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08Mar/16

¿Cómo hago para superar esta depresión que me está matando?

Padre Luis, estoy pasando por un momento de depresión muy fuerte, me siento muy sola. Hace unos meses terminé mi noviazgo de 6 años y ha sido muy duro de enfrentar porque teníamos planes de matrimonio. Hace tiempo él consiguió trabajo y yo compré casa, pensando en nuestro futuro. Él era todo para mí, todo lo hacíamos juntos, dependía de él para todo y dejé de frecuentar amistades y realizar actividades propias por dedicarme a él.

Mi comportamiento siempre fue recatado, confié totalmente en él… ahora no sé cómo estar sin él, por dónde empezar, tengo miedo, angustia, tristeza. De hecho intenté una nueva relación y fracasé. Agradeceré su consejo, Dios lo bendiga.

Ana Silvia

 

Estimada Ana Silvia, cada experiencia en la vida es una oportunidad para conocernos y para crecer. En momentos de crisis lo mejor es preguntarse qué podemos aprender de lo sucedido y no tanto enfrascarnos en los porqués o en la búsqueda de culpables.

Mi primer consejo es que no te des por el lado. No tiene provecho darle riendas sueltas a la depresión, pues ésta no es otra cosa que la expresión de nuestra inseguridad o incapacidad para responder maduramente a alguna situación difícil o desconocida. Es cierto que muchas veces la depresión es una enfermedad, también que ésta empieza siendo una simple tristeza o estrés que poco a poco crece. Por eso, dale la contra a tu tristeza. Tú eres dueña de tu tranquilidad y seguridad.

No olvides que gran parte de la solución está en el cambio de perspectiva que des a tu problema. Si tienes una visión pesimista de ti misma, automáticamente tus sentimientos, reacciones y emociones serán pesimistas. Pero si el juicio que haces de tu problema es optimista y esperanzador, entonces el temor comienza a caer por su propio peso. Date la oportunidad de juzgarte bien y de juzgar lo sucedido como una gran oportunidad de crecer.

Te recomiendo aceptes humildemente que estabas muy apegada a tu novio. Y los apegos siempre acaban con las personas, las apocan, las incapacitan para ser auténticas y libres. Dios nos libre de estar apegados a alguien. Ni siquiera en la relación con Dios deben existir los apegos, sino la libertad y el amor.

En este sentido, te aconsejo superar la idea del amor ‘telenovelesco’, que no pasa de ser un enamoramiento absurdo e infantil. Ese amor es ingenuo y hace que las personas sacrifiquen su identidad, proyectos y esperanzas con el pretexto de entregarse al amado. ¡Eso es una locura!, pues el amor maduro empieza con el respeto a las diferencias y con el crecimiento de la originalidad de cada uno. Por eso, todo ‘amor’ que te pida renunciar a ti misma y a hacerte nada por el otro, no te hará ningún bien; ¡aléjate de eso!

Si ves que todo esto se desencadenó por esa dependencia desequilibrada de tu novio, ¡ya es tiempo de que pienses en ti! Ahora se trata de saber qué es lo que quieres tú para tu vida, qué es lo que necesitas para ser feliz y poder hacer felices a los otros. Es hora de pensar en lo que esperas de tu vida y en cómo llegarás a sentirte plena. Mientras no sepas qué quieres de ti y qué te pide Dios, no podrás amar maduramente a nadie.

Respecto a tu ansiedad y a tu fracaso en la nueva relación que intentaste, estate tranquila. Date tiempo y no intentes arreglar las cosas apresuradamente. Concretamente te recomiendo no entablar otra relación de noviazgo si tu problema es muy reciente. No vaya a ser que vuelvas a buscar tu tranquilidad en otro nuevo apego. No caigas en tus propias trampas sentimentales, piensa inteligentemente. No seas sentimental, sé madura y segura de ti misma.

Por último, acércate más a Dios. Recuerda que donde Él está las cosas salen bien. Sin Dios no vas a entender nada de lo que te ha sucedido. El Señor te va a ayudar a no guardar resentimientos y con ello a liberarte de ese apego tan fuerte. Dios te bendiga.

 Pbro. Luis Alonso Cobácame Rodeles
yosoyluisalonso@hotmail.com

 

 

 

19Feb/16

¿De qué sirve hacer penitencia cuaresmal?

