Archivos de la categoría: Actualidad y Conceptos

19Sep/16

Matrimonio o sociedades de convivencia

carlos-mario-continuacionPor Pbro. Carlos Mario Jiménez Vargas*

El tema de la homosexualidad, que ocupa la atención de muchas instituciones y personas, cabe decirlo, no es un tema nuevo, ni para nuestra generación, ni para la humanidad. El que hombres y mujeres experimenten cierto tipo de atracción hacia personas de su mismo sexo es un tema presente en el marco del Judaísmo desde hace 2000 años a. C., en la literatura antigua, se devela que era una práctica entre los griegos y los romanos. Sin embargo, el tratar de equiparar una institución como el matrimonio establecido entre un hombre y una mujer al de un hombre con hombre, mujer con mujer es algo propio de nuestros tiempos. El tema es escabroso y tiene muchas aristas, porque hay promotores y detractores.

Si nos apegamos a la definición a la cual hace alusión el concepto ‘matrimonio’, tenemos que la palabra ‘matrimonium’ en origen significa el estado jurídico de una mujer casada y su maternidad legal, es el derecho a ser la madre legítima de los hijos de un varón, así como, acceder a todos los derechos que derivan para la mujer. Evidentemente, no se puede llamar matrimonio a estas sociedades de convivencia, pues de forma natural un hombre no puede fecundar a otro hombre, ni una mujer a otra mujer, biológicamente están impedidos. Ante esta situación, se desea homologar las uniones de parejas del mismo sexo con las heterosexuales, a través de la adopción legal de hijos o del recurso de la fecundación in vitro, o vientres de alquiler, para igualarse a una familia heterosexual. Y es aquí en donde desde la ética filosófica vale la pena lanzarnos esta pregunta: ¿puede considerarse un derecho? ¿El matrimonio es un tema que puede redefinirse por opiniones o según el gusto de quién o quiénes estén en el poder?

Con mucha honestidad pienso que un tema previo a la discusión acerca de las nuevas sociedades de convivencia, es el de la homosexualidad. A mi modo de ver, no ha quedado del todo claro ni en su origen, ni como práctica de vida y mucho menos si objetivamente pueda haber alguna consecuencia, y ello es decisivo en la propuesta de ley para equiparar las nuevas sociedades de convivencia con la comprensión tradicional de matrimonio. De esta manera, es muy irresponsable pretender una reforma a la constitución, al código civil, en el plano de la educación, etc., si no hay la suficiente y debida comprensión de lo que es la homosexualidad.

Lo que últimamente hemos presenciado ha sido una lucha de choques entre dos posturas: pro-homosexuales y anti-homosexuales, sin ningún árbitro o institución neutra que permita exponer y cuestionar las intenciones y la argumentación de ambas partes, para alcanzar una verdadera comprensión de lo que se considera un ‘logro’ o un ‘problema’ en materia de derechos humanos. Falta comprender qué es lo que se niega y rechaza y qué es lo que se afirma y aprueba en torno al tema de la homosexualidad. Y sobre todo, a quién le toca definirlo y establecerlo, si es a nivel constitucional, democrático, populista, si queda en la esfera pública o privada, laica o religiosa, etc.

La ideología de género, a quien se acusa de estar detrás y al frente de la normalización del estilo de vida homosexual y de la promoción de algunos derechos, desde hace décadas ha realizado una campaña a nivel global en donde están incluidas agendas públicas, de salud y de gobierno. Los Medios Masivos de Comunicación han fungido como porta voces de esta ideología y han emprendido una constante estrategia en la difusión del estilo de vida homosexual y otras preferencias sexuales. Sin embargo, vale la pena citar al psicólogo Gerard J. M. Van Den Aardwegquien afirma lo siguiente: “El estilo de vida homosexual se describe por los medios de comunicación social de ‘color rosa’. Lo que resulta comprensible como propaganda, pero si se oyen las historias de la realidad vivida por homosexuales practicantes durante muchos años, queda claro que la felicidad no se encuentra en este estilo de vida. Desasosiego en sus conductas, soledad, celos, depresiones neuróticas y, proporcionalmente, muchos suicidios (dejando de lado enfermedades venéreas y otras enfermedades físicas): es la otra cara de la moneda no mostrada en los medios de comunicación”, Homosexualidad y esperanza, pp. 11-12.

Esto debe llevarnos a plantearnos con seriedad la necesidad de desmitificar afirmaciones que se revisten de tolerancia e inclusión y que repliegan todo intento de confrontación acusando de homofobia.

Finalmente, hay que escuchar a las personas que viven una inclinación homosexual, pues ciertamente, sufren en lo público y en lo privado de su vida; en el ámbito público podemos contribuir a cambiar el odio por el reconocimiento de su dignidad humana, pero la tarea queda incompleta, sino se comprometen ellos a atender su vida interior, para que logren encontrar libertad y paz en la verdad de su propia naturaleza.

La ideología de género, que ha abanderado la causa homosexual, se escuda detrás del fuero que brinda el abogar por los derechos humanos, pero también debe ser cuestionado en sus intereses y pretensiones. Pues, un claro ejemplo de ello, es lo que sucedió en Francia con la La manif pour tous (Manifestación para todos), en donde la sociedad incluyendo grupos homosexuales dejó claro que no todo lo que intenta imponer la ideología de género a nivel global, representan sus causas o intereses.

El grave riesgo que enfrentamos es edificar el futuro de una sociedad sobre bases construidas por afirmaciones inducidas y suposiciones bien intencionadas, que pueden tener o no repercusiones en la vida de las personas y la sociedad. Sin embargo, en atención a la dignidad de las personas, de inclinación homosexual y heterosexual, creo que no se debe experimentar socialmente con nadie, eso sí sería ir en contra de los derechos humanos.

 

bartyteen@hotmail.com

*Párroco en María Madre del Redentor, en Hermosillo

06Sep/16

 Por Pbro. Carlos Mario Jiménez Vargas*

Carlos Mario parte 1Crisis antropológica

En los últimos siglos de la historia en Occidente, los criterios de comprensión de lo que es el ser humano, la vida, el mundo, la sociedad han ido cambiando. En la Edad Media, tales criterios eran dados por la religión cristiana, en la Modernidad se introdujo la visión constitucional, científica y tecnológica como criterios válidos de comprensión del hombre, la sociedad y el mundo; y actualmente, en esta época que muchos llaman Posmoderna, quien establece los criterios de interpretación son las ideologías, la razón débil que absolutiza el querer del individuo a través de una consciencia y práctica relativista.

            En este trayecto histórico se puede contemplar que el hombre y su comprensión ética, ha pasado las siguientes etapas: en la Edad Media el hombre es un ser para Dios; En la Modernidad un ser para la sociedad y actualmente, en la Posmodernidad un ser para sí mismo. En el marco de la ética se puede decir que se pasa de la moral religiosa, a la ética constitucional y actualmente, cada individuo o grupo minoritario establece sus propias normas y criterios, acordes a su propio gusto o convicciones, esto sin sentirse obligados a dar razones, sin confrontar a nadie y sin dejarse confrontar.

            Esta última situación, expresa la crisis antropológica y ética en la que vivimos, en donde cada cabeza es un mundo, pero olvida que hay un solo mundo para todos. Por tanto, al abandonar un código de ética universal, basado en la ley natural y suplido por el criterio de autonomía, se deja el campo abierto a toda clase de tiranías ideológicas, que se presentan con discursos emotivos y fascinantes, pero que carecen de un sano sentido común.

