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17Nov/16

Rey del Universo

Centro de nuestra FE

Con la solemnidad de Jesucristo Rey, la Iglesia culmina cada año el curso litúrgico seguido en torno a Jesús, para significar que Él es el centro y la vida, “el alfa y la omega, el principio y el fin”, (Ap 21,6).

La fiesta de Cristo Rey fue instaurada por el Papa Pío XI el 11 de marzo de 1925, y con ella el Papa quiso motivar a los católicos a reconocer en público que el mandatario de la Iglesia es Cristo aunque posteriormente se movió la fecha de la celebración dándole con esto un nuevo sentido, pues al cerrar el año litúrgico con esta fiesta se quiso resaltar la importancia de Cristo como centro de toda la historia universal. Él es el alfa y el omega, el principio y el fin, en quien se sustentan todas las cosas y a cuyo nombre todos doblan las rodillas.

Jesús nos habla de las características de su Reino a través de varias parábolas en el capítulo 13 del Evangelio de Mateo:

– “…es semejante a un grano de mostaza que uno toma y arroja en su huerto y crece y se convierte en un árbol, y las aves del cielo anidan en sus ramas”;

– “…es semejante a un mercader que busca perlas preciosas, y hallando una de gran precio, va, vende todo cuanto tiene y la compra”.

En ellas, Jesús nos hace ver claramente que vale la pena buscarlo y encontrarlo,y que su crecimiento será discreto, sin que nadie sepa cómo ni cuándo, pero eficaz. En otras palabras: nos dice que el Reino de Dios no se manifiesta aparatosamente, sino que Dios actúa desde la sencillez y la simplicidad de todos los días.

Para lograr que Jesús reine en nosotros debemos, en primer lugar, fomentar en nuestra vida la lectura y la reflexión del Evangelio, la oración personal y los Sacramentos. Estos son medios privilegiados para conocerlo y para recibir las gracias que vayan abriendo nuestros corazones a su amor.

En segundo lugar, hay que tratar de identificarnos con Él. El amor nos llevará, casi sin darnos cuenta, a pensar, a querer y a sentir como Cristo, viviendo una vida de verdadera caridad.

Por último, vendrá el compromiso apostólico, que consiste en llevar nuestro amor a la acción de extender el Reino a todos los hombres y mujeres con los que convivimos mediante obras concretas de apostolado.

Al finalizar el año litúrgico, esta fiesta es, pues, una oportunidad para dar públicamente nuestro testimonio de que Cristo es el Rey de nuestras vidas, el Rey de reyes, el Principio y el Fin de todo el universo.

Pero, ¿Cómo es nuestro Cristo Rey? Cuando vino hace dos mil años, vino oculto en pañales, en la humildad, la pobreza, y la mansedumbre. No quiso imponerse, sino proponerse. No quiso ser temido, sino acogido y amado. No quiso hacer ruido, sino pasar desapercibido. Se dejó alimentar, enseñar, adoctrinar. Caminó, se cansó, tuvo sed, lloró.

El plan estratégico de Cristo es llevar su Reino a todas partes, no por las armas, ni por la violencia, ni el engaño, sino por la fuerza del amor, que destruye toda injusticia. Su Reino de amor, que acabe con los odios. Su Reino de paz, que suplante a la guerra. Su Reino de vida, que termine con esa terrible cultura de la muerte (guerra, aborto, eutanasia, manipulación genética, etc.). Su Reino de desprendimiento interior, que desate todas esas cadenas que nos arrebatan la verdadera libertad interior.

Y las exigencias de nuestro Cristo Rey, Son tres: negarse a sí mismo (tendencia a la ambición, la vida fácil, la soberbia), tomar la cruz de cada día (dar la vida, perdonar, donarse) y seguir sus huellas (a través de su Evangelio) no conformarnos con el mero cumplimiento de los ritos externos, ser permanentes seguidores y discernir su voluntad en nuestras vidas.

Hermanos, renunciemos a conceptos humanos pequeños y dejémonos sorprender por Dios… Ya está cerca el Adviento, preparémonos gozosos para recibir a nuestro Rey, que por su resurrección nos ganó la salvación eterna… En eso estamos.

27Jun/16

Yo creo en el Papa

 

Cristo constituyó al apóstol San Pedro cómo primero entre los apóstoles y como cabeza visible de toda la Iglesia, confiriéndole inmediata y personalmente el primado de jurisdicción. Para los católicos esto es una verdad de fe.