Amigo lector, para responder a esta pregunta que con frecuencia solemos hacernos durante este tiempo de Cuaresma recurrimos a la enseñanza pastoral del finado y muy querido presbítero Pedro Moreno Álvarez, quien con atinada sabiduría nos explicó…

A veces cuando oímos hablar de penitencia, pensamos en aquellos santos del desierto, que en una cueva, junto a una calavera, se daban azotes y pasaban días sin comer. Y, por supuesto, ya nada queremos saber de la penitencia; pero no es eso lo fundamental de esa virtud.

El Concilio Vaticano II tratando de la cuaresma (“Sacrosanctum Concilium No. 109, B) afirma: “…incúlquese a los fieles junto a las consecuencias sociales del pecado, la naturaleza propia de la penitencia, que detesta el pecado en cuanto es ofensa a Dios…” Y más adelante (No. 110): “La penitencia del tiempo cuaresmal no debe ser sólo interna o individual, sino también externa y social”.

En otros tiempos, no lejanos, se hizo mucho hincapié en las obras externas de la penitencia y muchas veces las hubo, pero sin verdadera conversión. Ahora hay un peligro de un subjetivismo: De contentarse con algo meramente interno sin ninguna repercusión en la vida. Algo totalmente contrario a la Escritura, donde vida y fe se encuentran íntimamente unidas.

Así muchos dicen: “El arrepentimiento lo tengo aquí en el corazón y no tengo por qué mostrarlo”.

Juan, el Bautista, el gran profeta de la penitencia, predicaba: “Convertíos porque ha llegado el Reino de los Cielos” (Mt. 3,2). Esa conversión empieza en el corazón  como lo indica la palabra usada por los evangelistas, palabra que significa “cambio de mente”, “cambio de actitud”, pero para un judío, como Juan, un cambio de mente suponía un cambio de conducta que se notaba al exterior.

En San Lucas leemos que los arrepentidos preguntaban a Juan: “¿Qué debemos hacer, pues?” (Lc. 3,10). Y esa es la pregunta de todo arrepentido: ¿Y ahora qué?; porque si está arrepentido sabe que las cosas no deben seguir igual. Pedro predicó  a las multitudes  en Jerusalén, aquel primer pentecostés cristiano, y los que aceptaron su palabra preguntaron: “¿Qué hemos de hacer, hermanos?” (Hech. 2,37). La penitencia que debe nacer del corazón no debe quedarse encerrada en él.

¿Qué debemos hacer, pues? Y Juan respondió a las multitudes: “El que tenga dos túnicas, dé una al que no tiene, y el que tiene alimentos haga lo mismo…  No exijáis más de lo que os está fijado… No hagáis extorsión a nadie ni hagáis denuncias falsas” (vea Lc 3, 11-14).

Que estamos arrepentidos debe verse en que cumplimos bien con nuestro deber, en que somos justos, en que somos responsables de nuestras acciones, pues nuestra irresponsabilidad perjudica a los demás, en que arrojamos muy lejos de nosotros el egoísmo y nos fijamos en las necesidades de los demás. A veces vamos a compartir aún con sacrificio nuestro, con incomodidad de nuestra parte. Por eso el Concilio recuerda que la penitencia debe ser también social.

Ojalá las diversas comunidades de nuestras parroquias organicen actos penitenciales que desemboquen en ayuda a los más necesitados; por ejemplo renunciar a un refresco o a algo que nos gusta y darle el importe para comprar despensa o medicina a los necesitados. Ya veremos la iniciativa de los grupos para una “penitencia – caridad” organizada.

 

Pbro. Pedro Moreno Álvarez

yosoyluisalonso@hotmail.com

 

11Feb/16

¿Qué puedo hacer para vivir una Cuaresma distinta?

Todos los años es igual, cumplo lo de la abstinencia de comer carne los viernes, y cuando terminan los 40 días no siento que crecí espiritualmente. ¿Qué me pueden recomendar para hacer de esta Cuaresma un tiempo de verdadero cambio? 

 Ernesto

 

Qué bueno que tenga ese anhelo de vivir mejor la Cuaresma, sin duda Dios lo puso en su corazón. Es verdad que si nos limitamos a cumplir lo mínimo (abstenernos de comer carne los viernes) no experimentamos realmente el espíritu cuaresmal ni aprovechamos este tiempo para crecer en nuestra vida espiritual.