¿Redefinir el matrimonio?

El ser humano tiene la capacidad de conocer la realidad y ordenarla, manipularla a través de la técnica y la ciencia, ha llegado a conocer su naturaleza, las leyes que le rigen, los límites y las bondades de los elementos contenidos en ella; lo mismo aplica para la naturaleza humana, con el entendimiento el ser humano ha ido descubriendo su propia naturaleza, las leyes de su tan particular naturaleza (o también llamada ley natural) inscritas en su dimensión física y psicológica. Se vuelve consciente de sus límites y grandezas. Descubre su dimensión individual y el valor de lo social que es regulado por normas, criterios de conducta, basados en derechos y deberes.

Por tanto, se debe tomar como punto de partida que los principios y normas éticas no son el resultado de una imposición absurda e intransigente de pensadores, demagogos políticos, tiranos, etc., sino lo que se va recogiendo en la experiencia de la vida y en favor de los seres humanos y de la sociedad. La ética no tiene un origen dictatorial, sino expresa el descubrimiento del ser humano de lo que le hace bien, como individuo y sociedad y lo que ha de evitar para no destruirse.

Sin duda, la familia establecida por el matrimonio entre un hombre y una mujer es una de las instituciones humanas más antiguas, esta no tiene su valor, sólo por haber perpetuado la especie humana, también porque está a la base de las diversas y ricas expresiones culturales, incluso desde antes de nuestra era cristiana. Prácticamente, la idea de familia asumida por el Estado y regulada por una constitución es algo muy nuevo. Por ello mismo, vale la pena preguntarse con seriedad: ¿toca a esta generación humana redefinir el concepto de familia? Sin duda, tenemos grandes avances tecnológicos y científicos que han redefinido nuestra comprensión de la realidad y de la Phisis y la Psiqué humana, pero ¿Es eso suficiente criterio para redefinir una institución como el matrimonio? ¿Nuestros nuevos conocimientos modifican nuestra naturaleza humana o sólo nuestra capacidad de comprenderla? ¿Las modificaciones en la comprensión del matrimonio son porque se necesitan o solo son ideas peregrinas? 

 

Continuamos con el tema la próxima semana…
* Párroco en María, Madre del Redentor en Hermosillo

09Ago/16

¿Han quedado superados los fundamentos del Cristianismo?

bible

Por Carlos Mario Jiménez Vargas

 

En los actuales debates y discusiones sobre temas que tocan directa o indirectamente los temas de moral y consciencia social, es común escuchar frases que descartan la voz de la Iglesia, por ejemplo: “son puros prejuicios religiosos”, “sus criterios están ya superados” o “el clero sólo quiere manipular consciencias”.

Considero que vale la pena preguntarnos si el cristianismo y sus fundamentos ya han quedado atrás ante las nuevas fórmulas de interpretar la vida; será cierto que los principios cristianos ya no responden a las inquietudes de las personas, que están modeladas por nuevos criterios culturales y comerciales. ¿Será que el cristianismo ha caducado en su propuesta de alcanzar plenitud en la adhesión a Cristo? O estaremos ante una manipulación ideológica tan hábil y eficaz, que ha logrado posicionar el escepticismo religioso en la mente de las personas, generando una resistencia ácida a todo lo procedente del cristianismo. Esta propone que en lugar de la fe en Dios, se establezca la fe en la libertad absoluta para sí mismos.

Como sabemos, los fundamentos del cristianismo son: La Sagrada Escritura, la Tradición de la Iglesia y el Magisterio de la Iglesia. Estos tres elementos fundamentan el Depósito de la Fe. Pero, ¿cómo llegaron a nosotros? Los contenidos de la fe sabemos que han sido revelados por Dios, es decir, Él fue mostrando su identidad y plan poco a poco, a través de la vida del Pueblo de Israel. En la Persona de Jesús, Dios nos revela plenamente su Persona, nos muestra con un rostro humano su amor divino, con sus enseñanzas, pasión muerte y resurrección resuelve los misterios del hombre, nos muestra el sentido de la vida de todo ser humano en el mundo.

Aunado a esto, también están los conocimientos y las reflexiones que han aportado la filosofía y las ciencias, para la comprensión y sentido de la fe. Esto es importante, pues se puede objetar que las fuentes que se emplean para argumentar la doctrina teológica y la moral son estrictamente religiosas. Por tanto, carentes de validez para un ateo o un creyente que profese otro credo religioso.

En el caso del cristianismo, este ofrece no sólo la fe como contenido para dialogar, también hay argumentos de razón que dan un fundamento a las afirmaciones teológicas y permiten razonar y dialogar la fe. Por ejemplo, lo que se afirma sobre la condición humana desde la fe, no tiene por qué ser tenida como una afirmación retrógrada o carente de sentido, pues: “por la encarnación de Cristo nada hay en lo humano que sea ajeno a lo cristiano, ni algo cristiano que no incluya a lo humano”. “Cristo nos ha devuelto la libertad de los hijos de Dios”. De estas afirmaciones teológicas, se desprende la comprensión de la igualdad en la dignidad de personas y la libertad, un tema controversial durante los primeros años del cristianismo, pues por un lado los judíos con su orgullo nacionalista despreciaban y excluían a los paganos; y las sociedades romanas justificaban la esclavitud. La propuesta cristiana al vivirla cambió las posturas y estructuras injustas, que negaban el valor de la persona.

Tanto la ciencia, como la filosofía, buscan un conocimiento de la realidad a través de la razón y con sus propios métodos. A la base está la experiencia que se genera en el contacto con lo misterioso de la realidad, ya sea para interpretarla o para descifrarla. Cuando lo humano se vuelve su objeto de estudio, surgen muchas preguntas que giran sobre una cuestión, ¿qué es el hombre?, ¿cómo y de qué está compuesto?, ¿qué le beneficia y que le perjudica en su organismo, en su vida ética y social?, ¿si cambia la sociedad o el entorno cultural, cambia la dignidad humana? etc., El contenido de sus investigaciones son una verdadera riqueza para adentrarse en el misterio humano y ayudan a captar con mayor profundidad las notas esenciales de la grandeza humana. Aunque, lamentablemente, en ocasiones por un sentido utilitario (por dinero o por ideologías) y no estrictamente ético o religioso, se usan estos conocimientos en promover acciones en contra de la humanidad, revistiéndoles de un discurso científico y emotivo, para ganar aprobación.

Curiosamente, vale decir que: con la misma razón que se emplea para la obtención de conocimientos científicos y filosóficos, también se logra creer y vivir desde la fe. De manera, que la ciencia ayuda a entender mejor lo que Dios nos ha dicho a través de la revelación, y esta  auxilia a los hombres de ciencia a corroborar el plan de Dios para la humanidad y a hacer un uso correcto de los conocimientos adquiridos.

Por ello, cuando escucho que las afirmaciones de la fe católica son retrógradas o ignorantes, unilaterales y caprichosas, sólo constato que seguimos fallando en la transmisión del Evangelio a las generaciones actuales. Pues, al desconocer lo fundamental de la fe y las repercusiones que debe tener la fe en la vida, nos limitamos a mantener expresiones religiosas que no brindan de mucho significado a las generaciones actuales, sometidas a tanta volatilidad de ideas, mundos virtuales, individualismos, consumismos y sin utopías.

