto y por esto…”.

El Papa Bergoglio recordó que Pedro después se olvida del estupor del encuentro y reniega al Señor; pero puesto que “es humilde, deja que el Señor lo encuentre y cuando sus miradas se encuentran, él llora, vuelve a la confesión: ‘Soy pecador’”.

Francisco concluyó su homilía diciendo: “Que el Señor nos dé la gracia de encontrarlo pero también de dejarnos encontrar por Él. Que nos dé la gracia, tan hermosa, de este estupor del encuentro. Y nos dé la gracia de la doble confesión de nuestra vida: ‘Tú eres Cristo, el Hijo de Dios vivo, creo. Y yo soy un pecador, creo’”.

Fuente: News.va
Foto: Stefano Spaziani Images

26Ago/15

El espíritu de la oración devuelve el tiempo a Dios, dijo el Papa

Tras haber reflexionado acerca de cómo vive la familia los tiempos de la fiesta y del trabajo, en su catequesis del último miércoles de agosto, y en el ámbito de la 100ª audiencia general desde el inicio de su pontificado, el Papa Francisco se detuvo a considerar, con los numerosos fieles y peregrinos presentes en la Plaza de San Pedro, el tiempo de la oración.

Hablando en italiano el Santo Padre destacó que los cristianos lamentan con sinceridad la falta de tiempo para rezar más porque el corazón humano siembre busca la oración, incluso sin saberlo. Y afirmó que está bien creer en Dios con todo el corazón y esperar que Él nos ayude en las dificultades, al igual que sentirse en el deber de darle gracias. Sin embargo, Francisco invitó a preguntarnos si queremos al Señor, y si el pensamiento de Dios nos conmueve, nos sorprende y nos mueve a la ternura.

 

Lenguaje intensivo del amor

De ahí su invitación a pensar en el gran mandamiento que sostiene a todos los demás con su fórmula: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas”, que utiliza “el lenguaje intensivo del amor”. Por esta razón el Papa Bergoglio también formuló la pregunta de si logramos pensar en Dios como la caricia que nos mantiene en vida, antes de la cual no hay nada. Una caricia que ni siquiera la muerte interrumpe. O si pensamos en Él sólo como en el Omnipotente creador de todas las cosas, el Juez que controla todas la acciones, lo que también es verdad. Pero como dijo el Pontífice, sólo cuando Dios es el afecto de todos nuestros afectos, llega a ser pleno el significado de estas palabras. Entonces – añadió el Papa – nos sentimos felices, y también un poco desconcertados, porque Él piensa en nosotros y, sobre todo – exclamó – ¡nos ama!

Se trata de algo impresionante, dijo Francisco, puesto que Dios podía hacerse reconocer sencillamente como el Ser Supremo, impartir sus mandamientos y esperar los resultados. Y, en cambio, Dios ha hecho y hace infinitamente más que esto. Y, de hecho – prosiguió – un corazón en el que habita el afecto por Dios hace que también se vuelva oración un pensamiento sin palabras o una invocación ante una imagen sagrada o un beso hacia la Iglesia. Por eso es bello cuando las mamás enseñan a sus hijos pequeños a enviar un beso a Jesús o a la Virgen, porque en ese  momento – explicó el Santo Padre – el corazón de los niños se transforma en lugar de oración, que es un don de Espíritu Santo.

Por esta razón el Papa pidió que jamás olvidemos pedir este don para cada uno de nosotros, a fin de que el tiempo de la entera vida familiar esté envuelto en el amor de Dios con la búsqueda espontánea del tiempo de la oración.

Hacia el final de su catequesis el Pontífice afirmó que el espíritu de la oración devuelve el tiempo a Dios, y después de recordar el episodio evangélico de las hermanas de Lázaro, Marta y María, en que la primera aprendió que escuchar al Señor era verdaderamente lo esencial, la “parte mejor” del tiempo; Francisco sugirió leer en casa el Evangelio, meditándolo, en la familia, mientras se reza el Rosario, para que llegue a ser como un pan bueno que alimenta el corazón de todos.