He aquí algunas sugerencias prácticas:

Pregúntese qué virtud quiere Dios que usted trabaje durante este tiempo y propóngase pasar estos cuarenta días buscando ocasiones para ejercerla. Por ejemplo la paciencia o el perdón o el no hablar mal de otros, en fin, algo que hasta ahora le ha costado trabajo y que, con la ayuda del Señor, puede ir practicando hasta convertirlo en hábito, en una manera de ser. (Ayuda mucho acudir al Sacramento de la Reconciliación o Penitencia para pedir perdón por las veces en que uno falló en ejercer esa virtud, y para pedir gracia para ejercerla de ahora en adelante).

Dedique un ratito cada día a leer la Palabra de Dios (en especial los textos que se proclaman en la Misa del día), a saborearla, a descubrir qué le dice a usted y cómo se aplica a lo que le está sucediendo. Use en su oración lo que leyó; tráigalo a su mente a lo largo del día y platique con el Señor al respecto. Permita que la Palabra se convierta en lámpara para sus pasos.

Propóngase ejercer cada día cuando menos una obra de misericordia. Que no se ponga el sol sin que haya sido un puente a través del cual haya llegado a otros el amor, la bondad, la comprensión, la ternura y la misericordia de Dios.

Si pone en práctica estas cuantas ideas sin duda sentirá que cada día de la Cuaresma se va enriqueciendo su relación con el Señor y llegado el momento, celebrará la Pascua con un corazón renovado, lleno de fe y de esperanza.

 

Comentarios a:
yosoyluisalonso@hotmail.com

 

02Feb/16

¿Es pecado que un hombre viudo se vuelva a casar?

Hace mucho tiempo que mi hermano mayor no le dirige la palabra a mi padre porque después de varios años de viudo se volvió a casar… A raíz de esto mis hermanas y yo casi no lo visitamos y estamos constantemente discutiendo con él pues se la lleva diciendo que mi padre, aún siendo tan viejo, perdió la vergüenza y que está en pecado mortal por haber traicionado la memoria de mi madre… Y como mi hermano es muy cercano a la Iglesia ya nos metió la duda, ¿Es pecado que un hombre viudo se vuelva a casar? ¿Verdad que no? Ya le dijimos que si quiere que lo frecuentemos, él tiene que acercarse primero a la casa de mi padre.

Carmen Blanco

 

Estimada Carmen, no tiene nada de qué preocuparse por la situación de su padre, ni tampoco debe angustiarse por la actitud de su hermano. Ahora le explico el porqué.

Primero debe quedarnos muy claro que el vínculo sacramental del matrimonio queda disuelto con la muerte de alguno de los cónyuges. Esto significa que cuando uno de los dos muere, el otro queda libre del compromiso civil y canónico y puede volver a casarse tanto por el civil como por la Iglesia. Y por supuesto que no es pecado.

Por otro lado, debemos respetar las decisiones de los demás, aún cuando no estemos de acuerdo con ellos. Y con más razón debemos evitar los juicios duros y los chantajes cuando alguien piensa y decide distinto a nosotros. No tenemos derecho, ni siquiera cuando tengamos la razón, de acusar y condenar a nadie, sino que, por el contrario, y sólo cuando sea oportuno, debemos corregirnos fraternalmente.

Además, usted debe estar tranquila respecto a la actitud de su hermano, pues su preocupación en nada arreglará la situación. Por eso, recuerde que un cambio en la actitud y en la forma de pensar de su hermano no dependen de usted, sino sólo de él. Cuando mucho usted podrá corregirlo con caridad y podrá informarle que está en un error al pensar que su padre está en pecado, y hasta allí.

Tal vez lo que le sucede a su hermano no es que tenga rencor contra su padre y su nueva esposa, sino que no ha logrado superar la muerte de su madre. De allí que sea conveniente evitar las discusiones y fomentar la convivencia familiar. También debe dejar de presionarlo para que visite a su padre en su casa, pues eso puede empeorar la situación. En fin, trate de mantener la calma y que Dios la bendiga.

Pbro. Luis Alonso Cobácame Rodeles

yosoyluisalonso@hotmail.com

07Ene/16

¿Cómo vivir auténticos Valores en medio de tanta violencia?