Junto a todo esto, está la tendencia que conduce a idolatrar al egoísmo, al punto que se vuelve una blasfemia el cuestionar el uso de la libertad con fines egoístas, aun cuando atente contra sí mismo e incluso contra nuestra propia condición natural. En esta cultura relativista, la voz del cristianismo sólo se ignora, pues se considera reprobable que alguien nos interrogue acerca de esas decisiones basadas en el gusto o capricho personal y con actitud despreocupada ante los demás. Se ha creado todo un ambiente en el cual se pone en duda el mensaje cristiano, no sólo por su contenido, sino por la débil humanidad de quien lo da a conocer, es decir, se desprecia el tesoro que se lleva en vasijas de barro. Irónicamente, en lugar de vivir según la riqueza del contenido de la fe, se idolatra la debilidad pecaminosa de quien la lleva.

Ante este escenario, considero que hay dos clases de posturas, los que por una parte, saben perfectamente bien qué es el cristianismo, cuáles son sus fundamentos bíblicos y teológicos, su reflexión científica y filosófica sobre el hombre y sus expresiones culturales; la misión de la Iglesia en el mundo, como la construcción del Reino de Dios se realiza a través de la evangelización que busca dignificar al ser humano y mostrarle la verdad de Cristo. Lamentablemente, el que lo sepan, no los hace discípulos del Señor, pues la comprensión de Dios, del mundo y del hombre se opone a sus intereses financieros, les limitan para poder lucrar con el ser humano y disponer de los recursos naturales, sin tener que sentirse obligados a dar cuentas de ello.

Por otra parte, están aquellos que conocen una versión del cristianismo, pero a través de los no creyentes, generalmente, por medio de discursos de odio, de culpabilización, de posicionamientos reduccionistas, incentivando la duda y difundiendo una caricaturización de la fe. Tristemente, estas voces adquieren peso cuando manifestamos en nuestra vida actitudes contrarias al sentido de la fe que decimos profesar.

Sin embargo, con toda humildad y honestidad se debe dejar en claro que todas las ideas anti-cristianas que están inmersas en el mundo, se han popularizado y estructurado, no porque el cristianismo este superado o porque esté equivocado en sus contenidos, y ya no tenga nada que aportar al hombre de hoy. Pues, la naturaleza humana sigue siendo la misma, aunque cambie el contexto social. Más bien, el descrédito del cristianismo es en razón de la actitud ambigua y conformista de los que nos decimos católicos. La falta de una sólida formación en la fe nos ha llevado a mantener una pastoral evangelizadora de mantenimiento de estructuras, que se encuadra en estrictos formulismos y tradiciones, que no siempre alimentan la fe, ni comprometen en la vida. No es extraño escuchar a muchos católicos que promueven y defienden ideas como si fueran genuinamente cristianas. Nos toca a nosotros comprometernos con una respuesta de vida que aspire a la santidad y confronte desde el amor a quienes descartan la fe católica como algo obsoleto y sin respuesta.

bartyteen@hotmail.com

 

30Jun/16

Educación Sexual y el Estado Mexicano

 Por Pbro. Carlos Mario Jiménez Vargas

El sentido original de la acción educativa consiste en desarrollar integral y armónicamente las capacidades de cada ser humano, cuya finalidad sería enriquecer a través de virtudes humanas y religiosas la propia persona, el mundo y a los demás. Ante este ideal, la realidad se muestra con otras tendencias, por ejemplo en la mentalidad de la mayoría de los mexicanos, la educación es asumida como aquella instrucción/capacitación que servirá para asegurar un sustento digno o garantizar un alto poder adquisitivo que permita acceder a un estado de confort y bienestar.

Esta postura tan reduccionista es promovida por nuestro sistema educativo público e incentivada por los grandes mercados, creando un binomio de sometimiento cultural, pues la educación escolarizada se enfoca a la capacitación e instrucción en los usos de nuevas tecnologías y procesos de producción  basados en el rendimiento y la eficacia, para satisfacer las demandas del inconsciente mercado consumista. El beneficio de la educación ya no es para el sujeto que estudia, sino para el mercado que produce e impone estilos de vida ajenos a las costumbres de nuestras propias raíces culturales.

Este maridaje de educación escolarizada y mercado tiene su explicación en el sistema filosófico llamado Positivismo, el cual propone los dogmas de la ciencia como la única y exclusiva manera de interpretar el mundo, reduciendo el discurso humanista-religioso al ámbito privado, por ser un discurso no demostrable científicamente, cargados de prejuicios y con un lenguaje mítico. De ahí, la justificación de una educación escolarizada laica, es decir, que en el proceso cognoscitivo del hombre la religión y sus criterios no intervengan, pues la moral y los dogmas religiosos sólo restringen el conocimiento y el dominio técnico de la naturaleza. Esta postura propicia una visión reduccionista del ser humano y su manera de constituirse en sociedad.

Esta postura justifica una visión del ser humano materialista, es decir, el hombre es solo una especie más entre otras que habita en este mundo, por tanto, desposeído de una realidad espiritual, negado a su vocación hacia la trascendencia, hace de su materialidad y finitud su único universo y se motiva a sí mismo con una visión secular de la vida, es decir, adecúo en una constitución civil los valores y leyes que propone una moral religiosa, pero sin Dios. Según esta visión, el Estado ha de ocuparse del hombre como una especie viviente, sin prejuicios morales, ni religiosos. Basta con que se le garanticen sus derechos (que pueden modificarse por gusto o interés) y que cumpla con sus deberes regidos por una constitución.

Aparentemente, este positivismo laicista puede engranar muy bien en un país o sociedad atea, pero en una nación como la nuestra, en donde más del 70 % de los ciudadanos se declara confesionalmente católico, se generan conflictos en los individuos que poseen una consciencia ciudadana y una conciencia moral-religiosa, y que irónicamente utilizan la misma razón para captar las bondades de las leyes constitucionales y las bondades de las leyes religiosas.

Es cuestionante para un sistema político y educativo que no respete las convicciones religiosas, que motivan a los miembros de nuestra sociedad que confiesan una fe a cumplir las leyes civiles, pero que irónicamente el Estado legisle en contra de los principios religiosos de sus ciudadanos.

Este es el caso de las reformas educativas en materia de sexualidad, en donde el Estado, a través del sistema educativo escolarizado, pretende asumir la educación sobre los derechos sexuales de los niños, bajo sanción penal de quienes intenten oponerse. Como sabemos, para la ideología de género la sexualidad es una decisión personal, cada quien debe tener el derecho de decidir ser masculino o femenino. La anatomía y funcionamiento del cuerpo del hombre o de la mujer, es solo accidental, lo importante es lo que uno decida ser sexualmente. Dado el caso me salta la pregunta: la ideología de género qué pretende hacer ¿ilustrar, inducir e imponer su comprensión de sexualidad desde temprana edad? ¿Es esta la mejor visión, la que necesita la sociedad en este momento o a futuro? Será que ya no da más la visión cristiana del hombre y su sexualidad como regalo de Dios, que brinda una identidad masculina o femenina y que se vive como una fuerza integradora de todas sus dimensiones humanas (genital, emocional, racional, social, espiritual.) fundamentada en un plan divino que pretende la complementariedad integradora de la pareja, así como la apertura, cuidado y respeto a la vida.