Francisco concluyó invitando a descubrir la belleza de la oración en la familia para que rezando unos por otros seamos protegidos por el amor de Dios.

Después de su catequesis el Papa Bergoglio invitó a los presentes a participar, el próximo martes 1º de septiembre, en la Primera Jornada Mundial de Oración dedicada al cuidado de la creación, que el mismo Pontífice instituyó el pasado 6 de agosto, y que tendrá lugar en la Basílica Vaticana, a las 17.00, donde el Santo Padre presidirá la Liturgia de la Palabra.

Estas fueron sus palabras:

“El próximo martes, 1º de septiembre, se celebrará la Jornada Mundial de Oración por el cuidado de la creación. En comunión de oración con nuestros hermanos ortodoxos y con todas las personas de buena voluntad, queremos ofrecer nuestra contribución a la superación de la crisis ecológica que está viviendo la humanidad.

En todo el mundo, las diversas realidades eclesiales locales han programado oportunas iniciativas de oración y de reflexión, para hacer que esa Jornada sea un momento fuerte también con vistas a la asunción de estilos de vida coherentes.

Con los obispos, sacerdotes, personas consagradas y fieles laicos de la Curia romana, nos encontraremos en la Basílica de San Pedro a las 17.00 para la Liturgia de la Palabra, a la que desde ahora invito a participar a los romanos, a los peregrinos y a cuantos lo deseen”.

Fuente: News.va
Foto: Stefano Spaziani
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07Ago/15

PAPA FRANCISCO: Nada de espectáculo

El estilo de Dios es la «sencillez»: inútil buscarlo en el «espectáculo mundano». También en nuestra vida Él obra siempre «en la humildad, en el silencio, en las cosas pequeñas».

Como de costumbre, el Pontífice partió de la liturgia de la palabra en la que, observó, «existe una palabra común» en las dos lecturas: «la ira; la indignación». En el Evangelio de san Lucas (4, 24-30) se narra el episodio donde «Jesús vuelve a Nazaret, va a la sinagoga y comienza a hablar». En un primer momento «toda la gente lo escuchaba con amor, feliz» y estaba asombrada de las palabras de Jesús: «estaban contentos». Pero Jesús prosigue con su discurso «y reprende la falta de fe de su pueblo; recuerda cómo esta falta es también histórica» haciendo referencia al tiempo de Elías (cuando —recordó el Papa— «había tantas viudas», pero Dios envió al profeta «a un viuda de un país pagano») y a la purificación de Naamán el sirio, narrada en la primera lectura tomada del segundo libro de los Reyes (5, 1-15).

Inicia así la dinámica entre las expectativas de la gente y la respuesta de Dios que estuvo en el centro de la reflexión del Pontífice. En efecto, explicó el Papa Francisco, mientras la gente «escuchaba con gusto lo que decía Jesús», a alguien «no le gustó lo que decía» y «quizá algún hablador se alzó y dijo: ¿pero este de qué viene a hablarnos? ¿Dónde estudió para que nos diga estas cosas? Que nos haga ver su licenciatura. ¿En qué universidad estudió? Este es el hijo del carpintero y lo conocemos bien».

Explotan así «la furia» y «la violencia»: se lee en el Evangelio que «lo echaron fuera de la ciudad y lo llevaron hasta un precipicio del monte» para despeñarlo. Pero, se preguntó el Pontífice, «la admiración, el estupor» ¿cómo pasaron «a la ira, a la furia, a la violencia?». Es lo que sucede también al general sirio de quien se escribe en el segundo libro de los Reyes: «Este hombre tenía fe, sabía que el Señor lo curaría. Pero cuando el profeta le dice “ve, báñate”, se indigna». Tenía otras expectativas, explicó el Papa, y en efecto pensaba en Eliseo: «Al estar de pie, invocará el nombre del Señor su Dios, agitará su mano hacia la parte enferma y me quitará la lepra… Pero nosotros tenemos ríos más hermosos que el Jordán». Y así se marcha. Sin embargo, «los amigos le hacen entrar en razón» y, tras regresar, se cumple el milagro.