La cabeza invisible de la Iglesia es Cristo glorioso. Pedro hace las veces de Cristo en el gobierno exterior de la Iglesia militante, y es, por tanto, vicario de Cristo en la tierra.

 

Fundamento bíblico

Cristo distinguió desde un principio al apóstol San Pedro entre todos los demás apóstoles. Cuando le encontró por primera vez, le anunció que cambiaría su nombre de Simón por el de Cefas: Roca, (Jn 1,42; cf. Mc 3,16). El nombre de Cefas indica claramente el oficio para el cual le ha destinado el Señor (cf. Mt 16, 18).

A San Pedro se le prometió el primado después que hubo confesado solemnemente, en Cesárea de Filipo, la mesianidad de Cristo (cf. Mt 16, 17-19). El primado se lo concedió el Señor a Pedro cuando, después de la resurrección, le preguntó tres veces si le amaba y le hizo el siguiente encargo: “Apacienta mis corderos, apacienta mis corderos, apacienta mis ovejas”, (Jn 21,15-17). Estas palabras se refieren inmediata y exclusivamente a San Pedro. Los ‘corderos’ y las ‘ovejas’ representan todo el rebaño de Cristo, es decir, toda la Iglesia.

 

Pedro, obispo de Roma y primer Papa

Una antigua tradición basada en los anales de la Iglesia y de la Arqueología romana nos indica que Pedro murió en Roma, donde fue obispo. Este es el origen de la preeminencia del obispo de Roma sobre los demás obispos sucesores de los apóstoles.

Muy fuerte es también el testimonio de la tradición que manifiesta la enorme importancia que tuvieron los primeros obispos de Roma sobre la naciente Cristiandad, justamente por ser sucesores de Pedro. Así, por ejemplo, en el año 96 ante un grave conflicto en la comunidad de Corinto, quien tomó cartas para poner orden fue el obispo de Roma, el Papa Clemente, y esto a pesar de que en ese tiempo todavía vivía el apóstol Juan en la cercana ciudad griega de Éfeso.

Sin embargo, fue una carta de Clemente la que solucionó el problema y aun doscientos años después de este hecho se leía esta carta en esa Iglesia. Esto sólo es explicable por la autoridad del sucesor de Pedro en la primitiva Iglesia.

Ireneo, obispo de Lyon, y Padre de la Iglesia de la segunda generación después de los apóstoles escribía pocos años después: “Pudiera darles si hubiera habido espacio las listas de obispos de todas las Iglesias, mas escojo sólo la línea de la sucesión de los obispos de Roma fundada sobre Pedro y Pablo hasta el duodécimo sucesor hoy”.

Según el primer historiador de la Iglesia, Eusebio de Cesárea (año 312), esta sucesión es una señal y una seguridad de que el Evangelio ha sido conservado y transmitido fielmente por la Iglesia católica.

Este 29 de junio, solemnidad de San Pedro y San Pablo, reafirmemos nuestra confianza, amor y fe en el sucesor de San Pedro, el Papa. Que nuestras oraciones se eleven a Dios pidiendo por Francisco, para que sepa apacentar el rebaño de Dios y conducir su Iglesia a fuentes tranquilas y verdes pastos. En eso estamos.

24Jun/16

Aprender a descansar

Descansar en Dios con mansedumbre y humildad.

“Vengan a mí todos los que estén fatigados y agobiados, yo les daré descanso. Tomen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mí que soy manso y humilde de corazón y hallarán descanso para sus almas. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera”, cita el Evangelio de Mateo de este domingo (11, 28-30).

Providencialmente, por así decirlo, este fragmento del Evangelio se acomoda a los tiempos que vivimos. Pues a mitad de año es tiempo propicio para una autoevaluación y descanso por las vacaciones de verano. Es un buen momento para apartarnos del trajín diario, encontrar espacios para recrearnos, cambiar de actividades y renovar fuerzas.

El descanso es sagrado. Dios mismo descansó al séptimo día de la creación del mundo. Dios bendice el descanso. Sin duda, es una experiencia saludable y necesaria que hemos de saber administrar para tener una vida plena. Saber descansar es parte importante de la existencia humana y nos lleva a la santidad. Lamentablemente el ritmo de vida actual nos aparta del descanso, de la reflexión, de la conciencia, al grado de invertir la escala de valores deteriorando y desgastando el alma. La misma Palabra de Dios nos invita a descansar en Dios.

“Vengan a  mi todos los que estén afligidos y agobiados”, nos dice Jesús. Y es que en el descanso, en la recreación, en el cambio de actividades, en el goce de las relaciones familiares y de las amistades es necesario integrar a Dios, en la persona de Cristo. Solo así, el descanso tendrá un sentido trascendente que permita al alma renovarse para retornar al trabajo.