Ahora, si el cometido es modelar una sociedad en donde se respeten a las personas con otras inclinaciones sexuales ¿la incursión de esta ideología en el sistema educativo es el único y mejor remedio con el que se cuenta? ¿con ilustrar plásticamente el uso de la genitalidad, los modelos de familia homosexual y lésbico, advertir de las enfermedades venéreas y los embarazos prematuros, sugerir los métodos de anti-concepción y la práctica del aborto es más que suficiente para garantizar el derecho sexual de los niños? ¿Es válido someter a este experimento social a la niñez mexicana? Y si algo sale mal, ¿quién asumirá la responsabilidad y restituirá los daños al tejido social? ¿En qué se fundamentan para estar seguros que es un bien a la sociedad mexicana? ¿Acaso en la auto-referencia de su propia constitución? ¿Se pretende incentivar el mercado farmacéutico vendiendo desde temprana edad más anticonceptivos, más medicinas para tratamiento de enfermedades venéreas, más clínicas abortivas? ¿Servirá como mecanismo para el control de la natalidad?

Es lamentable que la soberanía de nuestra nación se vea pisoteada por el servilismo de nuestras autoridades ante la agenda internacional de la ideología de género.

Además, resulta ofensivo para la ciudadanía que el sistema educativo escolarizado este más interesado en implantar la enseñanza de la ideología de género, que en enseñar a leer y escribir bien a los alumnos de primaria, en trabajar para evitar la deserción escolar, en combatir el trabajo infantil, en educar en lo cívico y lo cultural, en garantizar mayor infraestructura y cobertura en los medios educativos. El Estado y el sistema educativo escolarizado, debería de mostrar más interés en generar fuentes de trabajo, para los estudiantes egresados de las universidades, incentivar proyectos en donde el destino del país esté en manos de gente educada y preparada y no de corruptos y oportunistas. Si tanto le preocupa al Estado mexicano la infancia, que esté más atento a los delitos en donde se involucran menores de edad: prostitución y pornografía infantil, pederastia, esclavitud laboral, rezago educativo, precaria o nula alimentación, reclutamiento de las bandas del crimen organizado, la drogadicción, etc.

El Estado laico se ha de replantear desde sus orígenes, ser árbitro entre las diferentes visiones religiosas e instituciones, para garantizar el respeto y las obligaciones a todas las expresiones religiosas y no religiosas que integran una sociedad. Que delimite bien sus funciones, pues si a las religiones no les toca gobernar y en eso cumplimos, que al Estado laico no le toque moralizar a la sociedad a la que sirve. Creo que en la esfera social de nuestro país, la voz de la visión cristiana no puede seguir siendo ignorada, pues somos actores sociales que trabajamos por un México más digno, en los distintos ámbitos de nuestra realidad: salud, educación, migrantes, familias, juventud, etc., el Estado laico debe de superar sus prejuicios ilustrados, ponerse al servicio de la sociedad y trabajar en conjunto las distintas instituciones religiosas para sacar el país adelante.

bartyteen@hotmail.com

07Jun/16

Ideología de género ¿a favor de la familia y la persona humana?

Por Pbro. Carlos Mario Jiménez Vargas

A propósito de la polémica suscitada recientemente, por la propuesta del presidente a favor de los llamados “matrimonios gay” y su derecho a la adopción. Vale la pena preguntarse algunos puntos en torno a esta discusión.

Vivimos en un mundo en donde las instituciones internacionales buscan legitimar su identidad avalando y promoviendo a personas con distintos tipos de preferencias sexuales, pero olvida a las personas que por sus creencias sufren a manos de la guerra provocada por intereses económicos.

¿Cuáles son las motivaciones de la ideología de género? Ser hombre o mujer es el resultado de una construcción social. Cada individuo tiene la posibilidad de decidir que ser hombre o mujer. La cultura gay habla de proponer un sincero reconocimiento y trato igualitario sus personas, por el hecho de tener una preferencia sexual distinta, por tal motivo no han de ser discriminados por ningún sector de la sociedad. Además, este reconocimiento ha de estar impulsado por la tendencia ideológica de rescatar, valorar y distinguir a las minorías ante un mundo cada vez más globalizado y ser amparado por el marco legal, al punto de garantizar un reconocimiento jurídico a las conocidas uniones entre personas del mismo sexo, homologándolas en el mismo rango de matrimonios tradicional, junto con la posibilidad de adoptar hijos.

Aparentemente, esta propuesta tan incluyente y respaldada en el derecho civil es tenida como un avance en la nueva cultura de la inclusión, sin discriminación, ni homofobias. Sin embargo, ¿qué hay detrás de esta bandera que se presenta como cultura gay, es un fin en sí mismo o es un medio? ¿Es un movimiento social e ideológico que busca representar a las personas que viven una inclinación sexual distinta a la natural o utilizarlas para otros fines? ¿Son genuinas las motivaciones de la cultura gay o hay otro tipo de motivaciones? ¿La cultura gay busca dignificar al ser humano o degradarlo? ¿En un mundo tan mercantilizado en donde todo cuesta, vale preguntarse quién patrocina estas campañas mundiales y para qué? ¿La identidad de la familia se verá afectada? ¿Qué le espera a la sociedad cuando se vea modificado el concepto de familia sobre el cual se han construido nuestras culturas?

Personalmente no tengo todas las respuestas, pero a juzgar por sus contenidos y desarrollo se puede decir algo.

Primeramente, hay una gran dificultad para dialogar con la cultura gay, pues manifestarse críticamente contrario o en desacuerdo es ganarse el título de homofóbico. El único diálogo es asumir la propaganda de género y guardar silencio si se está en desacuerdo. Una visión diferente es atentar contra su integridad.

En segundo, pareciera que hay jugosos incentivos económicos, pues en nuestro país cada vez más empobrecido por causa de la corrupción política y ciudadana, la necesidad de dinero lleva a pactar acuerdos desfavorables para la economía del país, pero  muy propicios para empresas y empresarios nacionales e internacionales. Y con cierta sospecha, pareciera que las propuestas legislativas a nuestra constitución, en favor de los objetivos de la ideología de género, como lo son: el aborto, los matrimonios igualitarios y la adopción de niños por parejas homosexuales, son presentados y encausados con gran celeridad. Cuando en realidad hay temas más urgentes que deben atenderse por la vía legal y que no se le dan tanta importancia. Si esta sospecha, se vuelve certeza, entonces la ciudadanía mexicana sufrirá un doble golpe: primero, porque la corrupción no permitirá que el beneficio económico dado por los patrocinadores de la cultura de género llegue a los 40 millones de mexicanos en extrema pobreza, y en segundo, por la pobreza moral que genera la promoción y respaldo de la cultura de género, pues de haber consecuencias en un futuro será tarde para resarcir el daño y asumir consecuencias.

Tercero, la ideología de género no parece una propuesta espontánea y sin recursos económicos. Las grandes empresas saben que para poder vender hay que pagar publicidad, lo que no se anuncia, no se compra. Curiosamente, hay cosas que no necesitan anunciarse porque los consumidores no necesitan publicidad, por ejemplo, se anuncian a las gasolineras, pero no la gasolina. La familia no necesita anunciarse, porque su necesidad y bondad para la sociedad quedan explícitamente al descubierto, en cambio las uniones de personas del mismo sexo y su posibilidad de adopción, necesitan toda la publicidad para ponerse en la mente de las sociedades, para ello se hace uso de los Medios de Comunicación Masiva: películas, música, artículos, etc., me cuesta trabajo pensar que los dueños de las empresas más lucrativas hoy en día, como lo son los representantes del entretenimiento y la diversión, les regalen espacios por puro amor a la causa, por la sencilla razón de que no lo hacen con tanto esmero por otras causas.