Dos experiencias distantes en el tiempo pero muy similares: « ¿Qué quería esta gente, estos de la sinagoga, y este sirio?» preguntó el Papa Francisco. Por una parte «a los de la sinagoga Jesús les reprende la falta de fe», tanto que el Evangelio subraya cómo «Jesús allí, en ese lugar, no hizo milagros, por la falta de fe». Por otro, Naamán «tenía fe, pero una fe especial». En cualquier caso, destacó el Papa Francisco, todos buscaban lo mismo: «Querían el espectáculo». Pero «el estilo del buen Dios no es hacer espectáculo: Dios actúa en la humildad, en el silencio, en las cosas pequeñas». No por casualidad, al sirio, «la noticia de la posible curación le llega de una esclava, una joven, que era la criada de su mujer, de una humilde jovencita». Al respecto comentó el Papa: «Así va el Señor: por la humildad. Y si vemos toda la historia de la salvación, encontraremos que siempre el Señor obra así, siempre, con las cosas sencillas».

Para hacer comprender mejor este concepto, el Pontífice hizo referencia a otros diversos episodios de las Escrituras. Por ejemplo, observó, «en la narración de la creación no se dice que el Señor cogiera la varita mágica», no dijo: «Hagamos al hombre» y el hombre fue creado. Dios, en cambio, «lo hizo con el barro y su trabajo, sencillamente». Y, así, «cuando quiso liberar a su pueblo, lo liberó a través de la fe y la confianza de un hombre, Moisés». Del mismo modo, «cuando quiso hacer caer la poderosa ciudad de Jericó, lo hizo a través de una prostituta». Y «también para la conversión de los samaritanos, pidió el trabajo de otra pecadora».

En realidad, el Señor desplaza siempre al hombre. Cuando «invitó a David a luchar contra Goliat, parecía una locura: el pequeño David ante aquel gigante, que tenía una espada, tenía muchas cosas, y David solamente la honda y las piedras». Lo mismo sucede «cuando dijo a los Magos que había nacido precisamente el rey, el gran rey». ¿Qué encontraron? «Un niño, un establo». Por lo tanto, destacó el obispo de Roma, «las cosas simples, la humildad de Dios, este es el estilo divino, nunca el espectáculo».

Por lo demás, explicó, la del «espectáculo» fue precisamente «una de las tres tentaciones de Jesús en el desierto». Satanás le dijo, en efecto: «Ven conmigo, subamos al alero del templo; tú te tiras y todos verán el milagro y creerán en ti». El Señor, en cambio, se revela «en la sencillez, en la humildad».

Entonces, concluyó el Papa Francisco, «nos hará bien en esta Cuaresma pensar en nuestra vida sobre cómo el Señor nos ayudó, cómo el Señor nos hizo seguir adelante, y encontraremos que siempre lo hizo con cosas sencillas». Incluso podrá parecernos que todo sucedió «como si fuera una casualidad». Porque «el Señor hace las cosas sencillamente. Te habla silenciosamente al corazón». Resultará útil, por lo tanto, en este período recordar «las numerosas veces» que en nuestra vida «el Señor nos visitó con su gracia» y hemos entendido que la humildad y la sencillez son su «estilo». Esto, explicó el Papa, vale no solamente en la vida diaria, sino también «en la celebración litúrgica, en los sacramentos», en los cuales «es bello que se manifieste la humildad de Dios y no el espectáculo mundano».

Fuente: L’Osservatore Romano, ed. sem. en lengua española, n. 11, viernes 13 de marzo de 2015

 

05Ago/15

Los que han fracasado en el matrimonio y se han vuelto a casar ¡no están excomulgados!

El Papa Francisco reanudó hoy sus audiencias, en el Aula Pablo VI continuó con el tema de la familia. Les dejamos aquí la  traducción de la audiencia hecha por Radio Vaticana.