Que nuestras vacaciones y nuestros tiempos libres sean deliberadamente vividos en Dios. Descansemos en Él, planifiquemos de cara a Él nuestro tiempo de recuperar energías, de salir de la rutina, de descansar el corazón.

Porque, ¿qué nos hace descansar?… Solo en Dios encontraremos sentido a nuestro ser y quehacer a través del descanso. Confiemos en esa cálida invitación del Señor: ‘Vengan a mí…’, quién mejor que Él sabe lo que nos agobia, lo que nos preocupa… Quién mejor que Él sabe lo que nos agrada, motiva y da esperanza. Que este tiempo de descanso que iniciamos sea de provecho, preguntémonos: ¿Qué nos hace descansar? Caminar, la naturaleza, la oración, la convivencia familiar, este conjunto de actividades… ¿qué?

La cuestión es aprender a hacerlo en Dios. El tiempo de descanso es un derecho legítimo que se ha de vivir como una experiencia externa e interna para poder hacer de él un auténtico tiempo de crecimiento y restauración integral de cada persona.

Cuando logramos que el descanso sea en Dios, se recupera todo. Se restaura el alma, la salud, las relaciones familiares y las labores diarias son más edificantes. Vivamos este tiempo de descanso en Dios y como Dios quiere para poder alcanzar una vida plena, santa.

Por otra parte, no olvidemos, el descanso ha de ser integral. Hemos de descansar en Dios cuidando nuestro cuerpo, nuestro espíritu, nuestros sentimientos e intelecto. Porque el cansancio se siente en el cuerpo, pero también en el alma. De nada sirve llegar al final de estos benditos días de descanso, con el cuerpo cansado o con el alma agobiada. Que este tiempo nos sirva para discernir de cara a Dios cómo lo hemos de vivir para gloria de Dios, bienestar nuestro y del prójimo.

Si nuestra alma está cansada se refleja en el cuerpo por medio del estrés, dolores de cabeza, colitis. Y a la inversa, si nuestro cuerpo está rendido, sin fuerzas no nos permite meditar, decidir, vivir. EL descanso en Dios ha de ser integral. El cansancio es una experiencia que tiene un arraigo fuerte en la interioridad.

La voluntad de Dios es que alcancemos paz. Hemos sido llamados a la felicidad. Tenemos que aprender a encontrar los caminos que nos lleven a recuperar las fuerzas. El servicio, el deseo de vivir con amor a la voluntad de Dios, el darle gloria con nuestros actos, con una vida de fe congruente entre lo que creemos y obramos son la clave para vivir en Dios y alcanzar la plenitud.

En nuestros días es vital recuperar la interioridad para poder reposar. Hemos de romper ese círculo vicioso y vertiginoso que nos lleva a una vida superficial e inconciente que deriva muchas veces en el agobio, el sinsentido o el vacío existencial. Descansar no es solo distracción, diversión o romper con la rutina; es una cuestión aun más profunda que abarca a toda la persona.

Jesús es el verdadero descanso. Que nuestras actividades vacacionales de alguna u otra forma estén vinculadas a Él. Sea en la ciudad, en la naturaleza, en el hogar, en el templo, etc. Que estos días de descanso nos permitan retomar el camino de la rutina con sabiduría, valentía, paz y confianza en Dios. En eso estamos.

 

08May/16

“Voy a desposarme con Hermosillo…”: Mons. Ruy Rendón Leal

Toma de Posesión, 8 de junio de 2016

“Voy a desposarme con Hermosillo; el anillo será la fidelidad”, expresó emotivamente, monseñor Ruy Rendón, en su primer reunión con miembros del presbiterio de Hermosillo el 5 de mayo en la ciudad de Monterrey, mostrando así la calidad de su entrega ante la voluntad de Dios para su ministerio episcopal, quien dijo haberle tomado por sorpresa el nombramiento del Santo Padre Francisco pero acoge la noticia con esperanza y compromiso.

En este encuentro breve de aproximadamente dos horas los sacerdotes, miembros del comité de bienvenida, pudieron conocer a su Pastor y acordar puntos importantes para su arribo a la Arquidiócesis el próximo 8 de junio; quien iniciará su agenda con una Rueda de Prensa a las 11:00 am y podrán participar quienes porten su gafete autorizado; a las 12:00 de medio día se hará una estación en Catedral para la toma simbólica de la Sede; posteriormente se realizará una comida con representantes de las parroquias y el presbiterio. La solemne Misa de Toma de Posesión se oficiará en el Expo Forum y los gafetes se repartirán en cada comunidad parroquial; la agenda concluye con una cena con los señores Obispos visitantes.