Cuarto, la ideología de género es un fin o es un medio. Si analizamos el recorrido histórico de los últimos cambios sociales descubrimos temas tópicos como: feminismo, libertad sexual, matrimonio civil no a lo religioso, divorcio, familia monoparental (madres solteras), control natal, aborto, homosexualidad, fecundación in vitro, vientres de alquiler, uniones legales del mismo sexo, adopción legal para parejas del mismo sexo. ¿Qué filia seguirá? En todo hay una constante, se ve comprometida la comprensión de la imagen tradicional de familia, la cual se funda en la alianza cívico-religiosa establecida entre un hombre y una mujer, en apertura responsable a la procreación natural de los hijos. Al entrar en crisis la familia, se genera una crisis en la sociedad. Por tanto, personalmente, considero que la ideología de género es un derrotero al servicio de la descristianización de las sociedades y de la comprensión naturalista del ser humano, con el fin de construirlo al servicio de otros órdenes, que no necesariamente estarían a favor del ser humano, a juzgar por su manera de construir su legado cultural.

Finalmente, antes de ser acusado como homofóbico, me interesa decir lo siguiente: el homofóbico es quien discrimina a una persona por sus preferencias sexuales, una forma concreta de discriminación es no ser reconocido en su dignidad humana “que no se resume a su preferencia sexual”. Preguntémonos con seriedad ¿quiénes serán los verdaderos homofóbico, aquellos que para imponer ideologías políticas, utiliza a la persona homosexual, por su condición de homosexual y le enganchan con la idea de que su sufrimiento es porque la sociedad no los comprende? O de quienes velan por la comprensión y respeto según una visión integral de la dignidad de toda persona. Bajo la visión cristiana, una persona homosexual es vista desde su dignidad de persona integral, invitada a vivir su sentido de fe y compromiso moral.

bartyteen@hotmail.com

*Párroco del templo Madre

del Redentor en Hermosillo

20May/16

¿Dignidad humana Vs Derechos humanos?

Por Pbro. Carlos Mario Jiménez Vargas

Hoy en día, como sociedad enfrentamos el reto de comprender qué es la dignidad humana, sobre todo cuando estamos siendo acosados por estratégicas campañas cuyo objetivo es relativizar la comprensión de lo que entendemos como dignidad humana; así mismo, cada vez se va viendo distorsionada la capacidad de diferenciar la identidad y relación que hay entre las cosas, la naturaleza y las personas mismas.

Se populariza la idea de que el hombre no es la cúspide de la creación, no ha sido puesto como el ser más perfecto, quien por estar dotado de inteligencia tiene el derecho de ordenar y disponer del resto de la creación. Si en un tiempo, la inteligencia humana fue considerada como aquel elemento que le daba una distinción de favor y confianza divina; esto, por poseer en su propia naturaleza una capacidad superior a los demás seres existentes en el mundo y solo a un grado de inferioridad de la divinidad. Irónicamente, hoy en día su razón es la causa de su misma condenación. El hombre es acusado de usar su inteligencia para desaparecer especies animales y vegetales, hacer guerras que contaminan el mundo y destruyen vidas humanas, etc. Por tanto, no existe tal superioridad en el ser humano, nos hemos vuelto despreciables para nosotros mismos, hay una imagen decepcionante de la condición humana, en una mirada a corto plazo lo único que queda es subordinar nuestra vida al rescate y cuidado de la vida en el mundo.

Ante este escenario descrito, vale la pena recordar que la argumentación de la dignidad humana, no radica ni en el conocimiento obtenido por la razón, ni por lo que un individuo o una sociedad decidan con su libertad. Pues una persona es digna en sí misma, por el hecho de ser persona. Su dignidad humana no le es dada a través de un proceso o trámite, a ningún grupo humano, político o ideológico le ha sido conferida la autoridad para administrar la dignidad humana, tampoco se adquiere en una proceso de compra-venta, ni depende que sea alcanzada por una simple antipatía o simpatía al modo de rating en un talk show. Por tanto, la dignidad humana solo se reconoce, es decir, se declarar que el valor de la persona está en el hecho de que es persona y no, otra cosa o especie viviente. Su valor no está sometido al consenso de un grupo, a la funcionalidad del sujeto, a la productividad laboral, ni en la estratificación social en razón de su estatus, credo político o religioso, tampoco de que sea saludable o enfermizo, etc., el ser humano es digno desde el momento en que ha sido concebido y está en la etapa de embrión, hasta el último momento de su vida. Todo ser humano es digno.

Ahora surge una inquietud, ¿cómo se hace valer la dignidad humana? ¿Quién puede garantizarnos que el respeto y valor por la condición humana se observe y no sea violentada, ignorada o mediatizada por ningún otro ser humano?

Hay dos caminos perfectamente identificados, por un parte, está el sentido religioso, específicamente desde el cristianismo, se nos ha revelado que el ser humano ha sido creado a imagen y semejanza de Dios. (Gn 1,26); al hombre, como creación predilecta, le ha sido otorgada toda autoridad sobre la creación: ¿Quién es el hombre para que te acuerdes de él? Lo coronaste de gloria y dignidad, todo lo pusiste bajo sus pies. (Salmo 8). Dios Hijo, se ha encarnado en la persona de Jesús de Nazaret y con ello, ha elevado la condición humana a la condición divina. Nuestra dignidad no radica en ser criaturas naturales dotadas de capacidades especiales, sino en el ser hijos de Dios. Jesús en la oración del Padrenuestro nos he dejado en claro que somos hijos de un mismo Padre y hermanos entre sí. (Mt 6, 5-15). De esta manera, comprendiendo que todos hemos sido creados por el mismo Dios, que en Él encontramos sentido a la vida y plenitud tras la muerte. Somos la familia humana que debe de ayudarse, sostenerse y acompañarse durante el peregrinar de la vida. Así, se hace claro el compromiso de vivir una fe en Dios, no por miedo a un castigo, sino en el amor que a través de los mandamientos reconoce al prójimo como hermano y obra de Dios; y por tanto, se esfuerza por construir la paz y la justicia para todos.

Por otra parte, las personas que son de otras denominaciones religiosas o que no profesan ninguna fe, asumen el valor y la centralidad de la dignidad humana, como la plataforma sobre la cual ha de construirse toda civilización. Para garantía de ello, se reconocen derechos humanos inspirados en la ley natural, además se formulan leyes que garanticen el respeto y valor de la dignidad humana, en todas las etapas y circunstancias del ser humano. Se han logrado redactar minuciosas constituciones y hasta tratados/acuerdos internacionales, como el de Versalles y la ONU, basados en el derecho positivo que garanticen la convivencia pacífica entre los pueblos y naciones.