Estimado padre Luis Alonso, me he dado cuenta de que la situación de violencia y la deshonestidad siguen ganando terreno.

Por ejemplo, ya ni siquiera puede uno llevar con confianza el carro al taller, ni descuidarse un poco en la calle, pues se convierte en presa de los malhechores.

Yo estoy de acuerdo con usted en que no todo es cuestión del Gobierno y que la solución está en la vivencia de los valores humanos, pero ¿Cómo podemos vivir los auténticos valores en medio de tanta violencia?

José Luis Hernández

 

Primero que nada debemos saber que sin una jerarquía adecuada de los valores, sin reconocer los valores más altos, el hombre queda en el sinsentido y en el vacío de la depresión y de la amargura, como víctima del fracaso en su vida.

Y es que si apreciamos algo, lo natural es que con nuestra voluntad lo tratemos de alcanzar. De allí que sea tan importante tener altos valores que nos  motiven para decidir qué queremos en la vida. Una adecuada jerarquía de valores es garantía de liberación, mientras que vivir con los valores volteados y sin prioridades serias en la vida, nos lleva a la esclavitud y a buscar la felicidad en las cosas, las adicciones, el alcoholismo, la violencia, o hasta a la cárcel, etc.

Por eso es de llamar la atención cómo los padres de familia se preocupan muchísimo en que los hijos tengan una buena alimentación para que crezcan sanos, como de que vayan a la escuela y obtengan las mejores calificaciones. Ellos hacen grandes sacrificios para darles a los hijos una carrera, y la obtención de un título universitario es motivo de orgullo para toda la familia. Y eso está bien.

Pero los aspectos espirituales y la formación en los más altos valores humanos muchas veces son dejados en el olvido. La vida espiritual en la familia es archivada y olvidada. De allí tanta infelicidad y mediocridad en hombres y mujeres que tienen excelentes salarios e infinidad de títulos nobiliarios. Es urgente, pues, poner en claro nuestra jerarquía de valores, para alcanzar una vida plena, que destierre antivalores como la violencia, la corrupción y la cultura de la muerte que impera.

Dios los bendiga.

Pbro. Luis Alonso Cobácame Rodeles

30Nov/15

¿Qué es el año litúrgico?

 

Padre Luis Alonso, le saludo con gusto y le agradezco todo el trabajo que hacen usted y su equipo para enseñarnos la palabra de Dios… Y le tengo una pregunta: Yo sé que todo lo que celebramos en la Iglesia es un recuerdo de lo que el Señor hizo para salvarnos, pero ¿las cosas sucedieron en ese orden que las celebramos?… En las clases de CeFyCaP nos hablaron del año litúrgico, pero la verdad no lo entendí muy bien, ¿podría decirme de qué se trata?  

MARIZA DE HURTADO

 

Estimado Mariza, lo primero que habría que señalar es que en su liturgia la Iglesia no sólo recuerda los acontecimientos del pasado, sino que hace memoria de ellos. Es decir, al celebrar algún acontecimiento de nuestra salvación, toda la gracia que se conmemora se derrama nuevamente en los que participan en la celebración. O dicho de otra manera: La liturgia es el conjunto de signos sensibles y eficaces de la santificación y del culto de la Iglesia para santificar a sus hijos.

En cuanto al surgimiento del año litúrgico, hay que entender que las fiestas cristianas han nacido paulatinamente a través de los siglos como un deseo de la Iglesia de profundizar en los diversos momentos de la vida de Cristo. Se comenzó con la fiesta del Domingo y la Pascua, luego se unió Pentecostés y, con el tiempo, otras más. Además, la Iglesia tomó de algunas fiestas paganas las formas externas y les dio un contenido nuevo, el verdadero sentido cristiano.

La primera fiesta que se celebró fue la de la Pascua como única fiesta anual. Tiempo después se decidió festejar también el nacimiento de Cristo en el solsticio de invierno, día en que numerosos pueblos paganos celebraban el renacimiento del sol. Posteriormente, para preparar la solemnidad pascual, se estableció el tiempo de cuaresma, que servía para purificarse de los pecados y acompañar a los catecúmenos que recibirían el bautismo en la vigilia del sábado santo. De forma similar nació el Adviento, que preparaba a la comunidad a la fiesta de la Navidad. Y al resto del año se le llamó Tiempo Ordinario.