La Iglesia particular de Hermosillo se viste de fiesta y respira aires de gozo por el arribo del nuevo Señor Arzobispo, quien se muestra seguro y comprometido con su naciente misión al expresar que “me conozco y sé que en Hermosillo haré un buen trabajo. Voy con mucha esperanza”.

Respetuoso de la valiosa labor realizada en la vida pastoral de la Arquidiócesis, monseñor Ruy Rendón comentó a su nuevo presbiterio que “no llegaré imponiendo. Llegaré proponiendo”.

Si duda muchos son los aspectos que debe tomar en cuenta un pastor al guiar al pueblo de Dios, el Señor nos ha bendecido con cuatro grandes pastores que han caminado cercanos a su comunidad; nuevamente el Señor, rico en misericordia nos otorga la gracia de un nuevo pastor que propone con entusiasmo un camino de sencillez, cercano a la exhortación del Santo Padre, Francisco.

“Les propongo ser, por su humildad, el mejor presbiterio de México”, expresó con entusiasmo, monseñor Ruy Rendón Leal al presbiterio de la Arquidiócesis de Hermosillo; mostrando así cuál será su estilo para guiar a las ovejas de este rebaño de Dios.

Con gratitud a Dios,  Padre misericordioso, invitamos a la comunidad a dar gracias por nuestros pastores, Don Juan Navarrete y Guerrero (+); Don Carlos Quintero Arce (+) y Don José Ulises Macías Salcedo, nuestro actual arzobispo emérito quien junto a la comunidad de fieles se prepara para recibir con fe, alegría y compromiso a Mons. Ruy Rendón, IV arzobispo de Hermosillo. Vivamos estos días previos a su arribo en un ambiente de gozo y oración para que el Señor ilumine, sostenga y bendiga a nuestro nuevo arzobispo. En eso estamos.

05May/16

Medios de comunicación social

Herramienta importante en la misión evangelizadora de la Iglesia:

“Vayan por todo el mundo y anuncien la Buena Nueva a todos los pueblos”

 

“La Iglesia católica, que fue fundada por nuestro Señor Jesucristo para llevar la salvación a todos los hombres (y mujeres) y por ello se siente movida a la necesidad de evangelizar,  considera que es parte de su misión servirse de los medios de comunicación social para predicar a los hombres (y mujeres) el mensaje de salvación y enseñarles el recto uso de estos medios”, (Inter mirifica 3).

Consciente de la utilidad de los medios de comunicación social y de la responsabilidad en el uso de los mismos, la Iglesia universal, previsora de todos los tiempos, reconoce como ‘herramienta’ importante en la misión evangelizadora ha dichos instrumentos en el mundo de hoy. Pero también señala las gravísimas consecuencias ante el mal uso de éstos y exhorta a los fieles a su formación en el recto uso y manejo de medios.

“A la Iglesia corresponde el derecho originario de usar y poseer todo género de medios de este orden en cuanto sean necesarios o útiles para la educación cristiana y para toda su obra de salvación de las almas; y corresponde a los sagrados pastores el deber de instruir a los fieles de modo que éstos, sirviéndose de dichos medios, tiendan a su propia perfección y salvación, así como a la de toda la familia humana”, (Inter mirifica 3).

Siguiendo el ejemplo de Cristo, ‘perfecto comunicador’, la Iglesia desea mantener vivo el mensaje divino a través de los siglos, el cual sigue vigente por la fuente de donde emana desde hace más de 2000 años: Dios mismo… Jesucristo, quien antes de su ascensión gloriosa a los cielos dejó clara la misión de todo cristiano: Comunicar la Buena Nueva a toda la creación.

Por ello, como cada año y siguiendo el mandato de Jesús, el día de la Ascensión el Santo Padre convoca a la comunidad cristiana a recordar su misión al celebrar la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales. Este año es la edición número 50 y su lema es: ‘Comunicación y Misericordia: un encuentro fecundo’, en el marco del Año Jubilar de la Misericordia.