Irónicamente, en el afán de salvaguardar los derechos y las garantías individuales de cada persona y minorías, se han consensuado leyes y acuerdos justificando la inclusión y el derecho de cada individuo, pero que no necesariamente están a favor de la dignidad humana, algunas de ellas atentan contra el sentido de la ley natural, de la vivencia pacífica entre los pueblos y en la sociedad. Por ejemplo: el aborto, la eutanasia, la inseminación artificial, los actos homosexuales, el mercado que produce más de lo que se consume, impactando los costos en la naturaleza, la aplicación de los derechos humanos, que están para garantizar el que no sean atropellada la dignidad de ningún ser humano, se ha viciado, al punto de ser la garantía exclusiva de los grupos delictivos para evadir la responsabilidad de sus crímenes y excluyente, porque tiene más ventajas el victimario que la víctima, provocando malestar social, descrédito en la impartición de justicia, etc. Al invocar la ley natural como criterio básico en el sostenimiento y desarrollo de la familia humana, se tacha de retrógrada y fóbico, hay una descalificación inmediata. Se olvida que la expresión del espíritu humano, que es la cultura, no siempre se mide en progreso o retroceso, que aun cuando haya múltiples manifestaciones en las distintas culturas, como costumbres de vida y formas de organizar la convivencia humana, la base natural del ser humano sigue siendo la misma, de tal manera, que quien aprueba  que es posible que la realidad cambie, por el simple hecho de nombrarla de manera distinta, se expone a ser víctima de un engaño y sufrir las consecuencias. La naturaleza humana no cambia, aunque la justifiquemos con grandes discursos o leyes muy consensuadas, por ejemplo: el que la ley ampare como un derecho humano el que una persona se pueda drogar o una mujer se practique un aborto sin penalidad, no por eso deja de generar efectos en la salud de quien consume drogas, ni tampoco deja de cometerse un asesinato. Pues como dice el refrán: aunque a la mona la vistan de seda, mona se queda.

La Doctrina Social Cristiana tiene como tarea principal trabajar por el reconocimiento y la promoción de la dignidad humana, a través de leyes religiosas y positivas, para construir una sociedad nueva, que sitúe al hombre en su justo valor y supere los niveles de barbarismos que día a día presenciamos. Tomar consciencia de nuestra dignidad de hijos de Dios nos lleva a comprometernos con nuestro prójimo, a respetarlos y promoverlos en base a su dignidad humana.

bartyteen@hotmail.com

 

17Mar/16

Dignidad humana e igualdad

Por Isbaal Varela

El pasado 10 de marzo se conmemoro el Día Internacional de la Mujer. Redes sociales y campañas que promueven la dignidad de la mujer se hicieron notar en cada estado y país. Con imágenes y comentarios artistas, periodistas, pensadores y líderes políticos apoyaron la igualdad y el reconocimiento al género femenino.

La mujer tiene un gran papel en nuestra sociedad, es parte fundamental de ella. En cada trabajo, grupo civil o religioso podemos ver el gran desarrollo y aportaciones que el sexo femenino ha hecho y, con frecuencia, su huella silenciosa que deja su paso por la historia.  De no haber sido por la mujer ninguno de nosotros existiéramos. De una mujer salimos a ella le debemos muchos de nosotros, nuestra educación, nuestros modales, cuidados en enfermedades. etc. Sin embargo, quisiera reflexionar un poco sobre estas campañas que se hacen a favor de la igualdad de género.

La igualdad proclama el trato idéntico de todas las personas, al margen de raza, sexo, religión, clase social, etc. Tiene su base en los derechos humanos y por lo tanto en la propia condición específica e inviolable de la que participamos cada persona. Pero, con frecuencia los discursos de críticos, políticos y protagonistas sociales, es “todos tenemos las mismas capacidades, todos tenemos los mismos derechos, por lo tanto.todos deberíamos tener las mismas oportunidades y es nuestro deber promover la igualdad de género en todos los ambientes de la sociedad”. Pero ¿Qué tan cierto es esto? ¿Qué tan justo? ¿Qué tan manipulable para aquellos que desean servirse de esto?

La realidad es que pese a lo que dicen algunas organizaciones, incluso internacionales, de que el género lo impone la sociedad, esto no es del todo cierto. Nacemos “limitados” por nuestro sexo, y eso es más que ponerle un gorrito rosa o azul a nuestro bebe. Nacemos con una sexualidad que potencia nuestro desarrollo humano. Mujeres y hombres crecen y se desarrollan de diferente forma: biológica, psicológica y socialmente. Nuestra propia biología lo demanda, el hombre tiene una función específica en la reproducción y la mujer también. El cómo educar a sus hijos, el quienes se harán cargo de una u otra cosa pueden decidirlos los padres, pero no pueden decidir sobre el desarrollo biológico, aunque ellos interfieran en su desarrollo psicológico lo cierto es que él viene determinado por su fisiología y alguna forma es parcialmente determinante. Si los padres deciden violentar este proceso, como algunos lo han hecho, están atentando contra la individualidad y la dignidad del propio hijo, solo por realizar un capricho suyo.

Ninguno de nosotros tenemos las mismas capacidades, aunque todos gocemos de todos nuestros miembros, de intelecto y libertad. No tenemos las mismas capacidades, y no tiene por qué ser así.  Existen jóvenes excelentes en lo académico, arte, deporte, informática, etc. Y todas esas atribuciones son parte de su desarrollo personal. Es parte de nuestra personalidad y de nuestro sello particular como personas. ¿Por qué querer ser iguales si nuestras diferencias son una riqueza? Además nos complementan.

Tampoco no tenemos los mismos derechos, la mujer tiene un blindaje social que debemos proteger. El apoyo a madres solteras, en cuanto al cuidado de la maternidad y del cuidado de sus hijos es fundamental para la sociedad y esto es más que igualdad, es un trato digno al ser humano que representa.

Una persona que tiene alguna discapacidad tiene también derecho al trabajo y la integración social hasta donde sus capacidades lo permiten, pero esto lo hace acreedor de derechos que una persona “normal” no goza. Y no está mal.  Se debe tratar conforme a su naturaleza humana, con forme a su dignidad.

Todo esto es con el fin de hacer ver la que no todos tenemos, ni debemos tener los mismos derechos. Efectivamente, todos somos poseedores de dignidad y nadie puede ni debe pasar sobre ella, para eso es importante los derechos humanos. Sin embargo, más que utilizar la igualdad como luces y reflectores para un buen discurso público, creo que se debe promover la dignidad de cada persona desde lo que es en sí y no en comparación con sus semejantes.

Tanto mujeres y hombres tenemos el derecho de que se nos trate conforme a nuestra naturaleza, creencias, potenciales y limitaciones, para muchos esto es más parecido a la igualdad que la que algunos grupos sociales promueven.

 

isbaalvg@hotmail.com

08Mar/16

Opinión y verdad

Por Pbro. Carlos Mario Jiménez Vargas*

En las últimas décadas el interés por la verdad ha sido desplazado por el valor de la opinión. Sin duda, han influido los cambios hechos en los modelos educativos, que han dejado de impulsar las ciencias humanas y han privilegiado las de corte científicas y técnicas (pues responden más a las necesidades de los mercados que al desarrollo de las personas). Ello crea un desinterés e indisposición para emprender la búsqueda por la verdad. Esta es suplida por una mentalidad pragmática, utilitaria y exclusiva del interés o gusto de cada sujeto. Los criterios de verdad piden que esta sea objetiva, universal/general e inmutable lamentablemente al carecer de una estructura teórica de corte humanista, se vuelve complicado y se renuncia con facilidad al esfuerzo por determinar qué es la verdad. Para superar la decepción de un escepticismo y responder a la necesidad del hombre por la verdad, se emplea la opinión como un criterio de uso. La opinión a diferencia de la verdad, se caracteriza por ser subjetiva, parcial y modificable.