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Con esta catequesis retomamos nuestra reflexión sobre la familia. Después de haber hablado, la última vez, de las familias heridas a causa de la incomprensión de los cónyuges, hoy quisiera detener nuestra atención sobre otra realidad: cómo cuidar a aquellos que, después del irreversible fracaso de su vínculo matrimonial, han comenzado una nueva unión.

La Iglesia sabe bien que una situación tal contradice el Sacramento cristiano. De todos modos, su mirada de maestra viene siempre de un corazón de madre; un corazón que, animado por el Espíritu Santo, busca siempre el bien y la salvación de las personas. He aquí porqué siente el deber, “por amor a la verdad” de “discernir bien las situaciones”. Así se expresaba san Juan Pablo II, en la Exhortación apostólica Familiaris consortio (n. 84), dando como ejemplo la diferencia entre quien ha sufrido la separación y quien la ha provocado. Se debe hacer este discernimiento.

Si luego miramos también estos nuevos lazos con los ojos de los hijos pequeños, los pequeños miran, los niños, vemos aún más la urgencia de desarrollar en nuestras comunidades una acogida real hacia las personas que viven tales situaciones. Por esto, es importante que el estilo de la comunidad, su lenguaje, sus actitudes, estén siempre atentos a las personas, a partir de los pequeños. Ellos son quienes más sufren estas situaciones. Después de todo, ¿cómo podríamos aconsejar a estos padres hacer de todo para educar a los hijos a la vida cristiana, dando ellos el ejemplo de una fe convencida y practicada, si los tenemos alejados de la vida de la comunidad como si fueran excomulgados? No se deben agregar otros pesos a aquellos que ya los hijos, en estas situaciones, ¡ya deben cargar! Lamentablemente, el número de estos niños y jóvenes es de verdad grande. Es importante que ellos sientan a la Iglesia como madre atenta a todos, dispuesta siempre a la escucha y al encuentro.

En estas décadas, en verdad, la Iglesia no ha sido ni insensible ni perezosa. Gracias a la profundización realizada por los Pastores, guiada y confirmada por mis Predecesores, ha crecido mucho la conciencia de que es necesaria una fraterna y atenta acogida, en el amor y en la verdad, a los bautizados que han establecido una nueva convivencia después del fracaso del matrimonio sacramental. En efecto, estas personas no son de hecho excomulgadas, no están excomulgados, y no deben ser absolutamente tratadas como tales: ellas forman parte siempre de la Iglesia.

El Papa Benedicto XVI ha intervenido sobre esta cuestión, solicitando un discernimiento atento y un sabio acompañamiento pastoral, sabiendo que no existen “recetas simples” (Discurso al VII Encuentro Mundial de las Familias, Milán, 2 junio 2012, respuesta n. 5).

De ahí la reiterada invitación de los Pastores a manifestar abiertamente y coherentemente la disponibilidad de la comunidad a acogerlos y a animarlos, para que vivan y desarrollen cada vez más su pertenencia a Cristo, y a la Iglesia:con la oración, con la escucha de la Palabra de Dios, con la frecuencia a la liturgia, con la educación cristiana de los hijos, con la caridad y el servicio a los pobres, con el compromiso por la justicia y la paz.

El ícono bíblico del Buen Pastor (Jn 10, 11-18) resume la misión que Jesús ha recibido del Padre: la de dar la vida por las ovejas. Tal actitud es un modelo también para la Iglesia, que acoge a sus hijos como una madre que dona su vida por ellos. “La Iglesia está llamada a ser siempre la casa abierta del Padre […] Ninguna puerta cerrada. Todos pueden participar de alguna manera en la vida eclesial, todos pueden integrar la comunidad. La Iglesia […] es la casa paterna donde hay lugar para cada uno con su vida a cuestas” (Exort. ap. Evangelii gaudium, n. 47).