La Iglesia, acorde a los tiempos, continúa su misión iniciada en Pentecostés, cuando los apóstoles, con el poder del Espíritu Santo, salieron a las calles a anunciar el Evangelio de Jesucristo a toda la creación (Hch 2, 5-11) Así, la Iglesia universal, fiel a sus principios y siguiendo el espíritu entusiasta del Hijo de Dios, desea valorar los grandes descubrimientos y avances de la ciencia y la tecnología, como los medios de comunicación, especialmente ahora en el mar de la era digital que enfrenta nuevos retos y ofrece un sin número de oportunidades para el crecimiento del ser humano y la unidad entre las naciones.

Haciendo ‘eco’ del mensaje del Santo Padre Francisco, que nos exhorta a una ‘cultura del encuentro’ donde los medios sean conquistados por el ser humano para su sano provecho alejándonos de la cultura del silencio y la enajenación que enfría los corazones, el Secretariado de Comunicación Social de la Arquidiócesis de Hermosillo (Secoms), invita a quienes laboran y forman parte de los medios de comunicación local (prensa, radio, televisión y medios digitales) a celebrar en conjunto tomando una actitud responsable, honesta y positiva en el manejo y uso de la información para que la comunicación produzca puentes de fraternidad y misericordia entre las comunidades, que forme mejores mujeres y hombres, guíe y promueva a la familia y promueva todos aquellos valores necesarios para una civilización más responsable, humana y positiva. En eso estamos.

20Abr/16

La voluntad de Dios: Que amemos como Él nos ama

Así es, el Verbo se encarnó porque Dios Padre, Creador, nos amó y nos ama…

Sí, no es esta una frase más de los hombres, no es una sentencia romántica y sentimentalista… Es una realidad.

Una realidad que debemos asimilar y creer, porque simple y sencillamente esa es la voluntad de Dios… El ser amados y salvados por su Hijo, su único Hijo. Y que imitemos ese Amor.

La voluntad de Dios es nuestra felicidad…

El Verbo se encarnó para que nosotros conociéramos así el amor de Dios y Su voluntad: En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene: “En que Dios envió al mundo a su Hijo único para que vivamos por medio de Él” (1 Jn 4, 9).

Si somos padres, entenderemos mejor este ejemplo divino; daríamos cualquier cosa por el bien de nuestros hijos, aunque éstos no entiendan nuestros buenos deseos, en un primer momento, la confianza (en los padres) es la que los hará obedecer y aceptar con amor los consejos…

Así, nosotros confiemos en Dios, nuestro Creador, quien conoce a sus criaturas y sabe lo que necesitamos…

Entendiendo, claro está, que la aceptación de la voluntad divina no es esa, a veces clásica, ‘dejadez’ de dejar a Dios el rumbo y las decisiones de nuestra vida, no es un ‘lo que Dios diga’… Aceptar la voluntad de Dios, es sabernos amados por Él y salvados, responder y corresponder activamente a su amor, obrando rectamente, cumpliendo sus mandamientos y construyendo una mejor sociedad.

Aceptar la voluntad de Dios es que sabiéndonos valiosos para Dios, al entregar a su único Hijo en rescate, por nuestras faltas, nos respetemos como criaturas de Dios, le reconozcamos como Creador y procuremos el bien para nuestro prójimo.

            Dios, Padre, manifiesta su amor sin reservas, Su Hijo murió para salvar a todos los hombres; de nosotros depende sanar nuestra naturaleza enferma; no podemos resucitar a una mejor vida terrenal y futura, si libremente no elegimos amar a Dios por sobre todas las cosas y trabajamos en nuestras fallas cumpliendo su voluntad… Voluntad que el corazón del hombre bien conoce y sabe cuando no la cumple.

Pero, ¿Qué camino elegir para vivir conforme a la voluntad de Dios Padre?

Jesús es, en efecto, el modelo de las bienaventuranzas y la norma de la ley nueva. El evangelio del domingo nos dice el camino: “Amaos los unos a los otros, como yo os he amado” (Jn 15, 12). Nos dice qué hacer – Amarnos – y cómo hacerlo – en la medida y forma en que Jesús lo hizo –.

Amigos, trabajemos, pues en este mandamiento de amor y construyamos la civilización del amor que tanto pronunció San Juan Pablo II durante su papado; el tiempo de Pascua que nos recuerda la alegría de la resurrección, es un buen momento para reflexionar en un cambio integral,

La voluntad de Dios es que actuemos en nuestra vida, en lo personal y en lo comunitario conforme al mandamiento del amor… Vivamos la caridad a profundidad, en el silencio, seamos testigos de Cristo para el mundo.

Para que el mundo crea en Cristo por medio de quienes creemos en Él, seamos ejemplo de amor, de vida, siendo pacientes y ayudando a la conversión de los demás.