Finalmente, me gustaría subrayar que cada celebración litúrgica tiene un triple significado:

  1. Conmemoración:Todo acontecimiento importante debe ser conmemorado. Por ejemplo, el aniversario del nacimiento de Cristo, su pasión y muerte, etc. 2. Presencia: Es Cristo quien se hace presente en las celebraciones litúrgicas concediendo gracias espirituales a todos aquellos que participan en ellas, de acuerdo a la finalidad última de la Iglesia que es salvar a todos los hombres de todos los tiempos, y 3. Espera: Toda celebración litúrgica es un anuncio profético de la esperanza del establecimiento del Reino de Cristo en la tierra y de llegar un día a la patria celestial.

El Año litúrgico es, pues, el desarrollo de los misterios de la vida, muerte y resurrección de Cristo y las celebraciones de los santos que nos propone la Iglesia a lo largo del año. Es un camino de fe que nos adentra y nos invita a profundizar en el misterio de la salvación.

 

Pbro. Luis Alonso Cobácame Rodeles

yosoyluisalonso@hotmail.com

20Nov/15

¿Por qué tiene que sufrir la gente buena y los malos no?

 

 Padre Cobácame, hace algunos meses que estoy muerta en vida, pues mi madre cayó gravemente enferma de cáncer y eso no me parece justo. ¿Por qué se enfermó mi madre si siempre ha sido tan buena y cumplidora con Dios? ¿Por qué tiene que sufrir la gente buena, mientras que los malos la pasan tan bien? No me resigno a ver a mi madre en esas condiciones mientras que tantos vagos y asesinos andan felices de la vida… Hay veces que pienso que Dios es muy injusto, ¿Cree que estoy mal?

Marta Romo

 

Estimada Marta, entiendo la tristeza tan grande y la desesperación tan terrible que estará viviendo en estos momentos, pero creo que es muy oportuno recordar el gran amor que el Señor tiene por cada uno de sus hijos. Y precisamente porque nos ama sabemos que él nunca es injusto con nadie, ni con los buenos ni con aquellos que obran el mal.

Y es que el amor de Dios es infinitamente más grande que nuestras acciones. Porque dígame, ¿Quién podrá llegar a ser tan bueno para merecer la vida, la capacidad de amar, de hablar, de ver y de ser feliz? ¿Quién podrá comprar con sus esfuerzos personales todas las cosas buenas que el Señor nos ha dado?

En realidad, Marta, todo lo bueno que tenemos en la vida es por pura gracia de Dios, por eso le invito a pensar en nuestra pequeñez humana. Porque tenemos que aceptar, con toda humildad, que somos frágiles y caducos. En medio de la sublime dignidad de hijos de Dios que recibimos en Jesucristo, somos frágiles y enfermamos y tendremos que morir, aunque nos parezca duro de entender y de aceptar.

Debemos aprender que la enfermedad y la muerte no dependen de nuestra bondad o de nuestra maldad, sino que son parte de nuestra condición humana. De hecho, tarde que temprano, todos, sin excepción de nadie, tendremos que enfermar y morir. Esa es la ley de la vida.

Por eso, Marta, podemos afirmar que Dios no ha sido injusto con su madre y que usted no debe angustiarse tanto. Más bien, dele gracias al Señor porque  su madre tiene la fe suficiente para vivir su enfermedad con valentía y sin quebrantos. Además, recuerde que en los momentos más difíciles de la vida es cuando Dios está más cerca, pues él padece los dolores y enfermedades de sus hijos para hacerlos participar después de la salud definitiva.

No olvidemos, pues, que el Señor Jesús vive la pasión con cada enfermo y nos invita a aprender de cada experiencia amarga. Usted puede aprender a conocerse más en su fragilidad humana y a amar incondicionalmente a Dios.

Por último, le pido al Señor que le dé la luz suficiente para entender que la vida de fe de su madre no ha sido en vano, sino que está dando frutos de amor y comprensión en usted misma y en la misericordia que está teniendo con ella. Dios la bendiga.

 

Pbro. Luis Alonso Cobácame Rodeles

Yosoyluisalonso@hotmail.com

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

12Nov/15

  ¿Por qué la Iglesia pone tantas trabas para que uno sea católico?