Ciertamente, todos tenemos derecho a tener una opinión, es decir, a una cierta manera de apreciar y dar sentido a las acciones humanas, a las cosas y a la interpretación de las circunstancias. Sin embargo, cuando una persona quiere establecer su opinión a un rango de verdad objetiva y universal, es cuando se da pie a los totalitarismos, las tiranías, a las imposiciones de criterios basados en el gusto y la comodidad, y no, por ejemplo, en un principio de verdad universal como el bien común, el valor y respeto de la dignidad humana, etc. Por tanto, la opinión tiene su valor, pero también sus límites.

Resultaría interesante analizar cómo, hasta hace pocos años, muchos de los criterios de verdad que regían los comportamientos y las expectativas de vida de las personas en sociedad se han ido modificando. Evidentemente, esto no se explica ni por la teoría espontánea, ni por el azar, sino por la influencia que ejercen los líderes de opinión y por personajes que se vuelven o los hacen tendencias para modificar criterios y manipular conductas. Por la falta de una educación crítica se enfrenta el peligro de hacer de la opinión de otros, nuestra propia opinión y que luego de un tiempo la defenderemos como propia convicción.

Entre algunos de los mecanismos para hacer de una opinión un supuesto criterio de verdad están: la ideología del relativismo, al afirmar convencidos que cada cabeza es un mundo, nunca podremos ponernos de acuerdo para alcanzar descubrir la verdad. El error está en tomar por verdad la opinión, las cuales pueden estar contrapuestas, porque son apreciaciones subjetivas, en cambio la verdad tiene validez en sí misma y no por el sujeto que la enuncia. Otro mecanismo sería, la autoridad de los medios, es decir, si sale en la televisión, si queda impreso en un titular o encabezado, si lo afirma un conductor, locutor, personaje del medio artístico o deportivo, aquello que dice es infaliblemente incuestionable, así como lo dijo o lo mostró en el medio informativo es verdad. Consiste en valerse de la confiabilidad de un medio para generalizar una opinión. Una herramienta más de este mecanismo es la persuasión engañosa, se le hace sentir bien al auditorio y se le promete una experiencia de bienestar y así, cuando la persona adormece su espíritu crítico, es expuesta a información sesgada, es fácil forzar fechas, personajes, acontecimientos para que concuerden con lo que se desea persuadir. Así, se iniciar el proceso de aceptación y confiabilidad, ya que las mentalidades no cambian de la noche a la mañana, es toda una operación gradual y progresiva.  Finalmente, se invocan verdades a medias, para que una opinión tenga niveles de aprobación debe de gozar de afirmaciones razonables, aun y cuando la intensión no sea del todo transparente.

 

Resulta complicado cuando la opinión de unos cuantos personajes (que puede estar influenciada por ideologías, intereses económicos o egoístas), goza de la simpatía o participan en las estructuras políticas, jurídicas y religiosas, puedan sin un criterio de verdad y de justicia, promover sus propias opiniones o las de otros, las cuales no garanticen el respeto a las personas y a las sociedades, que olviden la importancia del bien común y la paz. Como cristianos debemos fomentar entre nosotros un espíritu crítico ante una realidad construida en base a opiniones marcadas por ideologías anti-evangélicas, buscar-conocer-enseñar a Aquel que es la Verdad para construir una sociedad mejor a la que tenemos.

 

bartyteen@hotmail.com

*Párroco en María, Madre del Redentor

08Mar/16

Felicidad, tarea interior

Por Isbaal Varela

En la actualidad, la felicidad es un término que utilizamos frecuentemente. Todos deseamos ser felices, todos buscamos la felicidad. Hay un sin fin de cursos sobre la felicidad, CD’s a la venta que hablan y enseñan cómo ser feliz, conferencias de expertos en programación neuro-lingüística que hablan sobre la felicidad. Pero, ¿qué es la felicidad? En la filosofía aristotélica encontramos que la felicidad es aquel bien que elegimos por sí mismo y no por otra cosa, y que los honores, la virtud, etc., los elegimos a causa de la felicidad, “pues pensamos que gracias a ellos seremos felices”.

Pero, ¿cómo entender esto? ¿Acaso la felicidad es una utopía? ¿Será solamente aquel deseo que buscaré durante toda mi vida y que, si bien me va, lograré alcanzar en la plenitud de mis años?

¡Por supuesto que no! La felicidad es un valor que debemos vivir día con día, es una actitud que debemos fortalecer siempre, es un estilo de vida, un camino que debemos recorrer rumbo a la plenitud de nuestra persona. Todos deseamos ser felices, es en definitiva una búsqueda, y es una búsqueda interior.

Con frecuencia, y lo hemos mencionado en artículos anteriores, confundimos la felicidad con un estado de ánimo, con un sentimiento, como lo es la tristeza o la alegría. “Mi felicidad está en la medida de lo alegre que me siento”. Una idea completamente errónea. Algunos de nosotros hemos pasado por “baches en nuestra vida”, por “desiertos espirituales” o “crisis existenciales”, que a menudo pueden sofocar nuestra alegría, pero jamás debemos permitir que trunquen nuestro deseo de felicidad.

Nos conformamos con el mercado barato de felicidad que el mundo en el que vivimos nos ofrece. El mundo inmediatista, hedonista y consumista en el que vivimos nos ofrece alegrías baratas y vacías que se disfrazan de felicidad. El sexo, el dinero sin más objeto que el poseer y gastar para el placer propio, el éxito a costa de la dignidad de otros o la propia, son parte de las ofertas del mundo actual. El cascarón vacío y podrido de una sociedad de la apariencia donde todos fingen tras las marcas, los casinos, el alcohol, puestos políticos sin fines éticos, puestos empresariales que explotan a sus empleados con el fin de tener más. No son más que caretas que ante la sociedad quizá puedan aparentar felicidad, pero que cuando “las luces del escenario social” se apagan se truncan en vacíos existenciales.

La felicidad siempre está en aquello que más que placer nos da una satisfacción espiritual, que más que darnos alegría nos da plenitud, que más que brindarnos carcajadas nos llena de sonrisas, sonrisas que se contagian y hacen de este un mundo mejor.

 

¿Cómo llegar a esto?

El primer problema es cuando ponemos nuestra felicidad en bienes o cosas externas a nosotros. Cuando convertimos nuestros medios en fines. “cuando tenga dinero”, “cuando tenga la casa que quiero”, “cuando tenga el carro que tanto he anhelado” “cuando termine mi doctorado”.     Lamentablemente, nos educaron en un sistema social consumista, algunos padres se esfuerzan por enseñarle a sus hijos que deben de tener una carrera, un buen trabajo, ganar mucho dinero para tener una vida cómoda y sin preocupaciones y entonces serán felices”. Pobres jóvenes, pasan 30 años de su vida buscando ser felices, sin saber que pudieron serlo durante todo ese tiempo. Ciertamente, el dinero condiciona nuestra vida, necesitamos subsistir, es necesario contar con comida, vestido, casa; sin embargo, todos ellos son siempre medios y jamás fines.