Trabajemos, pues, en buscar la felicidad cumpliendo la voluntad de Dios – que bien sabemos cuando faltamos ella; y no nos podemos engañar – y seamos ejemplo, como Cristo lo es para nosotros, prudente, amoroso y sobretodo  convincente… Que nuestros actos convenzan al prójimo… para que opte por la salvación, que es voluntad de Dios. En eso estamos.

 

20Mar/16

Semana Santa

Acompañemos a Cristo en su Vía Crucis. 

La semana santa es el momento litúrgico más intenso en el año. Después de cuarenta días de preparación en el cual, por medio de ayuno, oración y penitencia, nos preparamos para la Pascua ahora nos toca vivir intensamente los misterios de la pasión, muerte y resurrección de Nuestro Señor Jesucristo. Es un tiempo intenso de reflexión y meditación, es contemplar a Jesús dando la vida por nosotros, es recordar al Padre de misericordia que amo tanto al mundo que le entregó a su hijo único, no para condenarlo sino para que el mundo se salvara por Él.

Comenzamos esta semana con el Domingo de Ramos, en dos actos fundamentales: 1) la mímesis de la entrada triunfal de Jesús a Jerusalén, que nos recuerda a Cristo Rey y Mesías que viene a salvarnos, humilde en un burro, entregado completamente a la voluntad de Dios y a la tarea que le ha encomendado; 2) La anamnesis de la pasión y muerte de Jesucristo en el cual recordamos el proceso mediante el cual Cristo, nuestro salvador se entrega por nosotros, despojándose de todo por la humanidad.

El Jueves Santo, día de la institución de la Eucaristía, recordamos el momento en el que Cristo se queda con nosotros transformando el pan y vino en su cuerpo y sangre; es un Mesías que no nos abandona y que encomienda a sus discípulos la tarea de conmemorar este acto oblativo y lleno de amor, quedando así instituido el sacerdocio.

Viernes Santo es día de la pasión, acompañamos paso a paso este vía crucis, contemplando a Cristo en la Cruz, mirando al traspasado y consiguiendo así la salud que nos viene por su entrega generosa.

Continuamos con el Sábado Santo, un profundo silencio invade la tierra, es Dios que duerme, es Cristo que ha bajado al reino de las tinieblas, ha descendido por Adán y ha ido a rescatar a aquellos que permanecían dormidos, a iluminar a los que yacían en tinieblas, es la hora del sepulcro.

Domingo de Resurrección, terminamos nuestra semana mayor con la gran festejando la Resurrección, acto mediante el cual Cristo sella su reinado perpetuo, la muerte ya no tiene la última palabra, ahora todos estamos vivos, porque Aquél que murió por nosotros ha resucitado. Magdalena ha encontrado el sepulcro vacío, los otros apóstoles han encontrado solo el sudario y las vendas, pero Él no está, ya no está muerto, ha salido y se reunirá con aquellos que ama.

Esta Semana Santa es para acompañar a Jesús en su dolor y sufrimiento, es momento para ver nuestros pecados y nuestras limitaciones clavadas en esa Cruz. Por amor, por bondad, por su misericordia todos hemos sido justificados. Ahora es momento de morir al pecado, porque sin muerte no han resurrección, porque solamente muriendo y renunciando a nuestras esclavitudes podremos resucitar con Cristo. Es momento de nuestra liberación, vivamos alegremente el paso de Dios en nuestras vidas, vivamos con fe la Pascua del Señor. En eso estamos.

 

 

10Mar/16

Conversión, reconciliación con Dios y trabajo por la justicia social

Estamos inmersos en el tiempo cuaresmal, tiempo propicio para la conversión y la reconciliación con el Señor. Y vaya que muchos cristianos aprovechan este tiempo de gracia para enmendar algunas actitudes que no están en sintonía con la voluntad de Dios y que dañan sus relaciones sociales.

Sin embargo, muchas veces, olvidamos que la verdadera conversión no es un asunto solamente de buena conciencia o de reconciliación sacramental. Es decir, no se trata sólo de confesarse y de asistir a los actos litúrgicos de la Iglesia. Ni es sólo dejar de comer carne, de fumar o de disfrutar algún platillo delicioso. Ni se trata tampoco solamente de ayunar los viernes, para agradar al Señor. No. La verdadera conversión tiene también un irrenunciable carácter social.

¿A qué nos referimos con esto? Simple y sencillamente a que una buena relación con Dios implica primero una buena relación con el prójimo. O dicho de otra manera: La conversión debe atender tanto a la reconciliación personal, como a la justicia interhumana.