Del mismo modo todos los cristianos están llamados a imitar al Buen Pastor. Sobre todo las familias cristianas pueden colaborar con Él cuidando a las familias heridas, acompañándolas en la vida de fe de la comunidad. Cada uno haga su parte asumiendo la actitud del Buen Pastor, que conoce cada una de sus ovejas ¡y a ninguna excluye de su infinito amor! Gracias.

(Traducción del italiano por Mercedes De La Torre – RV)

(from Vatican Radio)

05Ago/15

El Papa escribe a los participantes en el encuentro ”Unidos a Dios escuchamos un grito”, sobre las repercusiones de la minería

 

El Papa Francisco ha enviado un mensaje al cardenal Peter Appiah Kodwo Turkson, Presidente del Pontificio Consejo Justicia y Paz, para que lo haga extensivo a los representantes de las comunidades interesadas por las actividades mineras que participan en el encuentro ”Unidos a Dios escuchamos un grito” organizado por ese dicasterio en colaboración con la red latinoamericana Iglesias y Minería.

”Venís de situaciones diferentes y experimentáis de diversos modos las repercusiones de la minería, ya sea la de las grandes empresas industriales, o la de los artesanos y operadores informales -escribe el Papa- Os habéis querido reunir en Roma, en esta jornada de reflexión que está vinculada a un paso de la Exhortación apostólica ”Evangelii Gaudium”, para que se escuche el grito de tantas personas, familias y comunidades que sufren directa o indirectamente por las consecuencias a menudo, demasiado negativas, de la minería. Un grito por la tierra perdida; un grito por la extracción de riquezas del suelo que, paradójicamente, no ha producido riqueza para las poblaciones locales que siguen siendo pobres; un grito de dolor en respuesta a la violencia, a las amenazas y la corrupción; un grito de indignación y de apoyo por las violaciones de los derechos humanos, discreta o descaradamente pisoteados por cuanto respecta a la salud de las poblaciones, por las condiciones de trabajo, a veces por la esclavitud y la trata de personas que alimenta el trágico fenómeno de la prostitución; un grito de tristeza e impotencia por la contaminación del agua, del aire y del suelo; un grito de incomprensión por la carencia de procesos inclusivos y del apoyo de las autoridades civiles, locales y nacionales, que tienen el deber fundamental de promover el bien común”.

”Los minerales y, en general, la riqueza del suelo y el subsuelo constituyen un don precioso de Dios, que la humanidad ha utilizado durante miles de años Los minerales, de hecho, son fundamentales para numerosos sectores de la vida y la actividad humana. En la encíclica ”Laudato Si”’ he querido lanzar un llamamiento urgente a colaborar en el cuidado de nuestra casa común, para contrastar las dramáticas consecuencias de la degradación ambiental en la vida de los pobres y excluidos, y avanzar hacia el desarrollo integral, incluyente y sostenible. Todo el sector minero está indudablemente llamado a efectuar un cambio radical de paradigma para mejorar la situación en muchos países. Los gobiernos de los países de origen de las empresas multinacionales y los de aquellos en los que operan pueda en contribuir a ello, así como los emprendedores e inversores, las autoridades locales que supervisan la ejecución de las operaciones mineras, los trabajadores y sus representantes, las cadenas de suministro internacional con sus varios intermediarios y los que trabajan en los mercados de estas materias, los consumidores de productos en los que se han utilizado minerales. Todas estas personas están llamadas a adoptar un comportamiento inspirado en el hecho de que constituimos una sola familia humana, ”que todo está relacionado, y que el auténtico cuidado de nuestra propia vida y nuestras relaciones con la naturaleza es inseparable de la fraternidad, la justicia y la fidelidad a los demás “.

”Animo a las comunidades representadas en este encuentro a considerar cómo pueden interactuar constructivamente con todos los demás actores involucrados, en un diálogo sincero y respetuoso -concluye Francisco- Espero que esta ocasión contribuya a una mayor conciencia y responsabilidad en estos temas: partiendo de la dignidad humana es como se crea la cultura necesaria para hacer frente a la crisis actual. Le pido al Señor que su trabajo en estos días sea rico de frutos, y que esos frutos puedan compartirse con todos aquellos que lo necesitan. Os pido por favor que recéis por mí y con afecto os bendigo, así como a vuestras comunidades de pertenencia y a vuestras familias”.