Respetable padre Cobácame, he leído sus comentarios en esta sección y me parecen muy interesantes, pero también muy provocativos. Al menos a mí me provocan ya que no me parece correcto que la Iglesia ponga tantos requisitos… Yo creía que la Iglesia estaba abierta para recibir a todos en el momento que fuera, pero resulta que no es así, pues las famosas pláticas para ser padrino no son otra cosa que un filtro para seleccionar a las personas… Con decirle que no he podido bautizar a mi hija, pues los padrinos que elegí no asistirán a las pláticas pues dicen que no le encuentran sentido. Creo que son demasiadas las trabas que están poniendo para que uno sea católico… Dicen que usted es muy flexible en esas cosas, por eso se lo digo llana y directamente: ¿Me aceptaría para bautizar a mi niña en su Iglesia? ¿O también me exigirá las pláticas? ¿Usted es diferente a los demás padres, verdad?

Jesús Ernesto

 

Estimado Jesús Ernesto, yo estoy de acuerdo con usted en algunas cosas. Por ejemplo, yo soy de los que piensan que la vida de fe no debe complicarse con requisitos inútiles y excesivas vueltas y reuniones. Por el contrario, creo en la simplicidad y en la sencillez a la hora de vivir nuestra relación con Dios y con la Iglesia.

Sin embargo, no estoy de acuerdo en que veamos nuestra vida cristiana y nuestro crecimiento en la fe como asunto secundario que no requiere el tiempo o el interés que prestamos a otros asuntos de nuestra vida personal o social.

En realidad, cada vez me convenzo más de la necesidad de conocer y estudiar a fondo las verdades de nuestra fe, y de la urgencia de integrarnos a una comunidad que respire los mismos ideales y los mismos valores evangélicos que profesamos.

Mucho daño nos ha hecho el que reduzcamos la vida cristiana a los cumplimientos externos y a la asistencia esporádica a ciertas celebraciones sociales de interés social. Y de esto todo somos responsable: Los Pastores, los padres de familia y los cristianos en general, que somos apáticos ante todo aquello que exija un compromiso serio.

Por eso, no dude, Jesús  Ernesto, en hacer la prueba de integrarse a su comunidad parroquial. Y si después de escuchar profundamente la Palabra de Dios y de participar activamente, con sencillez y simplicidad, en la liturgia y las obras de caridad y promoción humana de la Iglesia; y si después de vivir un encuentro personal con el Señor y con su amor incondicional por usted y su familia, sigue pensando que la Iglesia le pone condiciones, lo estaré esperando, incondicionalmente, para bautizar a su hija en mi Parroquia. Estoy para servirle. Que Dios lo bendiga.

Padre Luis Alonso Cobácame R.

 

27Oct/15

¿Condena la Iglesia el dinero, el bienestar y la vida confortable y cómoda?

Padre Luis Alonso, he escuchado tantas veces en los sermones de los sacerdotes que lo más importante es ser feliz y amar a Dios, dejando a un lado todas las cosas que nos estorben para ello, que comienzo a sentirme algo incómodo…

Lo que pasa es que me ha ido muy bien en mi trabajo y en mis entradas de dinero y ya he podido comprar una buena casa y un buen carro, y vivo con las suficientes comodidades como para no quejarme de la vida…

Por supuesto que siempre le doy gracias a Dios por todo lo que me ha dado, pero me queda la duda ¿Condena la Iglesia el progreso material que hace la vida más agradable, más confortable? ¿Condena la Iglesia el bienestar?

 

Eduardo Morales

 

Estimado Eduardo, no hay nada de malo en tener una vida económicamente tranquila, ni en poseer bienes materiales, ni en gozar de las riquezas ganadas con el trabajo y con el ahorro. No es malo desear una vida mejor, pero es necesario saber definir qué es lo mejor.

Mira, existen estilos de vida basados casi exclusivamente en tener más, en sentir el placer máximo. Pero el tener y el placer deben estar siempre orientados por una finalidad mayor: Ser más, amar más a todas las personas, ayudar a los más necesitados.

El dinero, la buena ropa, la tecnología, las diversiones, todo debe servir al ser humano y nunca debe disminuirlo. Porque el ser humano, para realizarse íntegramente, necesita ante todo vivir un amor responsable, debe sentirse constructor de un mundo más justo, debe dar la vida por el bien y la verdad.