Hemos de entender que la conversión va más allá de una práctica religiosa carente de justicia social. Esto quiere decir que la persona convertida debe dejar atrás las imágenes falsas de Dios que se ha fabricado y el culto hipócrita, vacío de justicia interhumana, con el que pretende adorar al Señor. Y es que todos sabemos que lo más sutil y lo más delicado es la ideologización de la religión y de sus prácticas cultuales, para defender nuestros propios criterios, que muchas veces son injustos.

Esto no es nada nuevo, pues ya los antiguos profetas denunciaban el peligro del Templo, pues se prestaba para encasillar a Dios, creyendo que quedaba satisfecho con los sacrificios rituales, con la asistencia al culto y con la oración, independientemente de la vida que el pueblo llevara.

La verdadera conversión tampoco permite que nos hagamos una imagen falsa de Dios, un Dios que se contenta con peregrinaciones y prácticas cultuales. No. El Señor exige la justicia interhumana.

Y es que el verdadero culto a Dios no es cuestión solamente de alabanzas, sino que debe expresarse en la construcción de la justicia, evitando los fraudes y violencias, la codicia y el acaparamiento de los bienes. Además, una verdadera conversión nos lleva a superar las luchas de poder y los lujos excesivos.

En fin, los textos proféticos son muy claros al recordarnos qué el Señor espera de nosotros no sólo actos de piedad y de alabanza, sino que quiere también nuestro trabajo concreto y eficaz para la construcción de la justicia y la paz en nuestra historia.

Por eso, en esta cuaresma, no caigamos en la tentación de una conversión intimista y sentimental. Más bien, démonos cuenta de que nuestro México, nuestra Ciudad y nuestra familia, están esperando de nosotros algo más que una bella oración.

Cuidemos, pues, de que todos nuestros actos de culto, nuestras oraciones, nuestra práctica sacramental y nuestras devociones, estén bien respaldadas por un serio compromiso de transformar nuestra realidad con la fuerza del evangelio. En eso estamos.

01Mar/16

Es necesario hacer fiesta y regocijarnos, Dios nos ha devuelto la vida

“Era necesario hacer fiesta y regocijarnos, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y lo hemos encontrado” (Lc 15, 32).

Así concluye la parábola del Padre misericordioso, y comprendemos con esto que el amor de Dios por nosotros es incondicional e infinitamente tierno y que siempre podemos regresar, por lejos que nos hayamos ido, pues nuestro Padre estará esperándonos en el camino para reconstruir nuestra vida y nuestra dignidad de hijos suyos. No hay culpa, por grande que sea, que nuestro Padre no nos perdone.

Esta sí que es una buena noticia: Dios mismo hace una fiesta por el hombre más culpable, por el más hundido, por el derrotado, por el que ya no tiene nada para vivir.

Sin embargo, el hecho de reconocer la misericordia de Dios para con nosotros, implica un serio compromiso social. ¿Cómo podríamos sentirnos acogidos en la casa paterna, en medio de fiestas, si hay hermanos que siguen perdidos en una vida de miseria y de penurias?

Y es que la misericordia de Dios va mucho más allá de ser un sentimiento “bonito” e intimista. Su amor incondicional por la humanidad lo llevó al colmo de entregar a su propio Hijo en la cruz. Por eso decimos que el amor y la misericordia de Dios implican de nuestra parte una entrega semejante.

Definitivamente no podremos hacer fiesta mientras ese amor misericordioso del padre no alcance efectivamente a todos.

No podremos regocijarnos en el amor de Dios si este está basado en nuestros meros cumplimientos o en nuestra mezquina disciplina, que hace de los cumplimientos un ídolo, dejando al verdadero Dios del amor y la ternura.

No podemos sentir que volvimos a la vida ni sentirnos encontrados por el Padre si seguimos ciegos por nuestra soberbia, que nos hace creer que Dios nos ama por lo buenos que somos.

En realidad nos encontraremos con el Padre cuando, aceptando humildemente al hermano que yerra, aceptemos también nuestra fragilidad humana y nuestra absoluta dependencia de la gracia de Dios. En eso  estamos.

 

19Feb/16

El amor disuelve todos los males

Que la muerte de Jesucristo y sus enseñanzas valgan la pena en nuestra vida… ¡Que florezca la semilla que Él sembró! En esta cuaresma estamos invitados a la caridad que lleva a vivir el amor al estilo Cristo y a la construcción de una vida mejor, pues, “considerar el rostro doliente y las condiciones de sufrimiento de muchos hermanos y hermanas no puede no impulsar a compartir, al menos parte de los propios bienes, con aquellos que se encuentran en dificultad”, citaba San Juan Pablo II.