 Fuente: News.va

15Jun/15

La familia y la prueba de la enfermedad. Catequesis del Papa

En el miércoles de la X semana del tiempo ordinario, el Santo Padre reflexionó sobre la enfermedad, experiencia de fragilidad humana que se vive principalmente en familia, desde pequeños, y más tarde, con la llegada de la ancianidad.

“Queridos hermanos y hermanas:
En la catequesis de hoy, sobre los temas de la familia, tratamos el de la enfermedad, que es una experiencia común en la vida de las familias. En muchas partes del mundo, dónde el hospital es todavía un privilegio para unos pocos, la familia se considera desde siempre como el «hospital» más cercano, donde gracias a sus cuidados amorosos, se garantiza al enfermo la atención y la ayuda necesarias”.
Deteniéndose en el Evangelio de san Marcos que relata los encuentros de Jesucristo con los enfermos, quien “jamás miró hacia otro lado” ni puso “el tiempo entre medio”, es más, el cuidado del enfermo venía primero que la ley, (cfr Mc 3,1-6) y pensando asimismo en las grandes ciudades contemporáneas, el Papa se preguntó: “¿en dónde están las puertas (cfr 1, 32) ante las cuales llevar a los enfermos esperando que sean sanados?”
«Los Evangelios nos narran muchos encuentros de Jesús con enfermos y su voluntad de sanarlos. Cristo lucha contra la enfermedad y cura al hombre de todos sus males. Ésta es también la misión que ha dado a su Iglesia: hacerse cargo de los enfermos, hasta sus últimas consecuencias, siguiendo su ejemplo. Por eso, la preocupación, la asistencia y la oración por los enfermos forman parte fundamental de la vida de la Iglesia y de todo cristiano».
Así, en la Iglesia, la oración por los enfermos jamás debe faltar: “debemos rezar aún más – dijo el Papa Francisco – sea personalmente que en comunidad”.
«En la familia es importante educar a los hijos desde pequeños para que sean sensibles y solidarios ante la enfermedad».
También porque el tiempo de la enfermedad refuerza los lazos familiares, la educación a la sensibilidad y a la solidaridad es importante, porque una educación que tiene “al amparo” de la sensibilidad por la enfermedad humana, aridece el corazón, haciendo así que los chicos se encuentren como “anestesiados” ante el sufrimiento del prójimo, lo que conlleva a la incapacidad de “confrontarse con el sufrimiento” y de vivir la experiencia del límite.
«Asimismo, la comunidad cristiana tiene que acompañar a las familias para que vivan la enfermedad desde una perspectiva de fe, de oración y de cercanía afectuosa».

La comunidad cristiana sabe bien que la familia en la prueba de la enfermedad “no debe ser dejada sola”, señaló el Pontífice, y afirmó también que “esta cercanía cristiana es un verdadero tesoro de sabiduría para la parroquia”, que “ayuda a las familias en los momentos difíciles y hace comprender el Reino de Dios mejor que muchos discursos”.

Fuente: Radio Vaticana.

10Jun/15

La miseria social golpea a la familia y a veces la destruye

En el miércoles que precede la solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Nuestro Señor Jesucristo, el Papa Francisco anunció que con su reflexión de hoy se abre la consideración de las condiciones de vulnerabilidad que ponen a prueba a las familias. En esta ocasión, la pobreza.

“Queridos hermanos y hermanas, en la catequesis de hoy nos referimos a la pobreza, como condición de vida que pone a prueba la familia y la hace vulnerable. La pobreza azota a muchas familias en las periferias de las grandes ciudades y también en las zonas rurales. Muchas veces se ve agravada por la guerra, que es sin duda la madre de todas las pobrezas, depredadora de vidas, de almas y de los afectos más queridos”.