Pero el fenómeno del consumismo sustituye el valor de la solidaridad y del amor por el de comprar y de tener. Y se crea de este modo una mentalidad en la que todo tiene su precio y en la que todo tiene que ir exactamente de acuerdo con el gusto del “cliente”: La comida, la ropa, la moral, la vida, la Iglesia y hasta Dios mismo. Todo debe sujetarse a los gustos de la persona y si no, no sirve.

Esta mentalidad dominadora es perjudicial no sólo para los bolsillos, sino para la salud afectiva, social y espiritual del ser humano. Una persona madura sabe bien que debe usar de manera responsable su dinero y sabe que habrá momentos en  los que tendrá que renunciar a la comodidad, e incluso momentos de pequeños o grandes sacrificios, realizados en nombre de un ideal más elevado.

Por eso, es necesario dejarse guiar por una imagen integral del hombre, que respete todas las dimensiones de su ser y sublime las necesidades materiales e instintivas a las interiores y espirituales. Y en función de esa jerarquía de necesidades una persona podrá renunciar a alguna comodidad y placer para aceptar la voluntad de Dios. Que el Señor te bendiga.

Pbro. Luis Alonso Cobácame Rodeles

yosoyluisalonso@hotmail.com

05Oct/15

¿Por qué las mujeres no pueden ser sacerdotes, cardenales o papas?

Respetable padre, siempre he tenido esta duda, pero últimamente me ha carcomido la curiosidad de saber, ¿por qué las mujeres no pueden ser sacerdotes, cardenales o papas?

 Esto lo pregunto a raíz de que asistí a una conferencia magistral, donde se habló de los derechos de las mujeres y del rechazo social de que somos objeto… Fue entonces cuando comencé a pensar que también la Iglesia tiene actitudes machistas, y déjeme decirle que eso es una gran injusticia y una verdadera discriminación. ¿Qué piensa de esto?

Alma Bueno

 

Estimada Alma, no sufra usted de oquis, pues que las mujeres no sean sacerdotes o cardenales no es ninguna discriminación ni mucho menos una injusticia, simplemente no es necesario. Y déjeme explicarle el porqué.

En la Iglesia, todos, hombres y mujeres, son llamados a su realización humana y a la santidad, y esto constituye la igualdad que más importa. Esto significa que para Dios una persona vale por su amor y no por el sexo al que pertenezca o a la función que desempeñe.

Así, un hombre santo es un hombre pleno y una mujer santa es una mujer plena.  La feminidad y la masculinidad alcanzan su máxima expresión en la santidad. De ese modo se va manifestando la felicidad y la realización que Dios quiere para los seres humanos.

Por otro lado, cuando Cristo estableció una jerarquía en la Iglesia, escogió doce hombres, es cierto. Pero tenemos que recordar que no excluyó a las mujeres de la tarea de anunciar la fe.

Además, tal como afirma el ahora santo, Papa Juan Pablo II, en su carta Mulieris Dignitatem, el hecho de que Cristo –por elección libre y soberana, claramente atestiguada en el evangelio y en la constante tradición eclesial- confiara solamente a los hombres la tarea de ser ‘icono’ de su imagen de ‘pastor’ y ‘esposo’ de la Iglesia por el ejercicio del sacerdocio ministerial, no disminuye para nada el papel de la mujer, como ocurre con los otros miembros de la Iglesia no investidos del sagrado ministerio.

Las mujeres no necesitan recibir una autoridad explícita porque, en verdad, Dios ya las autorizó a tener dentro de la Iglesia una misión especial. Además, tal como se lee en el Nuevo Testamento, “ya no hay judío ni griego, no hay siervo ni libre, no hay hombre ni mujer, pues todos ustedes son uno solo en Cristo” (Gálatas 3, 28).

En fin, bastaría recordar que fue y es una mujer, María, la persona más santa y realizada que existió y existirá. Ella es el vértice de la salvación y está indisolublemente ligada a esta obra, pues es la madre del Redentor. Ella es la primera redimida y la expresión más clara del futuro glorioso que nos espera.

Como ve, Alma, la verdadera dignidad y la profunda igualdad consisten en ser una mujer santa y realizada, o un hombre santo y realizado, y no en ser sacerdote, cardenal o Papa.

Pbro. Luis Alonso Cobácame Rodeles.
yosoyluisalonso@hotmail.com