Nuevamente, un Vicario de Cristo pisa tierras mexicanos y nos exhorta a ese compartir, a ese mirar al prójimo doliente; y una vez más nos dice que Jesucristo ha enseñado que el ser humano no sólo recibe y experimenta la misericordia de Dios, sino que está llamado a ‘usar misericordia’ con los demás: “Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia”. La Iglesia ve en estas palabras una llamada a la acción y se esfuerza por practicar la misericordia. La Iglesia en México desea con renovado ardor hacer eco de la invitación que en estos días nos hace el Santo Padre. Pero hemos de tomar conciencia de que la Iglesia en México somos todos los bautizados y como tales tenemos un compromiso en este rubro, consagrados, sacerdotes, religiosas, laicos, matrimonios…

“Si todas las bienaventuranzas del sermón de la montaña indican el camino a la conversión y del cambio de vida, la que se refiere a los misericordiosos es a este respecto particularmente elocuente: El hombre alcanza el amor misericordioso de Dios en cuanto él mismo interiormente se transforma en el espíritu de tal amor hacia el prójimo… Cristo crucificado, en este sentido, es para nosotros el modelo, la inspiración y el impulso más grande. Basándonos en este desconcertante modelo, podemos con toda humildad manifestar misericordia a los demás”, (Misericordia divina, JP II).

En este tiempo la Iglesia nos invita a vivir intensamente nuestra vocación cristiana amando como Cristo amó a su Padre y a sus hermanos. Pero, ¿cómo responder a este llamado? “Acercándonos al pobre para acompañarlo y servirlo, haciendo lo que Cristo nos enseñó al hacerse hermano nuestro, pobre como nosotros. Por eso el servicio a los pobres es la medida privilegiada, aunque no excluyente, de nuestro seguimiento de Cristo. El mejor servicio al hermano es la evangelización que lo dispone a realizarse como hijo de Dios, lo libera de las injusticias y lo promueve integralmente” (Puebla 1145).

Hermanos, la muerte en que hoy vivimos es causa del pecado… ¡Estamos alejados del Amor que da la vida! ¡De Dios mismo! ¿Cómo puede suceder? El egoísmo, la pereza, la envidia, el desamor, la violencia, es decir, “el pecado, crea una facilidad para el pecador y engendra el vicio por la repetición de actos; de ahí resultan inclinaciones desviadas que oscurecen la conciencia y corrompen la valoración concreta del bien y el mal. Así el pecado tiende a reproducirse y a reforzarse, pero no puede destruir el sentido moral hasta su raíz” (CIC 1865).

Así, el pecado ha llevado al hombre cada vez más lejos del Amor y a cometer faltas cada vez más graves que se ven reflejadas no sólo en el individuo o en la familia, sino en toda la comunidad global… Entonces, ¿por qué dar la espalda al amor?

“En la pasión, la misericordia de Cristo vence al pecado” (CIC 1851), y en ese ejemplo de misericordia está la respuesta a nuestros problemas: ¡Nos hace falta ser misericordiosos con el hermano! ¡Con Cristo, que se entregó a la muerte para darnos vida! “Hemos sido comprados a gran precio”, (I Co 6, 20): El sacrificio del Hijo de Dios, la sangre del salvador. ¡Que valga la pena!

Que la dicha de aquel que trae a suelo mexicano la esperanza del Cristo nos motive a rechazar el pecado y abrazar el amor, porque “El pecado es una falta contra la razón, la verdad, y la conciencia recta; es faltar al amor verdadero para con Dios y para con el prójimo”, (CIC 1849). Dios, en su infinita misericordia, todo lo perdona y espera de sus hijos el reconocimiento del pecado, es decir, la conversión de corazón.

Luchemos por la vida que el amor de Dios nos ofrece, ¡no le demos la espalda! Cristo nos liberó de la muerte… No seamos nosotros mismos quienes nos condenemos a una vida intranquila, temerosa y vacía. Como cristianos tenemos la tarea de redimir al otro a través de nuestro Señor Jesucristo y a hacer del mundo  un mundo mejor, donde todos podamos llegar a ser parte del Reino de Dios. No olvidemos que el amor concreto, honesto y comprometido disuelve todos los males; apartémonos de la sensiblería y el romanticismo absurdo. Hagamos eco, sigamos los pasos del Papa Francisco y seamos misericordiosos como el Padre. En eso estamos.