En el marco de situaciones de miseria y de degrado es casi un milagro la familia continúe a formarse y a conservar la especial humanidad de sus lazos, consideró el Papa Bergoglio:

“En medio de estas situaciones, muchas familias intentan vivir con dignidad, confiando en la bendición de Dios, convirtiéndose así en una auténtica escuela de humanidad que salva a la sociedad de la barbarie. Pero este reconocimiento no nos exime de nuestra obligación de velar con la oración y con la acción para que a nadie falte el pan, el trabajo, la educación y la sanidad”.

La lección de estas familias, prosiguió el Papa en su catequesis en italiano, no debe “justificar nuestra indiferencia” sino “aumentar nuestra vergüenza” ante esta escuela de humanidad que “salva la sociedad de la barbarie”, un ejemplo, señaló el Papa, que “irrita” a los “planificadores del bienestar” que consideran los afectos, la generación, los lazos familiares como una “variable secundaria” de la calidad de vida.

Así es como la economía de hoy, especializada en el bienestar individual, no reconoce la inmensa labor de la familia, en cuyo pilar se sostiene precisamente la formación de la persona, y propone modelos basados en el culto del figurar y del consumismo, los cuales, difundidos por los medios de comunicación, causan daños que incrementan la disgregación de los lazos familiares.

“Es necesario que desde todas las instancias de la vida pública se pongan los medios para un nuevo orden social, que rompa la espiral perversa entre familia y pobreza que lleva la sociedad a la ruina”.

Los rostros de los niños desnutridos y enfermos y también de aquellos que felices y orgullosos muestran su cuaderno y lápiz en escuelas “hechas de nada”, nos recuerdan que “no se trata sólo de pan – dijo el Pontífice – sino también de trabajo, de instrucción y de sanidad”.

“También nosotros cristianos debemos estar cada vez más cerca de las familias que sufren la pobreza. La Iglesia madre no debe olvidar nunca este drama de sus hijos. Ella también está llamada a ser pobre, practicando la simplicidad en su propia vida, de manera que llegue a ser fecunda y pueda dar una respuesta a tanta miseria”.

“La miseria social golpea a la familia y a veces la destruye”, remarcó el Papa Francisco, “la falta o la pérdida de trabajo y la precariedad ponen a dura prueba las relaciones”, así como las condiciones de vida en los barrios pobres con problemas de vivienda, de transporte, de servicios sociales, sanitarios y escolásticos, factores materiales a los cuales se suman las propuestas inalcanzables de bienestar individual ofrecidas por los medios de comunicación, “pseudo – modelos” que, a causa de la situación de vulnerabilidad en la que se encuentran las familias más pobres, influencia a estos sectores sociales incrementando la disgregación de los lazos familiares, que son fundamento y pilar de la sociedad.

De ahí que se necesite del “ejemplo de la Iglesia”, “que practique la simplicidad en la propia vida”, en “las propias instituciones”, en “el estilo de vida de sus miembros” para “derribar los muros que separan, sobre todo, de los pobres”.

“Oración y acción” fue la premisa del Papa para los cristianos en su catequesis de hoy, sin olvidar que “el juicio de los necesitados, de los pequeños y de los pobres, anticipa el juicio de Dios”.

“Hijo mío, no prives al pobre de su sustento ni hagas languidecer los ojos del indigente. No hagas sufrir al que tiene hambre ni irrites al que está en la miseria. No exasperes más aún al que está irritado ni hagas esperar tu don al que lo necesita. No rechaces la súplica del afligido ni apartes tu rostro del pobre. No apartes tus ojos del indigente ni des lugar a que alguien te maldiga: porque si te maldice con amargura en el alma, su Creador escuchará su plegaria”. (Ecl, 4)

“Pidamos a Dios que sostenga a las familias sometidas a la dura prueba de la pobreza, para que puedan seguir siendo en el mundo lugar de acogida y escuelas de auténtica humanidad. Que Dios los bendiga”..