Otro problema es cuando ponemos nuestra felicidad en personas. “cuando tenga hijos”, “cuando la persona que quiero me haga caso”, “cuando mi hijo regrese a la casa”. Nuestra felicidad no puede estar basada en otros seres humanos. Las personas no son medios para nuestra felicidad, son fines. Debemos tratarlas con dignidad y con el respeto que se merecen, no debemos ponerle sobre sus hombros la cruz pesada de nuestra felicidad. La felicidad es un trabajo personal, en el cual nosotros debemos trabajar día con día, donde debemos nosotros sobreponernos a la cultura consumista que nos ofrece felicidades efímeras y actuar con valentía frente aquellas personas que desean hacernos víctimas de su infelicidad. Debemos describirnos y no temerle a “nadar mar a dentro” liberándonos de todos los procesos de co-dependencia que tenemos con cosas o personas. Si verdaderamente queremos ser felices lo primero es trabajar por nuestro autoconocimiento, como voy a buscar aquello que desea lo más profundo de mí, si no me conozco.

Por último, la felicidad es una vocación. Dios nos ha llamado a la vida, y nos ha llamado también a la felicidad. ¡Qué mal agradecidos seríamos si no el respondemos a Dios por todas las bendiciones que nos ha dado! Pensemos un momento. Dios nos ha dado vida, nos ha dado “lo poco o mucho” que tenemos, nuestro deber es responderle con fidelidad aquello que nos ha prestado. Recordemos aquella parábola de los talentos (Mt. 25,14), les partió 5,2,1, talentos según a el dueño según la capacidad de cada uno. Y a cada uno le pidió rendir cuentas por aquello que les confío.     Dios nos pide que seamos fieles, que le respondamos por la vida y las condiciones que nos ha confiado, quizá para algunos sea mucho, quizá para otros sea poco, pero ¡Qué mal agradecidos seremos si llegamos al final de nuestros días justificando nuestra infelicidad por que no tuvimos las condiciones que exigíamos! Será como aquel niño que después de todo un día en Disneylandia le diga a sus papás que no fue feliz porque no pudo pasearse en todos los juegos del parque, y les reprochara y dijera que son malos padres por no comprar todo el parque  solo para él.

Tenemos vida, gracias a Dios. Quizá estamos enfermos, quizá no tenemos todo lo que deseamos, quizá no tenemos con nosotros a aquellos que amamos, pero en nosotros esta disfrutarla vida y ser felices con lo bueno que Dios nos permite, a pesar de la maldad que existe en el mundo, o pasarnos quejando y ser infelices por aquello que no podemos tener.

24Feb/16

La revolución del lenguaje

Por Carlos Mario Jiménez Vargas*

En cierta ocasión escuche a una mujer mayor decir a su nieto: “traime la desta que dejé encima del deste”, y el niño trajo exactamente lo que la abuela le pidió.

El lenguaje humano es una herramienta desarrollada en base a una serie de códigos que permiten una doble función básica en toda persona: por una parte, expresar nuestro universo interior, cargado de necesidades e inquietudes; y por otro, abrirnos a la realidad para conocerla y tratar de dar razón de ella. El lenguaje cumple con la función de ser un puente que conecta nuestra vida interior, con la vida exterior.

A través del lenguaje accedemos a la cultura que nos rodea, aprendemos un idioma, costumbres, gustos, hábitos, normas éticas de comportamiento, un sentido religioso, etc., Se puede afirmar que a través del lenguaje se van aprendiendo los referentes básicos para ordenar la vida. Por tanto, en un primer momento, el lenguaje modela la vida de todo ser humano, pues no sólo son expresiones bajo las formas orales, escritas, señas, signos y símbolos, sino verdaderos contenidos que a lo largo de la vida van configurando nuestros criterios para la toma de decisiones que perfilan nuestra personalidad.

En un segundo momento, tomemos en cuenta que la cultura nos sólo configura al ser humano por medio del lenguaje, también ella es modificada por el lenguaje. El hombre posee la capacidad de cambiar los paradigmas o modelos de vida que se heredan como legado cultural. El lenguaje puede revolucionar estos criterios y estilos de vida de toda una generación o de alguna región del mundo.

Una peligrosa tentación es buscar a través del lenguaje el uniformar la gran diversidad  cultural que se expresa en el mundo, es decir, a través de slogans, conceptos comerciales, criterios ideológicos, se transforman las mentalidades, provocando que las personas se olviden o se avergüencen de sus raíces culturales, asumiendo en su lugar nuevos criterios que se imponen en ocasiones con un lenguaje muy sutil, en otras al mero estilo de “schok”, difusión de criterios ambiguo e imposibles de conciliar en la bastedad de opiniones, frases fascinante que garantizan lo pragmático y hedonista del individuo.

Los efectos de esta revolución en el lenguaje son interesantes de analizarlos. Por ejemplo, en el aspecto de la ética, constatamos la magnitud del relativismo moral. Todos padecemos las consecuencias de este, una sociedad sumida en lo caótico y en la enfermiza lucha por cada uno imponer su criterio de verdad y de conducta, sin embargo, ¿cómo llegó a establecerse este criterio de conducta en las consciencias de las personas? Definitivamente, no fue a través de un discurso claro y autoritario, que inmediatamente hubiera generado repudio y confrontación, sino a través de un lenguaje sutil, fascinante, ambiguo, con marcados toques emotivos. Como resultado, muchos criterios y costumbres que el discurso ético fue descubriendo a través de la reflexión y la síntesis de criterios, para evitar el mal y procurar el bien en el hombre y la sociedad, han quedado en entre dicho. Incluso, no solo la finalidad de la ética, sino los propios criterios de bien y mal, han sido alcanzados por la dictadura del relativismo, ya no importa si una acción es buena o mala, solo que disfrute de la vida cada individuo. El lenguaje relativista permite que lo vulgar, lo contradictorio y la falta de respeto a la dignidad humana se conviertan en los criterios más populares para las decisiones de vida. Con tristeza se constata que el lenguaje relativista lleva a desconfiar de lo bueno y verdadero y a establecer como criterio de interpretación el mal y la duda. El cinismo de presumir la inversión de valores, promover el aborto y la eutanasia y defender a las especies animales; el cambio de significados de las palabras, por ejemplo: amor= sexo; felicidad= dinero, belleza= cuerpo, verdad= opinión.

Como cristianos estamos llamados a también continuar con la revolución del lenguaje que Cristo inició al instaurar su reinado. La Palabra que se ha hecho carne, nos ha comunicado su mensaje divino en un lenguaje humano, para que nos sea comprensible. El lenguaje de Dios es el amor. El cual es simple de comprender y profundo para ahondar. Nos recuerda que el Amor es el lenguaje universal, el cual es capaz de practicar en todo lugar y le es posible comprender a todo ser humano, en él se recrea y se le indica un sentido seguro para su existencia. La tarea del creyente es aprender a amar al prójimo como Dios nos ama. Debemos comunicar el amor de Dios a los demás con un lenguaje sencillo, no reducido a lo conceptual, sino privilegiando nuestro compromiso en la concretización de las obras de misericordia. Aprendamos a expresar la fe a través de nuevos signos y símbolos que den cuenta del amor que tenemos a Dios, mismo que nos mueve a ser mensaje vivo de su presencia en el mundo.

bartyteen@hotmail.com

*Párroco de María Madre del Redentor en Hermosillo.